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Guillermo Arriaga, el cazador escritor: “Hay cine mexicano de calidad; faltan críticos”

Dominical •

"Lo único que nos queda es tratar de contar una historia lo mejor posible, no hay receta. Si hubiera, las cosas serían distintas para todos: los periodistas, los pintores, los escritores".

• Guillermo Arriaga (Ciudad de México, 1958) es director de cine, profesor y tuitero, pero prefiere que se dirijan a él como “cazador y escritor”, en ese orden. Caza para “entender el misterioso proceso de la muerte” y escribe porque “la materia humana no se acaba”. En conversación con MILENIO Dominical reivindica ambos rituales, perfila su nuevo proyecto fílmico, abjura de recetas literarias, desdeña a los críticos y asegura: “Hay cine mexicano, de calidad: ¿qué importa si es nuevo o viejo?”.

El autor del “libro cinematográfico” de Amores perros asegura que su obra parte más de un asunto de identidad, de defensa y difusión de la cultura mexicana, que de un discurso generacional; reconoce influencia de William Faulkner y Juan Rulfo antes que de Quentin Tarantino, su brother, o de Milan Kundera. Y salta con dos temas: su afición al Atlante, puesta en duda de forma accidental, y el rechazo absoluto al uso de la palabra “guión”, que considera “peyorativa y despectiva”, para referirse al libro cinematográfico.

Antes que nada, ¿cómo hay que dirigirse a ti? ¿Director de cine, guionista, escritor, cazador, profesor, tuitero, todas las anteriores?

Cazador, si hay que elegir. Aunque antes hijo, padre, esposo, hermano, amigo. Pero sí, cazador y escritor.

Se pensaría un paso “natural” ir de guionista a director. ¿Qué tan natural es el paso de cineasta a cazador o viceversa?

Es viceversa. Antes que todo fui cazador. Si has visto en Twitter, tengo detractores. Hay gente que dice: “Deberían matarte, hijo de tu puta madre”, y yo me pregunto: “¿Pues no que están contra la muerte?”. Es irresponsable hablar así, más aún en las redes sociales.

¿Cómo se acerca el trabajo cinematográfico al de la cacería, en tu caso, con arco y flecha?

La cacería no la entiende la mayoría, este es un mundo alienado. La gente va en carro de la universidad a su casa o a su trabajo, o en Metro, sin idea de la naturaleza, que no es inocente, no está carente de malicia y de crueldad, es dura. No puedes amar la naturaleza si no es de forma completa, sin contradicciones. La cacería te acerca como un rito profundo a misterios difíciles de acceder de otra forma. Al entender el proceso de la muerte tiendes a ser menos violento, sabes lo que causan tus actos, entiendes tu lugar ahí y que eres parte de la cadena ecológica. He llevado detractores a cazar y se transforman, gente con pasión que se da cuenta y no lo imaginaba. Es difícil, pero si entiendes la naturaleza, entiendes al ser humano.

¿En qué estás ahora, Guillermo?

Produciendo Hablar con dioses, una película sobre los temas de los que te prohibían hablar cuando eras niño. Ni religión ni sexo ni política ni vicios o sustancias. La película está formada por 10 cortometrajes de directores de prestigio. Comenzamos en agosto del año pasado con Emir Kusturica (serbio), Hideo Nakata (japonés), Bahman Ghobadi (iraní, autor de Las tortugas pueden volar), Álex de la lglesia (español) y Mira Nair (india). Ya son ocho cortos de ficción de 12 o 14 minutos. El mío se filmó en Coatzacoalcos, Veracruz, y actúan Demián Bichir, Emilio Echevarría y Jorge Jiménez.

Acabo en enero, pero me falta firmar al músico (que es una leyenda del rock, pero no quiere que se revele, porque aún no firman el contrato). Como puedes ver, la lista de directores es como la selección mundial. Después sigue el tema del sexo, que incluye pedofilia, aborto, trata de personas, monogamia, fetichismo, orgasmos, infidelidad, negocios, amor… y en política se tocarán elecciones, democracia, terrorismo, seguridad, siempre con directores respetados.

Escribes para “festejar los hondos dolores de la vida”, como un ritual. ¿Crees que ya todos los temas están escritos y solo cambia la forma de tratarlos? Porque los dolores de la vida están en los griegos, en Virgilio, en Dante, en Shakespeare…

Faulkner decía que solo hay cuatro temas: amor, odio, muerte y poder. Es difícil salir de esos temas. Somos seres mutantes, los mismos temas bajo distintas perspectivas. Por ejemplo, entender al ser humano del siglo XXI o cómo es el poder de alguien que vive en la naturaleza y la ciudad, qué transforma a un campesino en un sicario, a un tipo que es hijo de un

revolucionario aguerrido en un tipo blando y débil en la actualidad. Son cosas que no se acaban. La materia humana no se acaba.

De Amores perros llaman la atención la estructura de la trama, que remite a Quentin Tarantino y a Milan Kundera, y el lenguaje chilango, que muchos con poco roce con la Ciudad de México no entienden. ¿De dónde parte, cómo surge tu decisión de armar ese cruce de historias?

Surge de varias cosas. Una, tengo déficit de atención. Mi mente no es muy organizada ni estructurada. Segunda, tuve un accidente de carretera y me obsesioné con qué había pasado antes, durante y después; tercera, Faulkner y Juan Rulfo. La estructura de Amores perros es muy semejante a la estructura de El sonido y la furia, de Faulkner, mucho más que a Tarantino. Quentin y yo nos hicimos amigos después del festival de Venecia y le dije: “Tengo que confesarte que no había visto tus películas cuando escribí Amores perros”. Recuerdo que para molestarlo le decían Mexican Tarantino, y le comentaba: “Sí, cómo no, Perros de reserva es el Amores perros gringo”.

Y optaste por el lenguaje chilango…

Es el lenguaje que conozco (creció en la Unidad Modelo, de la delegación Iztapalapa, y ahora vive por el rumbo de Las Águilas, al sur de la capital). Pero hice un truco. La traducción viene en el diálogo. Yo supe que así tenía que ser, porque estaba seguro que la película iba a viajar y gente de otros países no la iba a entender. Por ejemplo: “Nel, hijo, pues préstame una lana”. “No, no te voy a prestar dinero”. Ya la traducción está implícita. “Está chido”. “Ah, entonces te parece bien”. Traducción simultánea.

Cruce de historias al que recurres también en 21 gramos y en Los tres entierros de Melquiades Estrada. ¿Hay recetas para el cine, para la literatura?

Lo único que nos queda es tratar de contar una historia lo mejor posible, no hay receta. Si hubiera, las cosas serían distintas para todos: para los periodistas, los pintores, los escritores. No hay voluntad en el arte, en el sentido de que no puedes decir voluntariamente: “Voy a escribir una obra maestra”, o “voy a escribir una película para ganar un Oscar, o para Cannes”. ¿Cómo se hace eso? Está cabrón. No se puede. No puedes decir: “Quiero hacer un best-seller".

Hablando de premios, a la luz de 10 años, ¿qué tan justo fue que te ganara El tigre y el dragón?

Perdimos el Oscar con un rival digno. Fuimos a perder con una película innovadora en su época, con sus coreografías, bien filmada, que representa la cultura china. Lo que nos dijo Ang Lee es que no entendía por qué nos ganó. Ambas merecían el premio.

Se dice que el Cine de Oro mexicano se debe a que el resto de los países no filmaba por la Guerra Mundial. ¿Hay un nuevo cine mexicano? ¿Lo hubo en los noventa? ¿Qué tan lejos está un Oscar para un mexicano?

Estamos a nada, a nada, a nada. Ya lo ganó Eugenio Caballero en dirección de arte, que no es menor, ya estamos ahí. Y ya olvídate si es nuevo o viejo, ¡hay cine mexicano! Estuvo a punto de no haberlo. En 1995 hubo solo siete películas. Era la catástrofe. Hay cine mexicano, saludable, de calidad: si es nuevo o viejo, qué importa. Mejor hay que decir: hay cine mexicano de calidad, y eso está demostrado en las nominaciones al Oscar, en festivales, no hay uno en que no ganemos algo, desde los del Centro de Capacitación Cinematográfica hasta los de más experiencia, siempre hay alguien dando la batalla.

¿Eres parte de una generación? ¿Carrera, Del Toro, Cuarón, González Iñárritu? ¿O eres parte de una generación más a partir de un discurso cinematográfico específico, como los surrealistas?

Yo siento que soy parte de este país, y este país es el que genera una cultura de la cual abrevamos muchos. No creo que sea generacional, la cultura ha alimentado lo suficiente a todo un núcleo que ya rebasa lo generacional y es transgeneracional.

¿Es más bien como un asunto de identidad?

Claro, soy un mexicano que abreva de la cultura mexicana. Casi todo mi trabajo, con excepción de 21 gramos, se desarrolla en México de alguna manera u otra, todo.

¿Qué hay con los críticos? ¿Te los desayunas (como Fuentes), los lees, te valen? En los textos periodísticos son reporteros los que opinan, pero sí hay crítica especializada…

No hay críticos. Bueno, muy pocos que tú digas: “Puta, este crítico está cabrón”. Creo que no leen, son muy pocos los leídos. García Tsao quizá sea uno de ellos, Rafael Aviña, Carlos Bonfil, pero la gran mayoría…

¿No los lees?

No. Y los críticos literarios están peor. Creen que son importantísimos y realmente no hay críticos en el sentido de los altos vuelos de Maurice Blanchot. Un crítico es alguien que te hace ver algo de tu obra que no sabías tú mismo. Hay quien me dice: “Ay, está muy pinche tu película”… ¿Eso qué? Si alguien te hace ver los errores de tu obra y te permite reconstruir tu próxima obra a partir de esos errores, ese es un crítico de a de veras. Se necesita mucha inteligencia para eso.

No es la cacería, la docencia ni la tuiteada lo que te pone en los reflectores. eres un personaje reconocido en el mundo, tus obras se traducen, te publica el New York Times en exclusiva y figuras entre los 300 líderes más influyentes de México. ¿Qué sigue, Guillermo?

Seguir chambeando, ¿qué otra queda? Tengo una posición extraordinariamente privilegiada y me siento representante de esta sociedad. Ya lo he dicho: hay que devolverle a este país algo y trata uno de hacerlo dando clases, con mi trabajo, con ayudar a la gente. A veces te ves rebasado. A veces sí leía cosas que te muestran, pero ya no hay tiempo. Mis padres me enseñaron que de lo que se trata es de dejar el mundo mejor de cómo lo recibiste.

Finalmente, preguntas rápidas de doble opción o declinación:

¿Tarantino o Cronenberg?

Pues Tarantino es mi brother.

¿Fuentes o Paz?

No seas gacho, los dos.

¿Casablanca o El ciudadano Kane?

El ciudadano Kane. Y mira que soy un romántico.

¿Megan Fox o Angelina Jolie?

Mi mujer.

¿Chivas o América?

Cabrón, la respuesta es obvia: Atlante.

¿De Niro o Pacino?

Los dos, pero en su época, porque ahorita...

¿Dalí o Buñuel?

Los dos.

Como palabra, ¿película o filme?

Película, ¿no?

¿Guión o novela?

Novela. Yo diría literatura, porque considero que la palabra guión es peyorativa, significa ser una guía. Guión es despectivo y esto es una obra literaria. Antes era libro cinematográfico, en Estados Unidos es screenplay, es decir, obra para la pantalla. Yo he peleado por quitar esa palabra, y todo mundo se hace bolas. Mis talleres son de escritura cinematográfica. Víctor Hugo Rascón Banda quitó la palabra guión de toda la documentación y papelería de la SOGEM por mi iniciativa. Hay que dignificar la palabra.

Sobre la última pregunta, “¿Gael García o Diego Luna?”, Arriaga guarda silencio. ¿Pasas?, pregunta el reportero. Y sigue el silencio. Puro silencio.