Los divorcios de Jack White
Con una ardua labor musical que lleva más de tres lustros y una prolija actividad discográfica, el ex White Stripes ha hecho apenas su primer disco como solista… pero vaya disco.
México • El divorcio, el rompimiento, la separación de una pareja ha sido tema de novelas, filmes y series de televisión, pero pocas veces ha sido el leit motiv, el tema central de un disco.
Canciones que hablen sobre las rupturas amorosas hay muchas (desde “50 Ways to Leave Your Lover” de Paul Simon y “The Thrill is Gone” de B.B. King hasta “Hit the Road Jack” de Ray Charles”, “I Will Survive” de Gloria Gaynor” o de plano “Divorce Song” de Liz Phair, para no hablar de miles de boleros, canciones rancheras, etcétera), pero álbumes cuyo concepto central sea el divorcio sólo recuerdo esa maravilla que es el Blood on the Tracks de Bob Dylan (1975), el Get Behind Me Satan de los White Stripes (2005) y, ahora, el estupendo Blunderbuss de Jack White.
Luego de su afortunada irrupción en el mundo de la música con su dueto The White Stripes, en 1999, al lado de su ¿hermana? ¿esposa? Meg White, John Anthony Gillis (verdadero nombre de este compositor, productor, arreglista, guitarrista, baterista y cantante nacido en Detroit en 1975) ha evolucionado de manera asombrosa y ha sido parte fundamental de bandas tan buenas como The Raconteurs y The Dead Weather, además de participar en diversos proyectos musicales (ha colaborado entre otros con Jeff Beck, los Rolling Stones, Bob Dylan, Loretta Lynn, Holly Golightly, Alicia Keys, Eletric Six y hasta (¡gulp!) Insane Clown Posse y cinematográficos (como el estupendo documental de 2008 It Might Get Loud de Davis Guggenheim, al lado de Jimmy Page y The Edge) y hasta fundó su propia disquera (Third Man Records), con la cual ha dado la oportunidad de grabar a varios artistas jóvenes y en la que apareció, lógicamente, Blunderbuss.
Con este currículum, cualquiera podría pensar que Jack White es un tipo afortunado y feliz. Sin embargo, en la vida sentimental no le ha ido del todo bien. Atención: no es que quiera caer en la temática de las revistas rosas o amarillas, es sólo que White muchas veces refleja sus problemas sentimentales en sus canciones y en el caso de sus dos divorcios (sin contar el divorcio artístico con Meg White al disolver a los White Stripes en 2008), estos se encuentran más que presentes en los álbumes ya señalados líneas atrás: Get Behind Me Satan de los Stripes y el flamante disco solista Blunderbuss.
Aunque la música de White, muy influida por el blues y el country primigenios —y más que nada por la figura de Bob Dylan—, siempre ha sido oscura, densa, al mismo tiempo ruda y tierna, también esconde un sentido del humor bastante peculiar (tan peculiar es dicho humor que en 2007, los White Stripes dieron el concierto más corto de la historia, al presentarse en el Newfoundland de St. John, en Canadá, para tocar una sola nota y despedirse de público). Esta rudeza y esta ternura están muy presentes en el disco, casi de una manera dialéctica.
Blunderbuss arranca con la sensacional “Missing Pieces”, una especie de prog-blues en que el músico canta entre irónico y angustiado cosas como “Cuando algunos te dicen que no pueden vivir sin ti, no te están mintiendo / ellos tomarán partes de ti y se irán lejos”.
“Sixteen Saltines” es una dura manifestación del infierno de los celos, un rock punk seco y casi metálico que con una voz exasperada clama: “¿Quién está celoso, quién está celoso de quién? / Si me encuentro ocupado, no puedo estarte cuidando / Pero cuando estoy sin quehacer / sólo pienso que en ese momento un tipo puede estar contigo, tocándote”.
El autoescarnio y el tormento autoinfligido prosiguen en la densidad de “Freedom at 21”, con un riff y un juego de guitarras escalofriante y una letra en la que se queja de la crueldad femenina y se roza con la misoginia: “Corta las plantas de mis pies / Me hace caminar sobre sal / Me lleva con la policía / y me acusa de atacarla / Una sonrisa en su rostro / Ella hace lo que quiere conmigo / No le importa qué clase de heridas me inflige / Porque goza de libertad en el siglo 21”.
Si las palabras de White son para deprimir a cualquiera, su música se mantiene afilada y punzocortante, incluso en una pieza acústica como “Love Interruption” en la que se hace acompañar… ¡por la voz de quien era su esposa! Así, Jack y su flamante ex, la cantante Karen Elson, interpretan juntos líneas como “Quiero amor para enredarme lentamente / enterrarme un cuchillo / y removerlo dentro de mí / Quiero amor para tomar mis dedos suavemente / ponerlos en una puerta y aplastarlos al cerrarla… / No dejaré que el amor me perturbe / me corrompa o me interrumpa”. Si querían una canción contra el amor, ahí la tienen.
Trece —of all numbers— son las canciones que conforman a Blunderbuss y cada una tiene lo suyo. Las instrumentaciones son ricas y lo mismo incluyen un repentino clarinete que un suave violín o un slide.
Admirador desde la adolescencia de blueseros como Son House y Blind Willie McTell, el espíritu de la música negra campea también en el álbum y en varios de los temas de este trabajo inquietante, huraño, pero terriblemente brillante. Un disco imperdible.








