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Respirando mugre

El Ángel Exterminador •

Los gastos y problemas de salud derivados de la contaminación no son prioridad en los gobiernos ni alcanzan el rubro de promesa de campaña. Como laboratorio humano, encargado de comprobar lo sucio del aire, refrendé lo anterior.

México • Cuando me propusieron portar unos monitores para medir la contaminación a la que estaba expuesto en mi rutina diaria, no lo pensé dos veces. En el momento de la llamada cargaba a mi bebé de 15 meses y lo escuchaba toser sin parar, pese a llevar una alimentación sana y abundante. “Comes como si pusieras para el gasto”, algún día le reclamaron con humor sus abuelos sinaloenses.

Pero al vivir en una zona rodeada de avenidas con tráfico habitual, como es la colonia Cuauhtémoc en el Distrito Federal, supuse que la pésima calidad del aire podría estar relacionada con la mala salud de muchas familias -incluida la mía-, que son clientes frecuentes de enfermedades respiratorias crónicas.

Por desgracia para la salud pública, la contaminación sigue siendo algo intangible y solemos ignorarla al grado absurdo de aprender a vivir con ella sin chistar. Y si los mismos ciudadanos soslayamos lo respirado, pues a los gobiernos de cada localidad mucho menos les importa crear políticas públicas destinadas a sanear el aire. Si los monstruos que respiramos se vieran, seguro la prevención sería más activa.

Por otro lado, y aunque es la culpable de más de 80 por ciento de los contaminantes que circulan en la atmósfera, la pujante industria automotriz prácticamente sale inmune, a diferencia de la industria tabacalera, que ha tenido que pagar en costos, los daños que provoca a la salud de la población.

En ese sentido, nadie se hace responsable de los más de 14 mil 700 ciudadanos que, a decir de la Organización Mundial de la Salud, tan solo en el 2010 murieron de manera prematura en México, debido a las sustancias que circulan en la atmósfera. Si se contabilizaran los muertos por polución seguro la cifra resultaría más escandalosa que la de los caídos en la llamada “guerra contra el crimen” que a tantos que se dicen luchadores sociales indigna. Es preferible soslayar que se gaste 4.4 por ciento del producto interno bruto (algo así como 520 mil 300 millones de pesos) en atender los costos ambientales derivados de la contaminación atmosférica, según datos del reporte 2011 del INEGI.

Hacerle al mythbuster

Andar por la vida con tres monitores, dos de ellos conectados a sendas mangueras y sus respectivos filtros, convierten al portador en un bicho raro que necesariamente llama la atención. Al verme, la gente tenía diversas reacciones, aunque la más común era la de prodigarme miradas misericordiosas pensando que cargaba mi kit de diálisis o algún aparato obligado por alguna afectación cardiaca. Cuando contaba con la oportunidad de aclararles que formaba parte de un estudio de exposición personal para identificar los niveles de concentración de contaminantes, me refrendaban la misma actitud compasiva y lastimera.

En la rutina de cualquiera que deba circular por el centro de la ciudad, aparecen cientos de sustancias de diversas fragancias, malignas o no: olor a tacos de cabeza mañaneros; solvente del consumo personal de un nini de la calle; aroma de agua estancada del más reciente aguacero; smog del transporte público. Al tomar conciencia de tanto olor citadino, uno entiende la actitud de la doña María Félix cuando reclamó: “El Centro Histórico huele a miados”. Lo malo es que no todos nos podemos ir a vivir a París (aunque allá el aroma callejero es peor, sobre todo en invierno).

En la semana durante la cual un par de días porté los monitores que pertenecen al Instituto Nacional de Ecología (INE), entendí también que pese a trabajar junto a las oeneges Bicitekas A C, el Poder del Consumidor, Red por los Derechos de la Infancia en México, Ética ambiental AC, el instituto tiene diferentes conceptos de la lucha. Mientras los ambientalistas exigen no solo la actualización de las normas y pretenden se instaure la propuesta por la OMS, los empleados de la Semarnap consideran que, por sus mismas características, la Ciudad de México no puede circunscribirse en una norma global sino que requiere una propia que atienda todos los intereses involucrados. Los dos bandos, eso sí, consideran que la Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) está faltando a sus propios ordenamientos de revisar la norma cada quinquenio, pues desde el 2005 no lo hace. Y esa misma laxitud permite el rebase de tope de contaminantes la mayor parte del año.

Datos negros

Con variedad de fuentes, que van de la OMS al INEGI, las cifras de la polución en el país y su capital, obligan a la acción o cuando menos a la reflexión:

- Más de 14 mil 700 muertos al año.

- 32 mil millones de vehículos automotores, entre ligeros y pesados, causantes inmunes del 80 por ciento de los decesos.

- 46.5 millones de toneladas de contaminantes producidos en la Zona Metropolitana del valle de México (ZMVM).

- En la ZMVM 241 días con mala calidad del aire durante el 2011.

- Las tres grandes capitales del país, Monterrey, Guadalajara y Distrito Federal, con rebases alarmantes de días contaminados.

- Recursos otorgados a Pemex para reducir el azufre en el Diesel desde el 2006 sin ejercer.