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Me iré al infierno por la soberbia: Fernando Vallejo

Cultura •

El polémico escritor habla de Rufino José Cuervo, personaje colombiano del que hizo una hagiografía y con el que afirma sentirse muy identificado.

México • Desde hace algunos años el escritor colombiano Fernando Vallejo venía hablando sobre Rufino José Cuervo, pero su versión sobre el personaje no acababa de concretarse, quizá convencido de la importancia de cuidar hasta el último detalle el acercamiento a un ser por el que siempre ha manifestado una gran admiración.

El cuervo blanco (Alfaguara, 2012) es el resultado de su esfuerzo por recuperar a un personaje nacido en Bogotá, Colombia, 19 de septiembre de 1844, quien falleció en París en julio de 1911. Fue un filólogo, humanista y erudito colombiano que se propuso escribir el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, y que fue un hombre que se encontró a sí mismo fuera de Colombia. Ahora ha sido convertido en protagonista de un volumen que también permite conocer a un “hombre generoso, puro y de alma grande”, como lo define Vallejo.

Había adelantado su interés por el personaje, pero ¿qué lo llevó a escribir sobre él?

Más que escribir sobre él, saber de él. Y ahora que después de una vida buscándolo, y cuando he llegado a saber todo lo que se podía saber de él o casi, me doy cuenta de que el personaje que encontré era el personaje que buscaba.

Dentro de todos los personajes que pueblan su obra, Rufino José Cuervo no parece tener manchadas las manos, sino que es un “hombre puro, generoso”…

Sí, así es, un hombre puro, generoso, de alma grande, el mejor de los colombianos.

Es una obra en la que se nota la admiración: no quiso escapar de la hagiografía del personaje con el libro…

Exacto. Mi libro no es una simple biografía sino una hagiografía o vida de santo. De suerte que yo, que escribí las vidas de los poetas Porfirio Barba Jacob y José Asunción Silva (pecadores del común), y que hasta el momento era tan sólo un simple biógrafo, he ascendido a la categoría de hagiógrafo. Y no uno cualquiera, no: hagiógrafo canonizador, de los que soy el primero. Entre beatos y santos Wojtyla habrá llevado cuatro mil a los altares, y yo solo a éste; pero un santo mío vale por los cuatro mil de ese polaco dañino. Récenle a cualquiera de los suyos o a todos juntos, y nada lograrán. Récenle al mío, a san Rufino, y van a ver. Y lo garantizo ante notario. Esto no es aquí como las Farmacias Similares de los González Torres, donde venden placebos. No. Eficacia garantizada.

¿Cómo definiría sus aportaciones al estudio de la lengua castellana?

¿Las de Cuervo? Las más grandes de todos los tiempos. En su época fue el más grande filólogo de este idioma, y hoy sigue siéndolo. Y el más original de sus gramáticos: escribió una gramática en forma de diccionario, su monumental Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, tan imponente como la Basílica de San Pedro, aunque, ay, como ésta, igualmente inútil. Las obras de arte son así. Y el diccionario de mi paisano es lo que era. Ciencia vuelta delirio del alma. Y perdón por el pleonasmo porque la única que puede delirar es el alma humana. Los lobos aúllan.

El personaje le resultaba deslumbrante tanto por su labor como por su personalidad, por “su riqueza del alma”, como dijo hace unos días…

Sí. Y porque se privó de toda relación carnal, en lo que coincide conmigo y mi forma de vida ascética, pues yo me iré al infierno, sí, seguro, pero no por la lujuria: por la soberbia, por la desmesura de lo que he querido entender. Y, fíjese, no he logrado entender nada: ni la gravedad, ni la luz, ni por qué las neuronas del cerebro producen el alma, ni por qué el hombre, el rey de la creación, este bípedo alzado, es tan dañino y tan malo.

IDENTIFICADO CON CUERVO

¿Falta reconocer la labor de Cuervo, hombre insólito?

No. Lo saqué por unos días del olvido y a él volverá. El bípedo que te digo es olvidadizo, novelero, voluble, cambiante. Es un simio mentiroso y maromero aquejado del mal de Alzheimer.

¿Qué tan identificado se siente usted mismo con el personaje?

En todo. En mi amor por este idioma, en mi rechazo al contacto físico, en no haber ocupado puestos públicos, en no pedir prestado, ¡qué sé yo! A mí también me van a canonizar. Por lo pronto, la otra noche en Buenos Aires, en el Festival Internacional de Literatura de esa ciudad, levité 25 centímetros. Poco, pero ya es algo.

Con todos sus sentimientos hacia el país en el que nació, de alguna manera éste aparece en sus libros.

En todos mis libros está Colombia. Y en mi vida toda. Todavía, y después de miles de páginas y de tanta diatriba, no me acaba de pagar las que me ha hecho. Paso a paso se las voy cobrando.

¿Qué le gustaría pedirle a san Rufino José Cuervo?

Que se muera el Papa, y que no vuelva a haber ni uno más.

¿En qué trabaja en la actualidad?

En estos instantes, tras la última respuesta que te he dado, amigo Alejo, empiezo mi próximo libro que se titula El desastre, y que no será novela, ni autobiografía, ni memorias, ni ensayo, ni blog, ni diario sino todo eso junto, tratando de todo y en última instancia de nada. Un coctel Molotov.