El brillante golpe de 170 segundos
Calificado del robo más grande de la historia en Amberes, "la capital mundial de los diamantes", el hurto sucedió en el aeropuerto de Zaventem, de donde un comando sustrajo más de 300 millones de euros en esas joyas.
Bruselas • Fue el crimen perfecto. Por su limpieza, el asalto millonario del lunes 18 de febrero llevado a cabo en el aeropuerto internacional Zaventem, en Bélgica, bien pudo haber sido planeado por el fallecido John Seybold, aquel escurridizo ladrón de joyas estadunidense que publicó en 1975, bajo el pseudónimo de Frank Hohimer, un libro con sus confesiones como perfeccionista atracador profesional y cuya historia inspiró la magnífica y casi desconocida película Ladrón (Thief, 1981) de Michael Mann.
Igual que Seybold, los autores del ahora conocido como el robo más grande de la historia en Amberes, "capital mundial de los diamantes", tuvieron la exactitud de un comando perfectamente bien entrenado: entraron velozmente, sustrajeron su botín sin detonar un solo disparo y escaparon sin dejar evidencia alguna más que la expuesta falta de seguridad de uno de los aeropuertos que se supone más vigilados del mundo, por ser posible blanco de ataques terroristas, y a través del cual circulan cientos de millones de dólares en diamantes diariamente.
Lunes 18 de febrero. En los hangares del aeropuerto de Zaventem, minutos antes de las 20:00 horas. El sexto y último vuelo del día entre esta capital y Zúrich, Suiza, de la línea aérea Swiss LX789, operado por la compañía Helvetic Airways, es preparado para su salida programada para las 20:05 horas. Dentro del avión, los pasajeros terminan de ajustar sus pertenencias y reciben las últimas instrucciones de la tripulación de cabina. Afuera, en el hangar, los operadores de equipaje concluyen la carga del avión. Ahí mismo, el piloto y el copiloto finalizan, además, una inspección visual de la aeronave.
En ese momento, una pesada camioneta blindada y una segunda minivan de custodia, ambas de color blanco y azul con logotipos de la empresa Brink's Diamond & Jewelry, hace su arribo al hangar donde se mantiene estacionado el avión tipo Fokker 100 de Helvetic Airways. En el interior de la camioneta hay una valiosa carga: 120 paquetes con diamantes en bruto y pulidos, además de algunos otros objetos de valor que tienen como destino la ciudad de Zúrich, punto desde donde serán distribuidos a otros destinos en diferentes partes del mundo.
El personal de Brink's comienza el descenso de la valiosa carga de la camioneta blindada entre las sombras y sin que los pasajeros se percaten del movimiento. Uno a uno, los 120 paquetes son depositados con cuidado en el compartimiento de carga del avión sin que, aparentemente, nada esté fuera de lo programado. La salida del vuelo LX789, que tomará una hora y 10 minutos a su destino, está próxima.
La presencia de la suntuosa carga no es casualidad. A exactamente 42 kilómetros del aeropuerto de Zaventem, la principal terminal aérea del país, se encuentra la que es conocida como “la capital mundial de los diamantes”, la ciudad de Amberes. En este bullicioso e histórico puerto se comercializan ocho de cada 10 diamantes en bruto y 50 por ciento de esas piedras ya pulidas del mundo. El pujante comercio de esas gemas en Amberes es tal que en 2011 se calculó que las ganancias de los mil 850 comerciantes registrados en esa ciudad ascendieron a 42 mil millones de euros, aproximadamente 10 por ciento del Producto Interno Bruto del país.
Cada día, de acuerdo con el Centro Mundial del Diamante de Amberes (CMAO, por sus siglas en neerlandés), por este aeropuerto sale 90 por ciento de los diamantes provenientes de Amberes en unos 600 paquetes, lo que equivale a entre 150 y 200 millones de dólares en estas joyas compuestas de carbón cristalizado que fascinaron en el siglo XIII al famoso viajero Marco Polo.
A pesar de que en la década de los setenta se perdieron 35 mil empleos en Bélgica a causa de que el trabajo de pulido de las rocas se trasladó de Amberes a la India y China, por el bajo costo de la mano de obra, la gran experiencia y tradición de los pocos talleres que aún quedan en la ciudad hace que los diamantes más valiosos y especiales sigan siendo ahí labrados. En Amberes maestros joyeros les dan forma redonda, ovalada, cuadrada o, incluso, de corazón a esas piedras.
Así se pueden recordar piezas como “La promesa de Lesotho”, el decimoquinto diamante más grande jamás encontrado, con un peso de 121 gramos, el cual fue adquirido en 2006 por 12.4 millones de dólares por una compañía sudafricana que tras analizar la pieza decidió dividirla en 26 diamantes únicos perfectamente trabajados precisamente en Amberes, los cuales se vendieron en 50 millones de dólares.
El comercio de diamantes en esta ciudad se ha beneficiado más desde la puesta en marcha del llamado Proceso de Kimberley, un acuerdo global que asegura que las piedras cumplan con las características requeridas, ya que registra el peso, corte, color y calidad de cada una; y, aún más importante, que no se trata de “un diamante de sangre”, como se califica a los obtenidos a través de la explotación de personas principalmente en regiones del continente africano como Sierra Leona. Este mismo protocolo ha hecho que hoy las joyas hurtadas sean más difíciles de vender en mercados formales, por lo cual los contrabandistas continúan usando el activo mercado negro.
Aeropuerto de Zaventem, 19:47 horas. Una camioneta negra Mercedes Benz Vaneo y un lujoso Audi A6 entran en el estacionamiento contiguo al edificio corporativo de la aerolínea Brussels Airlines y de la academia de vuelo Sabena, localizados sobre la avenida Ringlaan, al oeste del complejo de la terminal aérea.
Al fondo del estacionamiento hay una malla metálica que divide las instalaciones de operación del aeropuerto (pistas de aterrizaje y despegue, hangares y talleres) de las oficinas de las diferentes aerolíneas y servicios auxiliares de la terminal. Ahí, al cobijo de la noche y aprovechando la carencia de vigilancia o, como sospechan ya las autoridades, bajo la complicidad del personal, el comando rompe la malla y desliza los dos autos a través del agujero hasta un pequeño prado, para luego tomar la vía que circunda las pistas del aeropuerto. Una vez dentro, a toda velocidad ambos vehículos toman dirección a los hangares, como si se tratara de un camino que conocen en ese pequeño trayecto cercano a 1.5 kilómetros.
Hangares del aeropuerto de Zaventem, 20:00 horas. La carga está depositada y los guardias de la empresa Brink's listos para partir. De repente observan dos unidades con sirenas azules que se acercan a ellos. El lugar se llena de confusión al ver que uno de los vehículos tiene insignias de la policía belga.
De los autos descienden un grupo de sujetos encapuchados, fuertemente armados y vestidos como agentes de la policía. Inmediatamente amagan a los guardias de la empresa Brink's, al piloto y al copiloto de la aeronave, que misteriosamente aún permanecían debajo del avión en esos momentos, sin que hasta el momento se conozca si se trataba de un protocolo normal.
Los guardias de Brink's no oponen resistencia alguna y siguen las instrucciones de los asaltantes, quienes, según el diario belga La Dernière Heure, les hablaban en francés. Ahí, en la plataforma, los 120 paquetes que contienen los diamantes y otros bienes son rápidamente sustraídos del avión y trasladados a la minivan y al Audi.
Para los comerciantes de diamante de Amberes, en su mayoría judíos que poseen en la ciudad una cuadra completa extremadamente vigilada y restringida al tránsito, el asalto en el aeropuerto de Bruselas no era un crimen desconocido.
Hace casi 13 años, el 31 de octubre de 2000, un vuelo de la compañía alemana Lufthansa se disponía a iniciar el embarque, en una de las pistas de la misma terminal aérea, cuando una camioneta de transporte de valores se acercó lentamente a la bodega trasera del Airbus A-319 que transportaría el embarque para cargar siete cajas con diamantes a Fráncfort. En ese momento otra camioneta blanca con logos de Avia Partners, una empresa de servicio, se acercó y los falsos operarios se llevaron un botín de 15 kilogramos de diamantes valuados en seis millones de euros.
Aeropuerto de Zaventem, 20:05 horas. En menos de tres minutos los ocho asaltantes, al más puro estilo de la cinta La gran estafa (Ocean’s Eleven), aquel remake de Once a la media noche (1960) de Lewis Milestone, concluyen el trabajo en el hangar del Helvetica sin realizar un sólo disparo y sin que nadie, además de los guardias de la empresa de seguridad, el piloto y el copiloto, se dieran cuenta.
Sobre los potentes autos y con las cámaras de seguridad grabando, los asaltantes regresan a toda velocidad hasta la apertura en la malla que les permite escapar con su jugoso botín del agitado aeropuerto de la ciudad, sede de las instituciones europeas. El convoy toma lo que sería el periférico de la ciudad de Bruselas y se encaminan a Zellik, una población ubicada al noroeste de esta capital. En una calle de esta localidad descienden de la minivan Mercedes y le prenden fuego. Más tarde se sabría que tenía un reporte de robo y que sus dueños originales la utilizaban como taxi; el otro auto, el Audi, tenía matrícula francesa, también con reporte de robo. De los asaltantes, nada, ni una sola pista.
Martes 19 de febrero, Bruselas, 14:00 horas. La programación radial se interrumpe cada hora para escuchar una cápsula de noticias: “La noche de ayer un comando armado entró en el aeropuerto de Zaventem para robar un valioso cargamento de diamantes y otras joyas —dice la voz de la locutora. El botín, según calcula la portavoz de Antwerp World Diamond Centre (la fundación que representa los intereses de esta industria), ascendería a 37 millones de euros (unos 50 millones de dólares). Se trata del golpe más importante a la pujante industria de la joyería de un país que ha resistido la crisis del euro”. Un día después, se sabría que las joyas podrían alcanzar los 350 millones de euros, el golpe sin duda fue importante y ejecutado en tan sólo 170 segundos.
LOS MAYORES ROBOS DE AÑOS RECIENTES
FEBRERO 15 Y 16 DE 2003
Atraco al Diamond Center de Amberes. El botín fue valorado en cerca de 100 millones de euros.
DICIEMBRE 20 DE 2004
Roban 26.5 millones de libras en una sucursal del Northern Bank en Belfast, Irlanda del Norte. La acción se atribuye a terroristas irlandeses del IRA.
FEBRERO 25 DE 2005
Roban diamantes y joyas por un valor de 75 millones de euros en el aeropuerto de Ámsterdam.
FEBRERO 21 DE 2006
Roban 53 millones de libras en un banco del condado de Kent, Reino Unido.
DICIEMBRE 4 DE 2008
Un grupo sustrae 85 millones de euros en joyas de Harry Winston, una de las joyerías de París.
AGOSTO 6 DE 2009
Roban joyas valoradas en más de 40 millones de libras en la joyería Graff Diamonds de Londres.








