'El Wea'. De la armónica al pancracio
Por su carisma ha logrado ser uno de los favoritos de la banda en espacios distintos pero igual de tumultuosos; tanto, que hoy le basta salir al escenario o al cuadrilátero para recibir una gran ovación en sus dos facetas: como músico y como luchador.
• Hay momentos en que, pese a sacar las mejores notas de la armónica, Rafael Salgado no quisiera ser El Wea, sino El Justiciero Vengador, pues aunque la lucha libre es su verdadera vocación, no pudo ser su manera de vivir. Sin el tradicional cinturón en el que descansan sus 15 armónicas cuando sube a un escenario, El Wea para de blusear, se sube a la tercera cuerda de la Arena México y vuela sobre uno de sus tres camaradas, una fémina incluida. La Comandanta, con los que echa maroma de vez en vez. Al término de su incursión en el mundo del pancracio, agitado y sudoroso, Rafael Salgado platica con MILENIO Dominical.
¿TU VIDA HA SIDO LO QUE ESPERABAS LUEGO DE 28 AÑOS COMO ARMONIQUISTA DE EL TRI?
Sí y no. Para mí, la música es una manera de ganarme la vida, sea con El Tri o con mis presentaciones de blusero con el grupo Domicilio Conocido, junto a Carlos Villalobos y Víctor Méndez, pero la verdad quisiera estar en el ring, aplicándole llaves a los técnicos, porque soy rudo de corazón.
¿QUERÍAS SER LUCHADOR?
Así es, desde chavito, pues aunque me gustaba tocar la armónica, bastó con ver la película Santo contra el rey del crimen (Federico Curiel, 1961), en la que un chavo como yo descubre que su papá era Santo y cuando crece le toca a él ponerse la máscara, para saber lo que quería. Por eso le insistí a mi mamá, cuando vivíamos en Tacuba, que me llevara a la arena y fue en la Coliseo donde vi a Black Shadow, Mano Negra y El Perro Aguayo, todos iban empezando, se daban con todo y yo quería hacer eso.
¿POR QUÉ NO LO LOGRASTE?
Pues a los 11 años comencé a entrenar natación, y sin que mi mamá supiera (porque me dejaba verla, pero no jugar a las luchitas), también a la lucha libre. Me cai que le entré con todo, porque quería ser un grande, pero cuando cumplí 14 el maestro me mandó a la chingada.
¿DE PLANO NO LA HACÍAS?
Nel, el profe me dijo que no me iba a permitir practicarla porque tengo un defecto en el oído derecho desde que nací, aunque sí escucho. Me recomendó que mejor me dedicara a mis armoniquitas, porque ésas la comencé a tocar a los nueve años. Le insistí, pues yo quería ser como Carlot Lagarde, El Copetes Guajardo, El Solitario o El Ángel Blanco, pero no quiso. Chance si me hubieran dejado ahorita sería una leyenda como El Fantasma, Mil Máscaras o Blue Demon, que hicieron de las suyas en la Arena México y la Coliseo, pero me dediqué a correr y hoy me gusta andar en bicicleta.
ASÍ QUE DEJASTE A UN LADO LA LUCHA LIBRE…
Pues estaba terco en ser parte de los ídolos y hasta diseñé una máscara para llamarme El Justiciero Vengador, una combinación de El Rostro y otro luchador más, y me salió un diseño propio, pero no la mandé hacer, es una lástima, pues los dibujos los perdí dado que mi vida ha sido nómada. Nací en el 25 de octubre de 1956 en una clínica de banqueros de la Del Valle, luego mi madre se cambió a Coyoacán, después me llevó al estado de Guerrero, regresamos al DF y nos establecimos en Tacuba. Luego, en la Bondojito y otras colonias, y con los cambios de casas se perdieron los recuerdos físicos, hasta cartas de unas chavas de la escuela.
¿POR ESO SEGUISTE EL CAMINO DE LA MÚSICA?
Sí, anduve por ahí tocando, y la neta me iba bien. Luego me conoció Alex Lora, me dijo que le entrara con El Tri, y toqué para su disco Simplemente las rolas “Violencia, drogas y sexo” y “Metro Balderas”, y a la fecha estoy ahí; como te decía, también hago tocadas de blues por mi cuenta, hasta en Estados Unidos.
Pero lo chido es que nunca dejé de ir a las luchas y por accidente me relacioné con los de la Arena México, hace 18 años; como anunciador estaba Victorino, que en paz descanse, él era un ‘don’, reportero, columnista, tenía un programa de radio y me involucró en una exposición que hicieron en el pasillo de la México. Ese día le dije que incluyeran música, me respondió que yo la trajera y que fuera rock.
¿CÓMO TE FUE CON ESO?
La llevé y a la fecha yo la pongo, porque resultó que a Victorino le gustó tanto que me pidió que se las pusiera a los luchadores cuando caminaban al ring. El primero fue Míster Niebla, quien acababa de regresar de Alemania y Francia. Así fue como me hice de amigos luchadores como El Negro Casas y Heavy Metal, hermanos rocanroleros, y luego de los hermanos Mil Máscaras, Sicodélico y Dos Caras. Bueno, hasta conocí a Alberto del Río cuando él tenía 17 años. Hoy la música sigue cuando los gladiadores salen a partírsela, gracias al Consejo Mundial de Lucha Libre, que de plano me abrió las puertas en la Coliseo y la México.
¿LES PLATICASTE QUE QUERÍAS SER COMO ELLOS?
Sí, y que siempre me gustaron las llaves, que era muy aficionado a la lucha y algún día pensé ser como ellos. Pero lo chido es que gracias a la música que les ponía, de acuerdo con sus personalidades, poco a poco me fui clavando más en la onda de los costalazos y mi ilusión de darme en la madre arriba del ring creció.
¿Y YA LOGRASTE PARTÍRTELA EN EL ENCORDADO?
Me invitaron a participar cuando Atlantis cumplió 25 años de luchador, salí con todos ellos por los pasillos y la neta se siente una adrenalina muy distinta a cuando me subo al escenario para darle a la armónica. Muchas veces me subí al ring cuando la arena estaba vacía, pero esa vez, neta que la vibra está de poca. Me aventé un par de maromas y me bajé, porque no soy profesional, fue más como un numerito muy bien hecho.
ASÍ QUE CONOCES A LOS LUCHADORES SIN LA MÁSCARA…
Solo a algunos. Pero la magia radica en no saber quiénes son en realidad, porque cuando he tenido la oportunidad de convivir con ellos, da gusto cómo son en la vida real, aunque no usen máscara en el ring. Todos se quitan las capucha y se tratan muy chido. Arriba son gladiadores, adversarios, luchadores que buscan la victoria… cabrones que provocan en el público miedo a un chingadazo cuando los tienen cerca. Abajo son compañeros de profesión… amigos que se echan la mano cuando se necesita, en verdad grandes personas.
¿LE HAS PROPUESTO A ALEX LORA QUE ALGUNA VEZ SE JUNTE EL TRI CON GLADIADORES PARA HACER UNA FUNCIÓN DE ROCK Y LUCHA?
Mejor te cuento esto: estábamos de gira con El Tri en Estados Unidos y nos tocaba viajar de Portland a Houston, y cuando nos subimos al avión, me llevo la sorpresa de que ahí estaban los de la WWE: Big Show, John Cena y Rey Misterio, a quien conocí cuando luchaba en México, y nos saludamos. Me cai que sigue siendo una buena persona. A quien no vi, porque estaba en primera clase, fue a Alberto del Río. Ni modo, me hubiera gustado platicar con él.
SI HOY PUDIERAS CAMBIAR LAS ARMÓNICAS POR EL ENCORDADO, ¿LO HARÍAS?
No tengo que pensarlo, ¡por supuesto! Te decía que vivo de la música, pero mi amor por la lucha es más grande. El rock y el blues han sido mi alimento, pero pudiera aplicar la “de a caballo”, llave que inventó el gran Santo; “la quebradora”, “el martinete”, “el martillo”, “el Cristo” y aventarme de la tercera cuerda, sería completamente feliz... Pero ni hablar, cuando puedo me subo al ring con los amigos, me echo mi palomazo luchístico y a seguirle en el rocanrol. Eso sí, los viernes, si no hay tocada, a la México o la Coliseo a gritar por los rudos.








