Ancianos reviven el arte de leer y narrar
El taller de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM ha logrado elevar la autoestima de los participantes a través del relato de historias
México • No le falta razón a Steven Spielberg cuando afirma que “la gente se ha olvidado cómo contar una historia. Las historias ya no tienen una parte media o un final. Usualmente tienen un principio que nunca deja de empezar”. En una historia importa mucho el qué, pero si estamos ante un auditorio de pequeños, el cómo es vital para involucrarlos y hacerles sentir que ese principio es interminable.
Asistir a una de las sesiones del programa Abuelos Lectores y Cuentacuentos, impulsado por la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, es constatar el cambio ocurrido en quienes habían perdido la habilidad para contar o leer una historia o en quienes ni siquiera sabían en qué consiste esta noble arte. Bajo la mirada astuta de Edna Rivera, las clases semanales buscan desarrollar el gusto por la lectura y la palabra, así como darles herramientas sobre el arte de contar cuentos.
El programa comenzó en 2011, dice Rivera en entrevista con MILENIO: “Apoyada por Difusión Cultural, que necesitaba promover la lectura, creé el programa en conjunto con IBBY México (International Board of Books for Young People), que se dedica a la promoción de la lectura. Se convocó a personas a partir de los 40 años, quienes con su ímpetu impulsan a los mayores. Cada generación se compone de 100 a 110 personas, divididos en tres sedes: Museo Universitario del Chopo, Museo Universitario de Arte Contemporáneo y Centro Cultural Tlatelolco”.
La coordinadora afirma que muchos de los alumnos llegan a los cursos con la autoestima muy baja. “La diferencia entre el día que llegan y cuando se van sí es muy grande. Incluso las clausuras las hacemos en los teatros para que, ante familiares y amigos, pierdan un poco el miedo escénico y les sirve incluso para enriquecer su personalidad”.
Los cuentacuentos que han asistido al curso organizan sus propias actividades, no solo para niños —que son las más frecuentes— sino también hacen sesiones en clínicas, hospitales, salas de espera, donde se les ocurra. Algunos de ellos han hecho sesiones en el Metrobús y otro piensa organizarlas en cantinas. “Si uno de ellos tiene un proyecto, lo comenta con los demás y se van haciendo grupos de trabajo”, indica Rivera.
Detrás de estos lectores y cuentacuentos hay historias ejemplares y conmovedoras, refiere Rivera. Por ejemplo, una anciana de 85 años, maestra retirada, extrañaba el aula. “Con la capacitación regresó a leer a los niños de la escuela que está frente a su casa y volvió a tener un grupo. Otra mujer me dijo: ‘Antes de conocer el programa, pensaba que lo único que me quedaba era quedarme en mi cama y morirme’. Ahora es la más activa e incluso ha conseguido espacios en el Gobierno del DF para llevar grupos”.
Una viuda que había perdido a su esposo 10 años antes, vestida de riguroso luto en abril, se quejó con Rivera: “¡Yo no sé que estoy haciendo aquí! ¡Mis hijos me traen a la fuerza y yo no sé…! ¡Lo único que quiero es irme con mi difuntito!”. Cuenta la maestra que “con el paso del tiempo se fue integrando al grupo y al llegar el momento de la clausura fue vestida de rosa mexicano. Ahora arma sus propios cuentos, colabora en una casa de cultura y está en un curso de actuación. Es increíble el cambio. Este programa vuelve a posicionar a la gente dentro de la sociedad”.
Para Rivera, “un país sin educación no tiene futuro, y la educación se basa en la lectura y en la palabra. Es indispensable, ya sea la palabra escrita o la palabra hablada. Por eso el taller es de lectores, pero también de cuentacuentos”. Lo que importa son las historias pues, como escribió John Steinbeck, “somos animales solitarios. Tratamos toda nuestra vida de estar menos solos. Uno de los métodos antiguos es contar una historia, rogando que el escucha diga y sienta: sí, así es, o —al menos—, así es como lo siento. No estás tan solo como pensabas”.
Abuelos Lectores y Cuentacuentos celebrarán el fin de cursos de la cuarta generación de las tres sedes, así como la bienvenida de la quinta, con una sesión de lectura que se realizará el lunes cuatro de marzo a las 10 de la mañana, en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario. Entrada libre.
Algunos testimonios
María del Carmen Zenil: “Los valores que tenía se me reafirmaron; he aprendido que en el libro no nada más hay letras y dibujos sino una gran imaginación. La mente y el criterio se amplían, se abren nuevos horizontes”.
Virginia Melgar: “Nos ha dado la posibilidad de dar servicio en algo que es tan hermoso como es la lectura. Llevar este mundo mágico a escuelas, hospitales o asilos, nos permite abrirles la puerta a la imaginación a niños y a ancianos”.
José Luis Rojas Romero: “Este curso me ha dado armas para saber contar cuentos a los niños, dónde buscar información y cómo organizarme. Mi objetivo es contagiarles el interés por la lectura”.
Cecilia D’Zamudio: “Además de reforzar nuestra pasión por la lectura, el curso nos incita a leerle a la gente, en especial a los niños. Queremos fomentarles el amor por los libros y la cultura, para que crezcan con ideas muy diferentes a las que les dan la televisión, los juegos de videos o las computadoras, para tratar de formar en ellos otro punto de vista sobre la vida”.








