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En el tono de Tona: Fuera del tiempo

El Ángel Exterminador •

Quisiera resguardar la identidad secreta de aquel chamán inciático, pero la verdad es que usaré un seudónimo porque no me acuerdo cómo chingaos se llamaba.

México • Nunca supe cuándo comencé a practicar la Magia Ritual, con altar propio y toda la cosa, siguiendo los conjuros de grimorios ancestrales, solo recuerdo que a principios de los ochenta, cuando estudié en el Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Sur, de la UNAM, en el Pedregal de San Ángel, tuve a mi primer instructor de las Artes Mágicas.

Quisiera resguardar la identidad secreta de aquel chamán inciático, pero la verdad es que usaré un seudónimo porque no me acuerdo cómo chingaos se llamaba, más como se parecía a Benny Ibarra, llamémosle Benny.

Benny le cobraba una lana a chavos de La Salle del Pedregal (universidad de paga que estaba a unas cuadras de nuestro CCH Sur) por darles unos cursos para “desarrollar sus poderes ocultos”, como realizar “viajes astrales” y “despertar el Kundalini”. A mí no me cobraba nada porque éramos cuates.

El grupo de diez personas al que me uní estaba conformado por gente muy curiosa: desde una chavita cachetona, buenona y fresona, hasta un chavo gordito, rubio y de lentes al que le faltaba un brazo y quien se declaraba abiertamente nazi (y se vestía como tal).

Recuerdo a Benny en su departamento de la Narvarte, comiendo un ate, caminando sobre nuestros cuerpos recostados en el piso, mientras nuestro Ser se desprendía del cuerpo, o aquella vez que fuimos al bosque del Ajusco para realizar “el grito primordial”, nuestro auto se quedó sin batería y nos pusimos a pedir aventón en la carretera, me subí en un coche con dos charros silenciosos que iban chupando tequila, rebasando en curva a toda velocidad, una noche lluviosa; una deidad compasiva me trajo con vida.

Con Benny aprendí la técnica para hacerme invisible, la cual puse en práctica cuando viajamos a Monterrey, Nuevo León, a la boda de una prima. Se les ocurrió a una bola de parientes ir de shoopin’ a Mc Callen, Texas. Me dijeron que yo no podía ir, quesque porque no tenía pasaporte, pero yo les dije que estaban pendejos, que me iba a hacer invisible para cruzar la frontera.

Partimos en dos autos. Yo iba en el auto de atrás. La idea era confundir al aduanero mostrándole todos los pasaportes de un madrazo, para que viera muchos pasaportes y muchas personas, si le daba hueva revisar a quien le correspondía cada pasaporte, se consideraba que ya la había librado, si no, tendría que bajarme y esperar a que pasaran los carros de regreso.

Antes de llegar a la frontera les pedí que guardaran silencio y no me sacaran de concentración, pues iba a iniciar el maravilloso acto de hacerme invisible.

En vehículo cargado de parientes que iba adelante se paró junto al aduanero, quien recibió varios pasaportes de golpe. El aduanero se puso a revisar a quién le correspondía cada pasaporte: estaba claro que me tendría que bajar a esperarlos.

Yo iba con los ojos cerrados, concentrado en mi poder (la herramienta básica de la Magia del Caos, creada por los británicos Meter J. Carroll y Ray Sherwin, es la Fe). En ese momento cambiaron de aduanero, quien recibió un montón de pasaportes de un guamazo; al aduanero le dio flojera revisar pasaporte por persona y nos dejó pasar. Los del vehículo de adelante se quedaron pasmados al no verme descender del vehículo.

Ya en el moll se los recordé: “Les dije que me iba a hacer invisible, pendejos”.

Desde que tengo memoria, siempre fui fanático de la literatura esotérica barata de puesto callejero, desde la magia de las velas hasta la lectura del dominó. A mediados de los noventa, cuando trabajaba en el Instituto Latinoamericano Para la Comunicación Educativa, unas amigas que conocían mis tendencias brujeriles me animaron a dirigir una ceremonia mágica para resolver nuestros problemas. De aquella operación colectiva al menos una persona se curó de un dolor de espaldas, por lo que doy fe de que la operación resultó exitosa.

El Tarot me llevó a estudiar de manera autodidacta el tronco común de la Alta Magia: astrología, cábala, numerología, semiótica, psicología (nunca pasé Alquimia ni Masonería), aparte, me atraen los aspectos mágicos de las religiones, las artes y las ciencias. Entre 1999 y el 2004 escribí diarios mágicos, con recetas, reflexiones y operaciones. Me encanta la hechicería. Me recuerdo caminando por el mercado de Sonora, escuchando recetas de labios de las sabias de tradición oral, que no se contraponen a los tratados de Ficino, Pico della Mirandola, Agrippa, Papus, Crowley, Castaneda, madame Blavatsky, Dion Fortune, Lydia Cabrera, Alejandro Jodorowsky.

Uno nunca decide estudiar Magia, es la Magia la que sabe cuando estás apto para recibir su revelación; uno siempre empieza como Mickey Mouse, haciéndole de aprendiz de brujo en Fantasía, haciendo conjuros por aquí y por allá, cuando de pronto, ¡ay cabrón!, te llevas un buen susto y te das cuenta de que el juego va en serio, y que la energía que se mueve hay que manejarla con responsabilidad (y si la cagas, creeme: no hay operación mágica que no pueda corregirse).

A quienes sigan sus inclinaciones Harry Pottersescas les aconsejo no meterse en ondas malvibrosas, sumamente atractivas y que normalmente están al servicio de peticiones egoístas. Lo mejor es atender a los maravillosos seres invisibles de sus tradiciones favoritas por el puro placer del servicio, y con la misma generosidad agradecerán su devoción con una cuenta corriente de buena suerte, que mi caso siempre me hace falta.

Yo todo el tiempo me la paso poniendo ofrendas a deidades de todos los sabores y colores, saludando a los gobernantes ocultos, captando sus sutiles guiños, cumpliendo con los ritos a la hora que se tienen que hacer, bajo la fase de la luna correcta, atendiendo las fechas que recomiendan las tradiciones. Si sabes que estás en el juego tienes que participar, si no lo haces puedes salirte y estudiar la Magia desde afuera, de manera teórica, intelectual, hasta que estés listo para entenderla, porque aquí, lo mismo que el existencialismo y el marxismo, la cosa se comprende solo por la praxis (nomás que aquí la cosa está más cañona, porque la Cosa también te piensa y se comprende a sí misma a medida que desarrollas su imaginación).

A principios del milenio, mi amiga Gaby Aguilar me permitía publicar en Tendencias una Agenda Mágica, con todas festividades populares relacionadas con la Magia y las situaciones astrológicas-astronómicas del mes. Ahora siento la necesidad de compartirles un acontecimiento: el Día Fuera del Tiempo en el calendario maya, que cae el miércoles 25 de julio. Para los mayas es un día de Perdón Universal y es un día dedicado al arte, pues consideraban al tiempo como arte. Y bueno, aquí tenemos dos elementos: arte y tiempo, solo agrégale tu deseo y ya tienes un bonito ritual mágico.

El arte (percibiéndolo o elaborándolo, que en el fondo es igual) puedes ritualizarlo y perdonar (a los más clavados en el tema del perdón y su poder mágico les recomiendo buscar en las librerías esotéricas Un curso de Milagros, de la Foundation For Inner Peace, con todo y libro de ejercicios. Es un clásico, desde los tiempos de Benny).

Buena suerte.