De los cuentos de hadas a las historias de detectives
Comparte el relato de un hombre que contrata los servicios de una investigadora privada para ir en busca de su esposa.
“Los libros que vale la pena escribir son los que no te sabes...”.
México • La taiga o bosque boreal se caracteriza por sus formaciones boscosas de coníferas, siendo la mayor masa forestal del planeta: un paisaje boreal de cielo gris y coníferas altas, donde el espesor del bosque parece absorber las conciencias de quienes llegan a adentrarse en ese territorio.
Una imagen que le pertenece a la escritora Cristina Rivera Garza al hablar acerca de su más reciente novela, El mal de la taiga (Tusquets, 2012), en la que se entretejen algunas de las obsesiones que la han acompañado a lo largo de su escritura, pero narrada a una velocidad que no había usado en otras obras.
“La taiga es todo lo desconocido. Decía una canción de Leonard Cohen: uno va por nada, si uno va tan lejos: finalmente es ir encontrando lo que no sabes, que puede ser en referencia al deseo, al sexo o al amor, pero que en el libro y en mi experiencia está muy relacionado con el proceso de escritura.
“Creo que los libros que vale la pena escribir son los que no te sabes, los que descubres conforme escribes; al hacerlo así, te entra un montón de angustia, pero siempre es más importante saber qué sigue y no quedarse parado. En cualquier caso, la escritura sigue siendo interesante por eso.”
En El mal de la taiga, Cristina Rivera Garza comparte la historia de un hombre que contrata los servicios de una detective para ir en busca de su esposa, perdida en un bosque: una trama que había esperado su momento de escritura durante mucho tiempo y que halló su vía de salida cuando la escritora encontró la primera línea: “Que habían vivido ahí, me dijeron. Que era esa la casa”.
“Hay una cierta velocidad, un estado febril, que creo que es la misma invitación que se hace al lector para participar de ella, lo que tiene mucho que ver con esto que llamas una intención más narrativa: lo que importa del libro es estructural, a nivel del ritmo del lenguaje, cerca de la velocidad del mismo, más que en términos anecdóticos.”
Novela de guiños
La idea de la colaboradora de MILENIO está más vinculada con la diferencia existente entre quienes viven algo similar y reacciones de manera diferente: a todos nos llega el deseo, la pasión, el sexo, el amor o la locura, pero algunos se quedan sentados y lo ven pasar, sólo piensan, lo explayan, lo explican; mientras otros le abren la puerta, se incorporan y se van.
“Las dos acciones se hacen muchas veces sin saber y sin mucha conciencia. El libro trata de seguir a dos personajes que han tomado la decisión, sin saber por qué, de seguir en este viaje a los confines de sí mismos, que aquí es la taiga fría, y los personajes que están tratando de traerlos de regreso: un marido celoso y una detective que necesita saber por qué a alguien se le ocurre vivir algo así.”
La novela está hecha de una serie de guiños, de tradiciones que, como lectores, compartimos, como la estructura de los cuentos de hadas y hay un guiño hacia esa literatura, no tanto hacia el género en su forma amaestrada del siglo XIX, de la lección moral, sino al de la tradición oral, donde la brutalidad y la crueldad es mucho más persistente.
“También hay un guiño a las novelas de detectives y a la literatura fantástica, con la aparición de seres que es difícil organizar; y hay un guiño a la transdisciplina y a la hibridez de los textos, cuando se incorporan los dibujos y la música, una serie de recursos usé en el libro para poder compartir una historia que trata, sobre todo, de cosas que no se pueden compartir… porque no se conocen”, a decir de Cristina Rivera Garza. m








