Encanta Zac con su madurez en Venecia
Efron acudió al festival para mostrar el salto interpretativo que ha dado al realizar personajes más reflexivos, como lo hace en la cinta "At Any Price".
El actor se mostró muy complaciente con sus seguidoras, a quienes saludó y regaló autógrafos al promocionar la cinta de Ramin Barahni.
Venecia • Aunque esta mañana (ayer) se reconocía contento por haber elegido “el camino difícil” del cine de autor en sus últimas películas, el ídolo adolescente Zac Efron no reniega de sus fans de Venecia, a las que atendió con encanto y educación y regaló decenas de autógrafos.
“Queremos casarnos con él, todas. Que se haga polígamo”, gritaban las enfervorizadas fans de una media de edad de 16 años, cargadas de fotos de la serie High School Musical, y a las que no les importó dar rienda suelta a sus impulsos adolescentes en medio del ambiente de cine intelectual que desprende La Mostra.
Con At Any Price, Zac Efron da un salto interpretativo hacia personajes más reflexivos y atormentados, a un ritmo narrativo más lento, y se separa de lo que ha regalado a sus admiradores en películas como 17 otra vez, que se han encargado de celebrar que ya no sea pareja de Vanessa Hudgens, quien acudirá a La Mostra también en los próximos días.
Pero sobre la alfombra roja, pese a lucir una incipiente e irregular barba que no pasaría el corte de Disney, rescató su dominio como estrella, ataviado con un traje negro, corbata fina del mismo color y zapatos de charol, además del material de serie: sus ojos verdes y sonrisa para desmayar.
Así, dejó en inevitable segundo plano al director de la película, el cineasta de origen iraní Ramin Barahni, y a su novia en el filme, Maika Monroe, a la que ha dado un caluroso abrazo para envidia de las masas.
Monroe, a la que habrá que prestar atención a partir de ahora por sus dotes dramáticas y sus proyectos con Sophia Coppola y Jason Reitman, lució, para quien pudiera reparar en ella entre tanta agitación, un vestido blanco de cola de plumas, con amplio escote y espalda descubierta, y una trenza informal que caía por su hombro izquierdo.
El ídolo adolescente, modelo de triunfo multidisciplinar al más puro estilo estadunidense, lidia con una reflexión pausada sobre ese pánico a la derrota que estimula y hace sufrir al mismo tiempo el desarrollo económico y social del país más poderoso del mundo, incluso en los paisajes de Iowa.
Coprotagonizada por Dennis Quaid y el descubrimiento de Maika Monroe (en proyectos ya para las próximas películas de Sophia Coppola y Jason Reitman), en At Any Price, el director de Goodbye Solo busca en los pliegues de ese way of life a menudo tachado de simplón y encuentra aristas punzantes y complejas.
“Esta película ofrece otra perspectiva del sueño americano, basada en el lema de ‘crecer o morir’ y mi personaje lo ve encarnado en un padre que, de alguna manera, lo asume sin reglas”, explicó el actor, quien se ha mostrado muy contento con el nuevo rumbo que ha tomado su carrera, tras presentar también en Cannes The Paper Boy, de Lee Daniels.
Su personaje, no en vano, se llama Dean, como si fuera un James Dean en una era en la que las cosechadoras funcionan con GPS. Los protagonistas de esta película “están unidos por la tierra y la familia. Pero esos maizales no son poéticos al estilo mitológico de la pertenencia a las tierras. Hablamos de cómo se traducen en dólares, se llenan de semillas genéticamente modificadas”, señaló el realizador.
Así, el afán de superación del joven Dean, ligadas a las carreras de coches y con huir del camino trazado por su padre, colisionan con una realidad carente de alternativas, que al premiar al mejor y condenar al resto a la mediocridad, alimenta las ansias de victoria, tal como reza el título, “a cualquier precio”.
“Mi personaje tiene uno de los grandes dilemas de todo hombre al verse entre la lealtad a su familia y el resentimiento por el camino que ellos le han hecho seguir hasta convertirte en lo que es. Por eso, su reacción al sueño americano es, en un momento dado, estrellar su coche contra un árbol”, ha reflexionado Efron.
Rahmin, que vivió en barrios acomodados de Estados Unidos hasta que a los 24 años volvió a Irán para residir allí tres años, cita como referencias explícitas a Muerte de un viajante, de Arthur Miller, a Terra Trema, de Roberto Rossellini e incluso a Dostoyevski.
“No sé decir cuál es la moral de la película. Quiero plantear preguntas- ¿qué pasa cuando quieres expandirte más allá de lo que tu mundo te permite? Y tampoco sé adónde va la moral del mundo. ¿Quién soy yo para decir qué decisión es la correcta en una situación como la que la familia protagonista vive en la película?”, finalizó.








