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El sexódromo: La biblia del sexo sagrado

El Ángel Exterminador •

Las raíces del sexo sagrado se extienden hasta los albores de la historia de la humanidad.

México • La semana pasada hablé en este espacio sobre las enseñanzas del místico Osho aplicadas a la vida erótica y el camino a la meditación relacionado con la sexualidad del ser humano. Recibí numerosos comentarios al respecto, por lo que retomo con mayor alegría la promesa que les hiciera al final de la anterior columna, en donde dije que hoy hablaría sobre el libro La biblia del sexo sagrado. Guía del sexo y la espiritualidad en Oriente y Occidente, de Cassandra Lorius, editado por Gaia Ediciones.

Este librito, de formato pequeño y cuadrado, está “bellamente ilustrado” con imágenes relacionadas con la práctica del tantra y del tao, con el mito de la diosa, con pinturas, grabados en ilustraciones de diversos siglos relacionados con el placer, con pinturas famosas, edificios, esculturas y algunas en donde se muestran ciertas posturas, no solo sensuales, sino también de yoga o meditación.

¿Qué es el sexo sagrado para su autora? Cassandra señala lo siguiente: “Tanto los físicos como los místicos describen el universo como un campo dinámico de energía vibrante al que los practicantes del sexo sagrado denominan ‘beatitud’. Con independencia de su credo religioso, muchas personas describen el éxtasis que puede brotar de una relación social de profundos lazos como una unión mística que crea una sensación duradera de unidad o paz en su despertar”.

Afirma que la idea de reverencia en el reino de la sexualidad puede parecer un fenómeno de la nueva era, pero las raíces del sexo sagrado se extienden hasta los albores de la historia de la humanidad en la que la adoración a lo divino no era independiente del reino de la naturaleza, incluidos los procesos y ciclos que unen y separan los reinos material y espiritual. “Es probable que las diosas fueran también metáforas de aspectos centrales de la conciencia cósmica —la idea de que el universo es una red interconectada en la que cada ser consciente está ligado a los demás—, opuesta a nuestra identidad humana, individual y temporal”.

En la introducción, la autora reafirma que nuestras ideas sobre religión y sexualidad reflejan el tipo de sociedad en la que vivimos, en la que “durante miles de años la mayoría de las personas ha tendido a canalizar cualquier cosa que pudiera considerarse ‘espiritual’ hacia las formas de expresión religiosa establecidas”, por lo que hablar de espiritualidad y sexualidad o de que el acto erótico puede ser una buena manera para alcanzar niveles importantes de ésta queda o totalmente fuera o muy lejos del entendimiento de aquellos que profesan el culto a una religión de una manera muy cerrada.

En La biblia del sexo sagrado se puede analizar el culto a la diosa, desde los antiguos a los alquimistas; el femenino sagrado en las tradiciones cristianas; el pensamiento occidental sobre la sexualidad, desde la Edad Media hasta la época victoriana, así como la influencia de Freud y Jung en el pensamiento psicológico del gran público; los enfoques orientales del sexo y el espíritu; el tantra: deidades y prácticas; cómo convertir el sexo en algo sagrado y un glosario con términos empleados en las discusiones sobre sexualidad sagrada.

Eso sí: la palabra “biblia” en el título me parece un exceso, ya que creo que, si bien está informado, es claro y útil, el libro representa solo una embarradita de muchos temas. Es decir que puede resultar de mucho interés y utilidad para aquellos que comienzan a acercarse a estos temas, ser un trampolín para que, ubicado un tópico en particular, busquen más información, bibliografía, asistan a conferencias o talleres y demás.

Yo ya lo leí y me entretuve bastante, además de que me dejó varias tareas que espero cumplir pronto y pasárselas al costo. ¡Abrazo de sábado, mis adorados lectores!

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El buzón de Verótika

¿Es cierto que a las mujeres no les gusta la pornografía? Yo lo soy, tengo 28 años y a veces sí me gusta ver, sola o acompañada, alguna cinta de este corte. Pero reconozco que no me gusta el porno duro, sino cosas más suaves, en donde haya un poco de romance y las posturas no sean contorsiones tremendas o las chavas solo estén para agasajar a los hombres. Me gustan aquellas en donde ellas son las principales receptoras de las caricias masculinas. ¿Será que soy old fashion?
Milli_mex

Estimada Milli:

No creo que, como tú dices, seas old fashion en cuanto a tus preferencias al ver películas para adultos. De hecho, esto que me cuentas es de lo más común. Si bien es cierto que cada vez más mujeres se atreven a ver con sus parejas material de este tipo e, incluso, a comprarlas por su cuenta, también lo es que siguen buscando aquellas que tienen una “historia” o en donde no hay tantos close ups o detalles que les pueden resultar exagerados, poco románticos o muy diferentes a lo que ellas harían en la cama.

Hace tiempo entrevisté a personal de una sex shop y me decían que, en promedio, todos los días entraban entre diez y 12 mujeres al establecimiento para comprar artículos diversos. La mayoría de ellas terminaba preguntando por alguna película erótica. Además, el consumo por internet ha aumentado considerablemente: en la comodidad de su casa, sin que nadie las cuestione, las vea feo o las sorprenda entrando a una tienda sexual, ellas se sienten más libres de buscar cortos tres equis y, curiosamente, espiar en videos más subidos de tono.

Las mujeres casadas lo ven de dos maneras: aquellas que no han tenido una educación sexual abierta suelen ver en las cintas porno una amenaza, pues creen que sus maridos las ven porque no les es suficiente “con lo que ellas les dan” y pueden crear tremendas peleas si llegan a descubrir al susodicho mirando una. Quienes no tienen empacho en verlas suelen hacerlo siempre en pareja. Es decir, se trata de un acto de complicidad, de excitación y hasta un poco de curiosidad. Con ellas pueden crear fantasías, repetir posturas con sus compañer@s, entender cómo se realiza esta o aquella faena sensual.

Las que no tienen pareja las ven como una buena opción para apoyar su autoerotismo. A diferencia de quienes viven con alguien más (y no compran material, sino que esperan que la contraparte las lleve a casa), las solteras son las principales compradoras de pornografía en internet. Las escenas lésbicas son cada vez más aceptadas por ellas.

Entre las pelis favoritas de acuerdo a su nacionalidad se encuentran las italianas, que presentan actores guapos, tienen historia, son soft porno (nada de grandes acercamientos a los genitales o prácticas que perturben) y entre varias escenas heterosexuales suelen mostrar alguna de corte homosexual entre mujeres. Otras favoritas son algunas francesas, pues explotan el romanticismo, la idea soñadora de París (así como sus paisajes), el idioma seductor.

Así que ni eres la única ni estás pasada de moda, mi estimada amiga. Como dicen por ahí, cada quien sus gustos, y hay que encontrar aquello que nos excita, no lo que nos parezca extraño, complejo o desagradable. Y si las mujeres las prefieren soft… ¡pues adelante!