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“Trabajo como obrero, ocho horas diarias”: Sergio Hernández

Cultura •

El artista lleva a Cádiz una muestra compuesta por una serie de grabados monumentales y óleos que se exhiben desde ayer en el Espacio de Creación Contemporánea (Ecco) de esa ciudad andaluza.

España • Sergio Hernández (Huajuapan de León, Oaxaca, 1957) vuelve a exponer en Europa. Ahora toca el turno a Cádiz (Andalucía, España) y corresponde a los festejos de la próxima Cumbre Iberoamérica de Jefes de Estado y de Gobierno. Al pintor mexicano le inspira el mar gaditano, el olor a provincia de una ciudad donde parece que en ocasiones el tiempo se detiene.

La exposición se llama Oaxaca de Juárez, Oaxaca, la compone una serie grabados monumentales y óleos y se exhibe desde ayer en el Espacio de Creación Contemporánea (Ecco) de Cádiz.

Al oaxaqueño se le admira, constantemente se le acerca gente que jamás ha visto y que le da la enhorabuena por su obra. Es sencillo, y cuando se pone a hablar de su tierra se le iluminan los ojos, habla con tal pasión de México que contagia. En entrevista con MILENIO habla de su Tepito querido, de su obra, de quienes lo influyeron y hasta de que estuvo a punto de morir cuando vivía en París.

¿Cómo te defines como pintor?

Como un pintor oaxaqueño que crea una gran diversidad de historias mágicas, chamánicas, y con un entusiasmo por el dibujo y el grabado.

¿Te gusta más dibujar?

Sí. Yo donde mejor me siento es en el dibujo, aunque mi trabajo abarca pintura y cerámica. Por ejemplo, voy a presentar unos grabados barrocos, entre ellos una carpeta que hice en Madrid entre los que está El sueño de la muerte.

¿Cuándo y cómo pintas?

Trabajo como cualquier obrero, ocho horas diarias, y lo hago en mi taller de Oaxaca. Llevo una vida normal, todos los días voy al taller para pintar, dibujar o hacer grabado. A lo que más tiempo le dedico es al óleo y me gusta trabajar más por las mañanas.

¿Qué te inspira?

Todo. Mira, por ejemplo, en estos momentos estoy trabajando en una obra que se llama Las tentaciones de San Anotonio, que está basado en un pintor gótico tardío que se llama Matías Grünevald. Él pintó una obra muy importante en la que todos los pintores nos hemos inspirado. Pintó en una tabla, se trata de una obra enigmática tanto en el color como en el dibujo. Ahora mismo me estoy inspirando en este cuadro y también he terminado una serie de dibujos literarios sobre el Popol Vuh y otra serie sobre el mezcal, los textos me los hizo el maestro (Miguel) León-Portilla y Juan Villoro un cuento largo sobre el Popol Vuh, y seguramente haré las ilustraciones.

¿Quién te influyó para ser pintor?

Todos desde niños dibujamos. Mi formación viene de un proceso muy natural, aunque cuando era joven ingresé como oyente a la Academia de San Carlos. Habíamos muchos compañeros con el entusiasmo de pintar y por supuesto que admiro a muchos artistas como Francisco Toledo, Rufino Tamayo y Cy Tomblay, quizá él ha sido el que más me ha influido para inspirarme en un proceso de dibujo caligráfico, expresivo, inmediato.

¿El hecho de haber vivido en Tepito te ayudó a forjarte como artista?

Soy una persona que emigró de Oaxaca a Tepito y luego a varios lugares. Hay una parte entre lo urbano y lo rural, entre lo mágico y la provincia. La comida, los colores. Yo llegué al Distrito Federal en 1966, tenía nueve años, e ingresé a la escuela en Tepito donde había más boxeadores que pintores. Era un lugar donde conviví con muchos niños de provincia, fui un niño muy con suerte porque aprendí a ser libre y me siento afortunando porque lo sigo siendo.

En Tepito conociste, además, a muchos intelectuales…

Me tocó conocer a un montón, a través de la Galería Ponce, ahí conocí a Octavio Paz, entre muchos más. No sé por qué razón también veía mucho cine alemán, en serio, no me preguntes por qué.

¿Cómo fue tu año de vida en Francia?

Viví un año en París, en 1986, en la Ciudad Universitaria. Visité muchos museos, recuerdo mis paseos por esa preciosa ciudad arquitectónica, pero no pinté casi nada. Recuerdo que ahí conocí a Toledo y me invitó a trabajar en un taller en el que estaban, entre otros, Miquel Barceló, de quien por cierto admiro su trabajo.

En París enfermaste de gravedad, ¿te cambió esto la vida?

Es verdad, fue una pancreatitis que se desencadenó tras un asalto en el Banco Santander de París a plenas doce del día. Después la policía me retuvo y me dio bastante whisky y yo la completé con una botella, pero coincidió en que tenía piedras en la vesícula. En París me salvaron la vida, después volví a México y un gastroenterólogo me operó y se resolvió el problema. Siempre una enfermedad de este tamaño te hace reflexionar en qué tan corta y efímera es la vida. Después de esto me discipliné por completo.

Arte para los caídos

-La exposición de Sergio Hernández, Oaxaca de Juárez, Oaxaca, está conformada por una serie grabados monumentales y óleos que “van unidos uno entre otro; hice una exposición conmemorativa a las revueltas de los maestros y la sociedad, en 2006, contra un gobernador (Ulises Ruiz)”, explicó el artista.

“Fue una experiencia que duró un año. Hice Campo de batallas, inspirado en una obra de Picasso que se llama Sueños y mentiras de Franco. También hice una serie de grabados sobre banderas y caseríos, y un óleo muy grande que es una conmemoración a los caídos en las revueltas de Oaxaca que mencioné.

“Traje esa exposición porque de una manera coincide con los festejos de una Constitución que no fue respetada precisamente”, manifestó el artista.

Al acto acudieron la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, quien calificó la obra de Hernández como “sorprendentemente majestuosa”. También estuvo presente, entre otros, el director del Instituto de México en España, Jaime del Arenal, para quien España “ha hecho justicia a un maestro de la pintura contemporánea mexicana”.
La exposición se exhibirá hasta enero próximo.