Los nuevos desafíos para el socialismo a la venezolana
Un triunfo arrollador del gobierno y una oposición fortalecida es el saldo de una jornada electoral pacífica e impecable
Caracas • La contundente victoria de Hugo Chávez puede traducirse en la aceleración de su proyecto socialista o en una moderación que abra nuevos espacios de encuentro con la parte del país que lo adversa desde que llegó al poder en 1999.
Chávez dijo al celebrar el triunfo el domingo que “Venezuela más nunca volverá al neoliberalismo y seguirá transitando al socialismo, democrático y bolivariano, del siglo XXI”.
El mandatario de 58 años saludó “el talante democrático de la oposición”, que reconoció su victoria, y dijo que a ese sector “tiendo mis dos manos para que trabajemos juntos por el bienestar de la patria”.
Capriles, dinámico contendor de 40 años, reconoció el revés “pues el pueblo se expresó y eso para nosotros es palabra sagrada”, y pidió al vencedor “respeto y consideración para la casi mitad del país que no está de acuerdo con él”.
“Abrir las puertas al diálogo y al entendimiento es normal en cualquier democracia después de una elección, pero en Venezuela es un hecho extraordinario”, observó en entrevista el politólogo y académico de la Universidad Central, Carlos Hernández.
Venezuela “tiene quebrada buena parte de su estructura productiva, no diversifica su economía, es el único país de América Latina que en los últimos 15 años no incrementa sus exportaciones y, aun con el precio del petróleo a 100 dólares el barril, debe endeudarse sin poder conjurar las demandas sociales”, añadió Hernández.
Chávez, “con el mandato recibido, tiene la oportunidad de emprender una rectificación y convocar a todos los sectores para encarar esas dificultades, pero si opta por profundizar sus políticas socializantes como hasta ahora, marcharemos a un gran desastre en poco tiempo”, opinó.
En los últimos años, el presidente implantó férreos controles sobre la economía, estatizó y expropió más de mil firmas de todo tamaño y su programa de gobierno para el sexenio 2013-2019 plantea profundizar la propiedad social sobre medios de producción con empresas en manos de comunidades que se articulen en un “tejido socialista”.
“El desafío de Chávez está en lograr una apertura que implique superar la economía rentista de Venezuela, cuya sociedad y clase política se alimentan del ingreso petrolero, y eso lo puede hacer bajo la Constitución de 1999, más avanzada incluso que su discurso”, opinó a su vez el sociólogo y académico Alexander Luzardo.
El mandatario “ha basado su gestión en la distribución de renta, dirigiéndola hacia los sectores populares, pero sin garantizar la sustentabilidad de ese ingreso mediante el desarrollo de una economía diversificada y ambientalmente sustentable”, agregó.
En su opinión, “Venezuela debería dotarse de un buen sistema de seguridad social, y la educación, que con este gobierno se ha ampliado en términos de inclusión, debe ahora ganar en calidad y valor científico y tecnológico”.
Para todo ello “un dato duro de la realidad es que este gobierno tiene seis millones y medio de opositores, no un grupito que pueda obviarse sino casi la mitad del electorado, hacia quienes también debe dirigirse una política inclusiva”, añadió el analista.
“Chávez debería aprender de Nelson Mandela”, resumió en alusión al líder y ex presidente sudafricano que debió lidiar con el desmonte del apartheid.
“Venezuela está desgraciadamente partida en dos mitades. Un país así dividido no puede prosperar. Si Chávez quisiera entender esta sencilla verdad comprendería que debe producir un viraje en su modo de entenderse con sus adversarios”, editorializó en su diario Tal Cual el antiguo líder socialista Teodoro Petkoff.
Pero su viejo rival dentro de la izquierda, José Rangel, partidario de Chávez, escribió que “la minoría que conforma la oposición está obligada a comportarse democráticamente (ya que) los problemas que ha tenido el país durante la etapa del proceso bolivariano provienen de la actitud antidemocrática de una oposición que optó por arremeter contra el orden constitucional”, dijo en alusión al fugaz golpe de Estado de 2002.
Otra incógnita que solo despejará el tiempo es si Capriles podrá sostenerse como abanderado de la oposición.








