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Rulfo prefiguró a García Márquez: Le Clézio

Cultura •

De sor Juana, “la invención del patriotismo mexicano”, apunta en entrevista con MILENIO.

Xalapa • “I am wired!”, dice divertido Jean-Marie Gustave Le Clézio (Niza 1940) mientras el equipo de MILENIO Televisión le coloca los micrófonos. El escritor recorre la vista que ofrece la piscina del hotel Xalapa, al fondo el Pico de Orizaba, y comenta que una charla con un escenario tal resulta imposible en la capital, aun en Chapultepec, donde no faltan sirenas de ambulancia. Al Nobel de Literatura 2008 le corresponde inaugurar el Hay Festival versión Xalapa, pero se da tiempo toda la mañana para dar entrevistas, pactadas e improvisadas, de buen humor.

Anda cómodo, con camisa de manga corta oscura, pantalón gris y huaraches. Anoche mismo viajaba a la Ciudad de México para dirigirse a Corea del Sur, donde será jurado, el fin de semana, de un festival de cine. Pero antes, en los 30 minutos con MILENIO, reivindica el lugar de la literatura mexicana, dice que Juan Rulfo prefiguró a Gabriel García Márquez, abjura de Albert Camus por la guerra de Argelia y entroniza al martiniqués Aimé Césaire como su autor favorito.

México, dice, que era un país de corte soviético cuando él lo conoció, ha cambiado y sí enfrenta problemas, pero propios de una nación moderna. Y aunque es cauto en el terreno político, sobre Florence Cassez especula que se beneficiará con el cambio de gobierno en México.

Comencemos con su obra, que tiene una entraña antropológica: África, Michoacán... ¿Esa fue la intención desde entonces?

No soy antropólogo para nada, pero me atrae la conexión entre la literatura y los sentidos, las tradiciones, y México es perfecto, desde el comienzo de la literatura iberoamericana, pero también los textos originales, como los de Fernando de Alba y Tezozomoc, como La relación de Michoacán, escrito de la primera importancia para la humanidad, con la calidad literaria de una novela policiaca o una obra de teatro, con diálogos y estilo,a un nivel que nos hace pensar en La Odisea.

Usted llega a México como parte de su servicio militar. ¿Cómo va a dar a Michoacán? ¿Ya conocía a algún escritor mexicano?

Nada. Llegaba de Tailandia, pero como tuve un problema, me mandaron para acá y me encuentro un desastre, una estancia de pesadilla. Le cae un rayo al avión, había una tormenta que provocó inundaciones, me rodea gente hostil... Mi primera impresión, pues, no fue buena. Pero voy leyendo en una biblioteca en la que yo trabajaba obras antiguas y modernas, y ahí encuentro la dimensión real de México: país de la imaginación, paraíso de la literatura.

En Le rêve mexicain usted habla de un país que es “una tierra de sueños, hecha de una verdad diferente, de una realidad diferente, de una luz extrema y de violencia”. Por lo visto, poco ha cambiado...

En aquella época, 1967, también era violento. El primer titular que vi en un diario era: “Tacos, tacos, y lo mató su amigo”.

Usted conoció hace 25, 30, 40 años un México gobernado por el PRI, que como usted sabe, fue llamado “la dictadura perfecta” por Mario Vargas Llosa. Ahora regresa ese partido al poder. ¿Qué opina?

Era la época de Gustavo Díaz Ordaz, dura, represión a los estudiantes. Hoy veo mucho progreso en cuanto a las libertades, los estudiantes son libres de expresarse, la competencia política es equilibrada. Antes México era como la Unión Soviética, pero ahora es un país nuevo, con problemas, sí, pero problemas de país moderno.

De vuelta a la literatura, usted comienza como escritor existencialista. ¿Tomó partido en algún momento entre Jean-Paul Sartre y Albert Camus?

Sí. Siempre me ha fascinado Sartre, el filósofo más verdadero de Francia. A Camus le tengo desconfianza porque en la guerra de Argelia no tomó posición. A mí me afectó sobre todo porque tenía la amenaza de ser enviado al frente a combatir a los independentistas. Camus nunca tuvo la audacia de decir la verdad. Sartre sí.

Y también renunció al Nobel...

Y muy bien que lo hiciera. Tengo un amigo escritor cuyo segundo nombre es Sartre porque nació el mismo año en que Jean-Paul renunció al premio, y su padre admiró mucho el gesto. Yo también.

Le Clézio fue parte de una generación que se llamó “de la ruptura”. Sin embargo, su obra luce totalmente singular, fuera de algún proyecto de grupo. ¿Cómo evalúa ese tránsito de entonces a la fecha, ya con el Nobel?

No tengo la impresión de haber cambiado tanto, pero seguramente cuando uno envejece tiene puntos de vista diferentes, cambia la mentalidad, uno se adapta al mundo. La juventud tiene la ventaja y la falla de ser absoluta en su pensamiento, no quiere cambiar ni adaptarse, es radical, pero con la edad vienen los cambios, como las tortugas y los árboles, hay que adaptarse o morimos.

En 1964 usted escribió en Fiebre: “Hace tiempo renuncié a decir todo lo que pienso; me he conformado con escribirlo todo en prosa. La poesía, las novelas y los cuentos son antigüedades peculiares que ya no engañan a nadie, o casi a nadie”. Considerando que no es un personaje el que lo dice, ¿sostiene tal afirmación?

A pesar de tan radical declaración, la novela es el arte más sincero, porque se compone con trozos de otras obras y de otros géneros. La novela es el arte de componer, es obra de artesano, y en ese sentido soy como Jean-Luc Godard, quien cree que el artista da lo mejor de él cuando tiene una lijadora para pulir la madera.

Se dice que Shakespeare es el padre de la lengua inglesa, Dante de la italiana, Goethe de la alemana y Cervantes de la española. ¿Quién es el autor de referencia, la máxima pluma, en el caso de la lengua francesa?

Para mí es Malcolm de Chazal (1902-1981), poeta de Mauricio, poco conocido, pero que renovó totalmente el uso del francés; hizo de esta lengua, demasiado rígida e impermeable, una sutil e inventiva, mezclada con palabras de otros idiomas, especialmente adaptada al mundo criollo.

Como Aimé Césaire

Sí, es algo como Césaire, otro caso interesante con esta cualidad.

En el cierre del siglo XX y el comienzo del XXI, muchos autores en lengua francesa son extranjeros. Kundera es checo, Kadaré es albanés, Gao Xingian es chino, Ben Jelloun es marroquí... Todos hablan de Houllebecq, pero es Le Clézio el Nobel. ¿Quién era su candidato la noche anterior?

No puedo decirlo. Pero sí subrayo que yo no soy puramente francés, mis papás son de Isla Mauricio, tengo dos pasaportes, dos sombreros, dos nacionalidades, y puedo intercambiar. No puedo decir que soy parte de ese grupo del que hablas, pero sí pertenezco a lo que Octavio Paz llamaba la francofonía.

Cuando se recibe un premio como el Nobel, decía Günter Grass, viene con el peso moral que se le asigna al autor, porque puede ser la voz y la conciencia de un pueblo. ¿Cómo es en su caso?

Como tengo dos sombreros, pues entonces me pongo el mauriciano y se acaba el problema…

¿Tenía alguna inquietud sobre México parecida a la de André Breton, a la de Antonin Artaud, cuando usted vuelve?

El motivo de Le rêve mexicain fue la obra de Artaud. Yo comencé a escribir sobre el asunto gracias a José Luis Martínez, en cuya biblioteca encontré muchos datos del paso de Artaud en México, pero después hallé que había algo más universal, un mundo entero más allá de un poeta que viajaba. La participación de México a la civilización global es tremenda... La obra de Juan Rulfo, por ejemplo, escritor mayor de la narrativa del siglo XX.

Era la siguiente pregunta. Los autores que nos visitan suelen hablar de los escritores mexicanos. Una parte se queda con Carlos Fuentes, otra con Paz, pero casi todos coinciden en Rulfo.

Rulfo es un milagro de la cultura mexicana. Tuvo un papel menor en la vida literaria de México, pero a la vez, con sus dos libros más el ensayo sobre Colima, con tres libros, construye la obra mayor de la literatura moderna mexicana, realista, fantástica, prefiguración de Gabriel García Márquez... inventó todo lo que cuenta en la imaginación moderna.

En esa brevedad, esa singularidad de su obra, ¿sería como Arthur Rimbaud?

Sí, sí, es el mismo pesimismo, una especie de fascinación por la muerte, una voluntad de destruirse, algo que anuncia al genio.

Sé que prepara una obra sobre Rulfo.

Su punto de vista histórico sobre los cristeros. Él padeció esta época, era niño cuando su papá fue asesinado por ellos, pero la misma familia tenía gente de los dos bandos.

Y sobre sor Juana.

De ella me interesan los enigmas, la práctica del lenguaje, la invención del patriotismo mexicano. Ella fue la primera que habló del águila y su poesía, el uso del náhuatl, es fascinante. También preparo un ensayo sobre mi amigo Luis González González, inventor de la microhistoria. Son tres espíritus diferentes que traducen la complejidad y la fuerza de la intelectualidad mexicana. Sobre los nuevos, no he leído nada.

¿Quién es su escritor favorito?

Aimé Césaire es uno de ellos, por inventivo, porque practicó el arte de la interculturalidad, que es la posición esencial moderna.

Y la negritud…

Pero hizo mucho más, como su obra Una tempestad, que es la obra de Shakespeare escrita por un esclavo. Es una obra capital en la literatura francesa.

Finalmente, se lo tengo que preguntar: ¿le cree usted a Florence Cassez?

No conozco a la persona. Lamento mucho la situación por su familia, debe ser muy duro para los padres de esta señorita, pero es un caso jurídico, ha sido revisado por la Suprema Corte, y yo la respeto, porque es independiente, no está bajo la influencia ni de Francia ni de los políticos mexicanos...

Motivó una crisis diplomática...

Pero la culpa usted sabe quién la tiene (se refiere a Sarkozy)…

Empieza con S y acaba con Y…

Exactamente. Ahora el asunto puede solucionarse, sobre todo para los padres de Florence, porque ella quizá tenga la oportunidad de purgar su pena en Francia.