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Rock en Radio UNAM

El Ángel Exterminador •

En sus 75 años de vida, la estación universitaria, además de su vocación por la música clásica, también ha incluido en su programación el género musical por excelencia de los últimos tiempos como se recuerda en el presente texto.

México • Primeros años de la década de los setenta. Para un beatlemaniaco primerizo que recién acababa de ingresar a la secundaria y que de revistas musicales sólo sabía de Notitas musicales (fresicales, como aprendió a llamarla después) e Ídolos del rock, el ver en el puesto de periódicos la revista Pop dedicada al concierto para Bangladesh que organizó George Harrison, resultó una tentación que debía ser satisfecha de inmediato, así que le pidió a su cabecita de algodón que le aflojara tres varos para comprarla.

Claro que luego luego se chutó el texto del concierto, pero al terminar de leer el resto del contenido tuvo el primer atisbo de lo que significaba la frase socrática “Sólo sé que no sé nada”. Porque los nombres de grupos y solistas que desfilaban ante sus ojos (incluidos algunos de los invitados de Harrison como Leon Russell) que nunca había escuchado, le hacían evidente su falta de cultura rockera haciéndole cuestionarse que estaban bien los Beatles, pero que era necesario abrir los oídos a otras cosas. Dada la siempre precaria situación económica familiar, resultaba impensable subsanar esta ignorancia comprando discos. Una íntima convicción se hizo presente en su alocada cabeza: en la frecuencia del radio a la que tenía acceso —obviamente AM, porque el FM tampoco estaba a su alcance— tenía que haber una estación que le permitiera escuchar a los grupos que recién había descubierto (y los que estaban por venir).

La primera que lo ayudó en esta empresa fue Radio Capital. Como la primaria la había estudiado en las tardes, de su programación sólo conocía las tres horas que le dedicaban a los Doors en las mañanas, ahora con la tarde para sí, descubrió la hora de los Rolling Stones y Estudiantes Doce Sesenta, programa con el que se reforzaron canciones de los sesenta que ya estaban en su inconsciente, en especial los de la primera Ola inglesa —Who, Kinks— y donde descubrió a algunos precursores del rock progresivo —Pink Floyd, Jethro Tull—. La llegada a la tierra prometida, sin embargo, fue cuando explorando el cuadrante, a las cinco y media de la tarde, dos estaciones adelante de Radio Éxitos se topó con La respuesta está en el aire que transmitía Radio Universidad. Programa diario, en cada uno de ellos se presentaba un grupo diferente. Diversos productores se alternaban y uno de ellos se volvió particularmente importante: el profesor Óscar Sarquiz, que si ahora es cuestionado por su participación en La Nacademia, en aquellos días era una fuente inagotable de conocimientos y de ejemplo de cómo escribir crítica de rock. Sarquiz además también podía leerse en Pop.

El formato de La respuesta está en el aire no duró mucho. Y después de un periodo de transición que hizo entrar en pánico al escucha, porque creyó que su oasis musical desparecería, regresó transmitiéndose cada tercer día en esta ocasión con el llano nombre de Rock en Radio UNAM. Sarquíz se mantuvo en la producción de los programas y entre sus compañeros hasta 1985, año en que el protagonista dejó de seguirla porque la vida exigió otras responsabilidades, se contaron Delia M, Remy Bastién, Walter Schmidt y el poeta Luis Cortés Bargalló. Con el tiempo, la estación llegó a incorporar otros programas rockeros en su, valga la rebuznancia, programación. Miércoles y sábados en la noche, y domingos en la mañana. (En sábado producía el director teatral Eduardo Ruiz Saviñón).

La suerte y privilegio de ser escucha del programa fue haber sido testigo de primera oída de movimientos que se fueron construyendo poco a poco —el progresivo y la new wave—, para los cuales había que ir desarrollando los aspectos teóricos, acaso más en el segundo caso. Por ejemplo, están las explicaciones de Sarquiz del porqué XTC y Talking Heads eran letrística y musicalmente los grupos más innovadores de la nueva ola (a ellos habría que agregar a Devo y B-52). Después descubrirá que alguien con mayor conocimiento musical como Lester Bangs, señalará que la revolución se debía a que usaban la disonancia, cuya antecedente inmediato en el rock era el disco Trout Mask Replica (1969), que Frank Zappa le había producido al Captain Beefheart y su Magic Band.

¿Cuántos grupos descubrió el memorialista en los alrededor de 24 años que siguió el programa? La cantidad puede sacarse haciendo algunas operaciones matemáticas, pero lo que más importa fue el crecimiento intelectual y de gusto al que se vio sometido. En la etapa inicial de su relación con la reverenciada estación de lo que sería su alma mater, recuerda a New Riders of the Purple Sage, nombre que se aprendió en sus lecturas iniciales de Pop, y The Grateful Dead y su Europa 72, pues ambos grupos se movían en el más puro estilo country & western, género de una simpleza exigente. Una lista de sus revelaciones más queridas es:

Close To The Edge (1972), de Yes, que como a tantos otros, incluyendo a los críticos argentinos, lo hizo creer que era lo máximo que había producido el rock (todavía faltaba llegar a King Crimson, los alemanes y los italianos).

Young Americans (1975), de David Bowie, uno de los discos más revolucionarios no sólo del artista más camaleónico del rock y el pop, sino de ambos campos. Bowie hace soul de ojos azules, y su elemento rítmico, aunque no se reconozca, directamente formará parte de la levedad y sabor de la nueva ola.

Seventeen Seconds (1980), de The Cure, aunque lo opaca la fama de Pornography (1982), considerado el punto de rock del dark, es uno de los álbumes fundadores del rock de los ochenta y su uso particular de la guitarra. En el programa lo anunciaban como “psicodelia de los ochenta”; subgénero en el que se incluía a los primeros Simple Minds, a Echo and the Bunnymen y a U2.

Vienna (1980), de Ultravox, acaso el trabajo más fino del tecno. La pieza epónima hizo que muchos antiguos escuchas del progresivo aceptaran en definitiva los nuevos sonidos.

Otros músicos que no pueden dejar de mencionarse son: Van Morrison y su buena vibra; y cuando todavía no nacía la expresión “rock progresivo” en la serie de programas “La magia y el rock” cómo olvidar el primer disco de Magma; toda la serie dedicada a los grandes guitarristas; la historia del blues; mucho Zappa; otros grupos antecedentes y contemporáneos del punk y la new wave como Jonathan Richman and The Modern Lovers, Tom Robinson Band, The Clash, Depeche Mode, Gang of Four, Killing Joke, Flying Lizards, Tuxedomoon, etcétera; la serie de programas sobre minimalismo preparados por Luis Cortés Bargalló (que Julio Estrada denominaba “música repetitiva”, y Walter Schmidt “música de Oriente-Occidente”, ambos refiriéndose al estilo de Steve Reich) que hacía notar su presencia en la música new wave. En fin. Sólo resta agradecer a la UNAM por mantener viva la estación y al rock en su programación; sin duda, continuará generando buenos escuchas.