Festival de Cine de Guanajuato: Sobreviviendo a Lucía
El Teatro Juárez de Guanajuato fue el escenario de la 'premiere' iberoamericana de 'Después de Lucía', una cinta mexicana intimista, fuerte y muy bien actuada que deja al espectador con el alma en vilo.
Guanajuato • Estoy sola, en un bar ubicado en la planta alta de un edificio antiguo del Jardín Unión, en la ciudad de Guanajuato. El destino me ha traído hasta aquí después de la función inaugural del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF). Después de Lucía fue la cinta seleccionada, y el Teatro Juárez la locación elegida para su premiere iberoamericana.
Recargada en una esquina, miro con inquietud a los numerosos jóvenes que se congregan en torno a una banda de rock progresivo. Algunos de ellos me observan a mí también. Estamos en un zoológico de humanos en donde cada quien mira por un cristal diferente a la otra especie. Tengo un vodka tonic en la mano, una flor roja en el cabello, un abrigo muy largo y ninguna compañía. Ellos, con sus 17, 18 años a cuestas, llevan diferentes estilos en su ropa, su cabello, su mirada. Van en manada y lo hacen latente. Algunos proyectan aún un poco de inocencia; otros, te retan a cada ojeada.
Me pregunto si serían capaces de cometer actos de crueldad hacia alguno de su raza o de otra diferente. Un escalofrío recorre mi espalda cuando una de las chicas —la que porta sudadera, tenis blancos y usa coleta en el cabello— me lanza un inquietante vistazo. Sorpresivamente y en mi imaginación, se convierte en una de las chavas de la cinta que acabo de ver, una de esas perras del mal que parecen carentes de alma y abusan sin misericordia de Alejandra, la protagonista.
Después de Lucía me ha tocado algún punto sensible. O varios. Cuando las luces del teatro se encendieron y el público comenzó a ovacionarla, yo no sabía si imitarlos o lanzar un grito de dolor. De hecho, pensé que entraba en esa clasificación tan mía de cosas (libros, discos, cintas, prácticas) que suelo llamar “las guácala-qué-rico”. Es decir, al verla no me sentía a gusto, quería salir corriendo, evitarme el dolor de los personajes, pero al final, luego de procesar lo que acababa de ver en silencio y también en voz alta, pensé que eso la hacía entrañable y una muy buena película. Creo que uno de los objetivos del arte es mover fibras, sentimientos, conciencias, ideas, y Michel Franco lo logra con éste, su segundo largometraje.
Me acabo rápidamente el vodka tonic que me sirvió un bartender muy acostumbrado a destapar cervezas. Lanzo una última mirada a esos chicos. Pienso en el joven fanático de Denver. Recuerdo las escenas de bullying que acabo de presenciar en el filme y que se quedan cortas frente a lo que puede suceder en la realidad. ¿Por qué puede ser tan cruel el ser humano? Peor aún, ¿por qué lo llegan a ser los más jóvenes? Salgo con prisa del lugar. Quiero caminar por las calles de Guanajuato. Quiero sobrevivir a Después de Lucía.
Con el alma en el cine
La historia de Después de Lucía se cuenta rápido: luego de enviudar, Roberto se muda con su hija Alejandra, de 15 años, de Puerto Vallarta a la Ciudad de México. Él trata de retomar su trabajo como chef y ella quiere ser una hija que no da problemas e, incluso, llega a cubrir la ausencia de su madre, pero en la escuela tolera abusos emocionales y físicos, así como humillaciones de todo tipo sin decir nada. Padre e hija, deprimidos, viviendo su luto como pueden, se separan cada vez más, mientras la violencia los rodea.
Su director, Michel Franco, los actores Tessa Ia (Alejandra) y Hernán Mendoza (Roberto), y el productor Marco Polo Constandse están sentados a la sombra de un árbol en una explanada del auditorio del estado. Les cuento mi proceso vivencial durante y después de su película, confiándoles que, al final, no solo mi balanza se inclinó totalmente hacia el “me gusta”, sino también comprendí que es una cinta excelente. Michel (Ciudad de México, 1979) me dice que “la reacción en México ha sido muy similar a la que se vivió en Francia y eso nos da gusto porque comprobamos que la película es universal y tiene que ver en cómo se ve reflejada la gente en ella. Supongo que por eso es que tú dices que es una película no del todo fácil. Pero es positiva en cuanto a que pone en la mesa temas interesantes de los que hay que hablar, y el cine nos puede ayudar a entenderlos, así como quiénes somos nosotros y qué estamos haciendo. Si además puede ser entretenida, qué mejor”.
La película trata temas que para él son importantes: “El luto, el bullying, la relación entre padre e hija adolescente, los problemas de comunicación (una constante con mi primera película) y la depresión”.
Para Tessa y Hernán, el proceso actoral no fue difícil. “Michel es un ser humano muy sensible inteligente. Se dieron las secuencias. Él dejaba la cámara en un lugar y nos daba algunas instrucciones, nos metía algunas ideas y dejaba correr hasta que decidía detener. Eso lo hacíamos dos o tres veces, seis o siete, y uno se empezaba a meter en esa atmósfera”, revela Mendoza. Tessa afirma que su personaje es un regalo “porque está llena de matices. Tiene un transición real, de ella superando la muerte de su madre, desde un punto de vista positivo, hasta que las cosas se salen de control”.
La cinta, ganadora del premio Una Cierta Mirada, del Festival de Cannes, no muestra lo peor del bullying. “El 50 por ciento de los casos de suicidio en adolescentes tiene que ver con este abuso. La mayoría de los casos son desconocidos por los papás. La violencia está fuera de la cámara. Pienso que tu reacción tiene que ver con lo que proyectan los personajes, el buen trabajo de los actores y con que el público reconoce que hay verdad en la cinta. Probablemente mucha gente después de verla querrá hablar con sus hijos, enterarse de lo que están viviendo, de quiénes son, con quién se juntan, y es algo que no consigues con una simple plática”, dice Franco.
La película, coincide Tessa, la tienen que ver los padres y los hijos. “Aunque no te toque vivirlo, está ahí, existe. A mí me invitaron a dar una plática sobre bullying en una primaria, porque los niños desde el primer grado están teniendo problemas al respecto”. Marco Polo Constandse va más allá: “Lo hay en la escuela, en el trabajo, entre adultos. Las redes sociales han modificado los esquemas de esta situación que siempre ha existido” y se ha magnificado, como bien dice Hernán, “porque no es lo mismo el chismito personal de antes con las imágenes que hoy se pueden tomar con un celular y transmitirlas a todos”.
“La depresión es otro de los temas principales. Mucha gente la vive, está medicada, eso lo reflejo en mi cinta, aunque no se ha comentado en entrevistas”, cuenta el director.
Hay mucho en la película que queda abierto a lo que el espectador quiera creer. Michel Franco suele dejar preguntas sin respuesta. Incluso en el título mismo hay un paréntesis. Se da por hecho que Lucía es la madre, pero aunque aparece en el título, el nombre nunca se menciona durante la cinta.
En octubre se realizará el estreno en salas de cine de Después de Lucía y se harán, a la par, eventos relacionados con el (insospechado al inicio) lado educativo de su trama.








