Diego Rivera y Bond (sí, James Bond)
Una historia de la vida real sobre la bella protagonista de un retrato pintado por el muralista mexicano y que a la vez fue la primera chica del Agente 007.
• El pasado noviembre, la casa de subastas Christie’s de Nueva York ofreció a la venta el Retrato de Linda Christian, de Diego Rivera. Como la obra del artista es patrimonio nacional, se vendió a un residente mexicano y no se reveló quién fue el comprador, solamente que se trataba de un coleccionista privado. Pago por el óleo 578 mil dólares y medio, muy por encima del precio estimado (entre 250 y 350 mil dólares).
El retrato llamó mucho la atención por ser hoy poco conocido, y porque su personaje, su creación y procedencia están llenos de historias interesantes.
Se trata de una imagen de la tampiqueña Blanca Rosa Henrietta Welter Vorhauer. Blanca Rosa había aspirado a ser médica, pero tras un encuentro fortuito con Errol Flynn en Acapulco, se volvió su amante y de paso fue contratada por la MGM, que la rebautizó como Linda Christian. Sí, en efecto, la cuñada de Enrique Guzmán, reconocida en el mundo entero por su nombre artístico, que apareció en películas hollywoodenses como Slaves of Babylon, The Happy Time y con Cantinflas en Holiday in Mexico. Aunque nunca logró ser una gran estrella de cine, Linda se volvió famosa mundialmente por su belleza.
Un mes después de que la explosión en Hiroshima marcó el ‘triunfo’ estadunidense en la Segunda Guerra Mundial, la MGM apodó a Christian “la bomba anatómica” y la revista Life publicó con ese título su fotografía en bikini. Cuatro años más tarde, apareció fotografiada en Vogue. Ese mismo año, Tyrone Power abandonó a su esposa y a su amante, la bella Lana Turner, por ella.
La boda de Christian y Power fue en una iglesia junto al Coliseo en Roma, frente a “cientos de invitados y más de 10 mil fans enloquecidos”. La audiencia de la pareja con el Papa Pío XII en el Vaticano, así como los nacimientos de sus dos hijas, los embarazos fracasados y los affairs de ambos durante el matrimonio y tras su divorcio, fueron extensamente reportados por la prensa alrededor del planeta. Además, Christian estelarizó la adaptación para TV de la novela Casino Royale, de Ian Fleming. En efecto, fue la primera chica Bond, sí, ¡la primera chica de James Bond!
Rivera retrató a muchas mujeres bellas: a Paulette Goddard, a Dolores del Río, a María Félix. Tenía debilidad por ellas. Pero todas le salieron mal. Es increíble, pero no solo se ven feas y rígidas, parecen pintadas por un aficionado.
Lo que sucedería con Linda fue otra historia. Rivera la conoció en los años cuarenta. La retrató varias veces. Hoy solamente se conocen dos retratos realizados en 1947. Uno, de cuerpo entero en el que Christian inicialmente apareció desnuda en la playa y al que luego Rivera tuvo que agregarle un bikini. Y el torso de la subasta, la única pintura en la que El Sapo logró capturar y exagerar la belleza de su modelo.
Rivera hizo este retrato cuando se filmaba Tarzan and the Mermaids en Acapulco, cinta en la que ella representaba a la dama que había sido secuestrada en una jungla africana y de la que el héroe, interpretado por Johnny Weissmuller, la rescata. El contexto exótico de la cinta, seguramente inspiró a que El Sapo pusiera a Christian en el óleo dentro de un paisaje denso, exuberante y multicolor lleno de orquídeas y tulipanes.
Sin duda, la veinteañera despertó las ansias sexuales del gordo sesentón que la supo retratar en todo su esplendor. En colores cálidos y brillantes, le puso ojos y labios enormes, y cuello, brazos y dedos exageradamente alargados. Inicialmente, Rivera pintó su torso desnudo. La madre de Christian se opuso y el artista, obediente, lo repintó cubriendo a la modelo con una blusa de encaje que se cae de sus hombros. Claro, más tarde, Rivera reajustó la blusa para que los pechos redondos se transparentaran completamente. Para colmo, incluyó a un lado de la modelo un par de picaflores besándose y bajo su torso un tulipán abierto sugestivo de la vulva femenina. El óleo es muy provocativo. Es un pin-up muy exótico, muy sensual, muy pornográfico y sobre todo, MUY, PERO MUY, cursi.
Linda Christian fue dueña de la pintura y puso su reproducción en la cubierta de su autobiografía. El óleo pasó a manos del barón Enrico di Portanova, un joyero italiano de título aristocrático dudoso, que repentinamente se convirtió en uno de los anfitriones más famosos del jet-set cuando heredó millones y millones de dólares de su abuelo Hugh Roy Cullen, un magnate petrolero texano, al que nunca conoció.
Portanova tal vez colgó el retrato en su Villa Arabesque. Hubiera sido lo más adecuado: el retrato de la primera chica Bond en una de las mansiones de Acapulco más exóticas por su estilo árabe y su enormidad, que falsamente se rumoraba era del Sha de Irán; en donde se filmó License to Kill, protagonizada por Sean Connery; y en la que los Portanovas entretuvieron a muchísimos personajes de la nobleza, la política y el estrellato.
Más allá de las cualidades estéticas de la pintura, que son bastante cuestionables, la obra es, sin duda, un objeto coleccionable para el que recuerda con nostalgia la época dorada de Hollywood y de Acapulco y para los fans del Agente 007 especialmente en este año en que se celebran 50 años las películas de James Bond. Lo dicho, su dueño actual es por lo pronto, otro enigma que rodea a la imagen.








