Silvio Rodríguez: canto por la justicia social
Uno de los fundadores del movimiento iniciado en 1972 habla sobre su impacto en Cuba y en otras latitudes, así como su vigencia.
“Yo no hice el acta de nacimiento de la organización que se fundó en 1972”, dice el músico.
Managua • Resultó más fácil de lo esperado. Unas cuantas preguntas, una dirección electrónica y en un par de días la respuesta de Silvio Rodríguez a vuelta de email. Sin poses ni frases recicladas, el famoso trovador cubano habló de sus canciones, de los nuevos géneros en su país “multimusical”, y de la necesidad de “un equilibrio” para superar la burocracia y la indolencia de muchos cubanos, a quienes ha criticado por impedir la “evolución” hacia una Cuba mejor.
También comenta, sin recriminaciones, la salida de la isla de su ex compañero de canto Pablo Milanés, con quien un día fundó la Nueva Trova Cubana, el movimiento que marcó un antes y un después en la canción revolucionaria latinoamericana y que este año cumple cuatro décadas de existencia.
–En Cuba están festejando los 40 años de fundación de la Nueva Trova. Según como se mire, pueden ser muchos o pocos, aunque es de imagen que para la cultura y la revolución cubana, este aniversario no es poca cosa. ¿Qué impacto tuvo este movimiento de trovadores en tu país y en América latina?
“El Movimiento de la Nueva Trova se creó en la ciudad de Manzanillo, en diciembre de 1972, por acuerdo de un segundo encuentro de jóvenes trovadores. Lo cierto es que nuestra generación hacía cinco años que hacía canciones y se relacionaba. Pero institucionalizarnos nos permitió hacer festivales y encuentros en diferentes lugares del país, hacer giras, intercambiar canciones, ideas, vincularnos a otras formas de hacer música.
“También por entonces se hizo un programa de televisión semanal y trabajamos para galas artísticas que celebraban fechas, sobre todo patrióticas. El hecho de ser un movimiento, una organización, quizá no nos hizo mejores artistas (eso era algo que le correspondía a cada cual como esfuerzo individual), pero nos dio un nombre y sobre todo para el exterior de Cuba, nos convirtió en una referencia del proceso revolucionario.”
De hecho, para una generación entera, para miles de jóvenes que en los años de 1970 y 1980 soñaban con ser guerrilleros y hacer revoluciones, ellos –Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú y los ya fallecidos Noel Nicola y Sara González– eran vistos como los “embajadores culturales” de Cuba, los referentes de una era donde la utopía se mostraba al alcance de la mano. Por eso surge una pregunta es inevitable:
–¿Cómo interpretas la salida de Pablo Milanés de Cuba para establecerse en España? ¿Consideras que sus duras críticas al gobierno cubano lo convierten en un desertor, en un traidor?
“Las andanzas que evocas ocurrieron hace más de un cuarto de siglo. Y sin duda eran otros los que nos veían como “embajadores culturales”. Nosotros nos veíamos como dos trovadores que se juntaban para hacer presentaciones. Constantemente yo hacía lo mismo con Noel Nicola, o con Vicente Feliú.
“Por otra parte, siempre he considerado que todos tenemos derecho a vivir donde queramos. Tengo gente querida en muchas partes, empezando por la Florida. Yo viví todo un año en París y no creo que eso me haya convertido en algo feo.”
–¿Qué ha pasado con el cubano y las cubanas de a pie en estos 40 años, y qué ha pasado también con el "Silvio de a pie" que en 1972 dio el acta de nacimiento a la Nueva Trova?
“Pues han pasado muchas cosas, dependiendo de las características de cada cubano, de lo que haya logrado superarse, y también de la suerte que haya tenido. Yo no hice el acta de nacimiento de la organización que se fundó en 1972. Sólo fui uno de los muchos trovadores que estuvimos allí y vimos en aquello la posibilidad de hacerle justicia a mucho talento que había desperdigado por la isla.
“Por entonces los viejos trovadores eran los artistas peor pagados de toda la cultura. Nuestra intención al apoyar aquella idea era hacer justicia a todo el mundo, por eso en nuestros festivales participaban músicos de diversas edades y estilos.
“Respecto a mí, en estos 40 años he cambiado, sobre todo de aspecto. En ideas puede que también haya madurado un poco, pero básicamente continúo convencido de lo mismo que entonces: la necesidad de justicia social que sembró en mí la Revolución de 1959.
Otra cosa que no he abandonado es la preocupación por superarme y por ser útil.
Entonces lo veía como la forma de conseguir un arte a la altura de la instrucción que pretendía mi país, y que sin dudas después consiguió. Hoy día, tratando de hacer lo mismo, realizo dos conciertos todos los meses en los barrios más necesitados, en zonas periféricas donde el trabajo cultural, lamentablemente, no suele abundar.”
A sus 65 años cumplidos en noviembre pasado, Silvio Rodríguez ha recibido numerosos premios internacionales, entre ellos el doctorado Honoris Causa de la Universidad Veracruzana, conferido en Xalapa hace dos años. México es para él, como dijo alguna vez, “un crisol de culturas”, un país del que reconoce haber recibido afecto durante décadas, desde todos sus rincones.
Autor de más de 540 canciones, sus temas han sido traducidos al inglés, francés, italiano, catalán, portugués, sueco, chino, japonés y alemán.
–Entre todas tus canciones, ¿existe alguna preferida por ti, que te siga emocionando al cantarla? Y al contrario, ¿hay algún tema que ya no te inspire cantar, o que te arrepientas de haber escrito?
“A veces hallo frases, o notas, o acordes, expresiones que me hubiera gustado que me salieran más logradas, pero hasta el día de hoy no me arrepiento de ninguna canción que haya escrito.”
En su página web “Zurrón del aprendiz”, estrenada en mayo de 2011, Silvio Rodríguez se identifica como “trovador y dibujante”, y se entrega a sus fans ofreciéndoles un recorrido por su vida misma: biografía, discografía, entrevistas e incluso fotos tomadas por el músico que se han incluido en la sección “Tu imagen”. En otra sección, llamada “En busca de un sueño”, el artista comparte las letras de una gran cantidad de canciones inéditas.
También se encuentran textos diversos en su sitio web. Uno de ellos, bajo el título
“Introducción a mis canciones”, refiere: “Empecé creyendo que las canciones podían ser compañeras de congojas y dichas. No mucho después, ya soñaba que podían ayudar al mundo a ser mejor. Desde aquellos días hasta hoy ha transcurrido algo más de cuatro décadas, lo que para muchos pudiera ser toda una vida. Desde hoy veo que por haberme hecho cantor, me ha sucedido casi todo”.
“Pero mi mejor suerte no consiste en haber acertado cuando decidí mi camino, sino en la calidad y cantidad de personas que han aprobado mi elección. Puede que existan muchas ilusiones, pero yo estoy seguro de una cosa: mis canciones han ido más allá y también más acá de lo que imaginé. Tanto, que, entre ellas y yo, a veces no se sabe quien imagina y quién realiza”, confiesa en el mismo texto.
–Del trovador popular Sindo Garay -sin duda una de tus raíces musicales como lo has dicho en muchas ocasiones– a la música que la juventud cubana escucha hoy en la isla, ¿qué camino ha recorrido la canción, incluida la tuya, en estas cuatro décadas?
“En estos momentos hay mucho hip-hop en Cuba, y salsa, y reggaetón, y música de cámara, sinfónica y coral. Somos un país multimusical. Y por supuesto la trova también conserva su vigencia. No te puedo decir que sea la música más divulgada, pero sí que hay programas, incluso de televisión, que difunden sobre todo a los más jóvenes.
“También siguen existiendo peñas, agrega. El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, que dirige Víctor Casaus, abrió espacios importantes para los trovadores y lleva más de diez años grabando sus conciertos.”
Elegido en 1993 diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular (Poder Legislativo unipartidista), Rodríguez abandonó su carrera parlamentaria en 2010, tras admitir que “no fue alegre la cosa”. Pocas semanas después alzó su voz para pedir públicamente la revisión de errores, conceptos e instituciones del sistema cubano, proponiendo superar la “erre” de la revolución con vistas a una “evolución”.
Y retoma esa propuesta en la canción “Sea señora”, incluida en su último disco “Segunda Cita”, donde cuestiona lo gastado del sistema aunque rescata los conceptos originales de la revolución y sus precursores.
A desencanto, opóngase deseo.
Superen la erre de revolución.
Restauren lo decrépito que veo,
pero déjenme el brazo de Maceo
y, para conducirlo, su razón.
–Son conocidas tus críticas a la burocracia, la ineficiencia y hasta la indolencia de la población cubana frente al trabajo, por no hablar de los grandes retos que el mando cubano sigue advirtiendo hay todavía por delante para mejorar el nivel de vida en la isla. ¿A qué atribuyes esta actitud? ¿A que no existe la competencia que motiva el "sálvese quien pueda" del capitalismo? Porque si es un asunto idiosincrático, como país, como cultura, el pronóstico de mejora puede ser muy pesimista…
“La crítica no es patrimonio del antagonismo. Nada logra avanzar sin examinarse. Y respecto a la competencia: emular es bueno porque despierta el deseo de superación. Reventar al rival ya es otra cosa. Hay que buscar la dosis de iniciativa que saque lo mejor y pare lo peor de nosotros mismos.
“Hay que intentar el equilibrio, posiblemente con leyes y con mecanismos que la sociedad controle y verifique. Y si hay que controlar y verificar a esos mecanismos, pues hay que hacerlo. Hasta ahora el hemisferio occidental sólo conoce sociedades de conceptos opuestos. Los fallos de los extremos tienen que arrojar alguna enseñanza. Si no, somos imbéciles.”
–Hace 40 años tenías 25. Te has mantenido fiel a tus ideas y al liderazgo de la revolución, con Fidel y Raúl Castro a la cabeza. ¿Cómo imaginas será Cuba en los próximos 30 años?
“Espero que sea como lo deseen los que la vivan.”
Abro los ojos *
Abro los ojos y estoy sobre una sábana muy blanca. A un lado tengo un escaparate de tres puertas y al otro un tocador de media luna, donde me veo boca arriba. Estoy con la cabeza hacia los pies y observo que tras el lecho hay una ventana. Entonces me incorporo y con pasos temblones voy hasta el respaldo, donde intento subirme; caigo y ruedo varias veces, hasta que lo consigo. Desde esa altura mis manos siguen subiendo por la pared, hasta el marco. Me afianzo y tenso los brazos, pero no pasa nada. Hago un segundo esfuerzo y mis ojos se van elevando hasta ver más allá de la abertura. Lo que se ve no tiene nombre, así que no pienso en árbol sino en un revoltijo que me asusta.
Tan pronto vuelvo a la cama mi madre abre la puerta y entra desde la intensa luz de afuera. Trae un plato con un huevo frito y un plátano maduro. Hunde lascas del plátano en la yema y me las brinda como almuerzo. Me fijo en sus uñas rojas, como la boca. Noto que el creyón transgrede el borde de sus labios, describiendo dos arcos perfectos que en realidad no existen. La primera clase de ficción de mi vida me la enseña una insatisfacción de mi madre, que hubiera querido tener la boca más carnosa. Es una joven delgada, de unos 20 años, con una saya circular muy ancha. Pero yo no la veo ni joven ni vieja y mucho menos defectuosa: es mi adorable mamá que me da de comer.
Mientras trago, recuerdo el sueño que estrené, sin saber que me perseguirá durante parte de mi vida, sin sospechar que es mi primera fantasía recurrente: un mundo donde no existen casas ni calles ni árboles ni nada. Sólo gente, mucha gente apretada junto a la otra, con los brazos en alto, pasándome de mano en mano hacia el mismo paisaje infinito. Un sueño en el que se respira deuda saldada, como cuando un buen día nos liquidan todo, absolutamente todo lo que nos deben, y suspiramos diciendo: al fin.
Nadie pregunte cómo es que tan temprano podía soñar que el mundo me debía alguna cosa. Para mí es un misterio.
No supe que eran mis primeros recuerdos hasta que un día se los conté a mi madre. Me dijo que eran de cuando vivíamos en La Calle Ancha de San Antonio, cuando se había separado de mi padre por primera vez y el marido de su hermana Quira, propietario del solar, le había alquilado aquel cuartico. Yo no llegaba al año.
Décadas después, seguido por la cámara de Guillermo Granillo, caminé por la destartalada galería que daba acceso a aquella habitación de mi infancia, mientras Arturo Ripstein dirigía la escena en la que yo debía llegar a la misma puerta por la que mi madre había entrado a alimentarme, aquella remota mañana en que el sol iluminaba sus espaldas.
Arturo, que no sabía lo que acabo de contar, me había dicho que cuando llegara al cuarto pasara la mano por la puerta, como rememorando. Él nunca supo que aquel primer recuerdo vivía agazapado en la vieja madera y que entró por mis dedos como un torrente de visiones.
Hoy volvió a aparecer, muy preciso, en esta mañana del futuro en que por fin me he sentado a escribirlo.
* Texto de Silvio Rodríguez publicado en su blog Segunda Cita, el 24 de mayo de 2012.
Preguntas de un trovador que sueña *
A Bertolt Brecht, por sus “Preguntas de un obrero que lee”
Si el flautista de Hamelín partiera con todos
nuestros hijos ¿comprenderíamos que se nos va el
futuro?
Si ese futuro que se nos va supiera adónde lo
lleva el flautista de Hamelín ¿partiría con él?
Si un huelguista de hambre exigiera que
Obama levantara el bloqueo ¿lo apoyaría el Grupo Prisa?
Si los miles de cubanos que perdimos familia
en atentados de la CIA hiciéramos una carta
de denuncia ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?
Si algunas firmas meditaran antes de
condenar las cárceles ajenas ¿resultarían incólumes las
propias?
Si un líder del norte es un líder
¿por qué es caudillo el que nació en el sur?
Si la política imperial es responsable de
algunas de nuestras desgracias ¿no deberíamos
liberarnos también de esa parte de la política imperial?
Si condenamos la guerra fría ¿nos referimos a
toda o sólo a la porción ajena?
Si este gobierno ha sido tan malo ¿de dónde
ha salido este pueblo tan bueno?
Aborto (marque con una cruz):
asesinato, hedonismo, piedad
Homosexuales (marque con una cruz):
Elton John advierte que Cristo era gay
¿Quién le importa al PP? (marque con una
cruz):
¿Zapata o Zapatero?
Si la Casa Blanca devolviera Guantánamo y
acabara el embargo ¿qué posición (común) adoptaría
el Kama-Sutra europeo?
Si el que hoy maldice ayer bendijo
¿con quién pasó la noche?
Si de veras nos haría tanto daño una amnistía
¿por qué no me lo explican?
Si la suma de ambas intransigencias nos
extingue y la nada baldía nos arrastra al pasado ¿nuestros
hijos tendrán lo que merecen?
¿Qué pasa con los negros? ¿Qué pasa con los
amarillos? ¿Qué pasa con los blancos? ¿Qué pasa con los
rojos, con los azules e incluso con los hombrecillos
verdes?
Si alguien roba comida y después resulta que
no da la vida ¿qué hacer?
Si otro Martí naciera entre nosotros ¿podría
ser emigrante, rapero, cuentapropista, ciudadano
provincial en una chabola periférica?
Patria, Universo, Vida, respeto al semejante
y todos Venceremos un poquito.
*Texto de Silvio Rodríguez publicado en su página web zurrondelaprendiz.com, el 21 de marzo de 2010.








