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El sexódromo: Con orgasmos por medallas

El Ángel Exterminador •

Siguiendo la misma idea de erotismo y deportes, durante el Mundial en Sudáfrica publiqué una columna en donde hablaba del comportamiento de los turistas frente a las modificaciones que, a nivel cachondo, se dan en ciudades y países donde se realizan gestas deportivas.

México • En este espacio he hablado en un par de ocasiones sobre el asunto de los encuentros eróticos una noche antes de un partido de futbol o una competencia olímpica, poniendo ejemplos tanto de aquellos entrenadores que no permiten que sus jugadores se relacionen con sus parejas o conquistas de ese día, como de aquellos que, por el contrario, dejan que las compañeras de los atletas compartan con ellos el colchón durante las concentraciones.

Mi conclusión ha sido que, como diría un viejo dicho publicitario, “nada con exceso, todo con medida”. Cuando se tiene el compromiso de buscar el triunfo en algún deporte, por lógica no se va a pasar la noche en vela, dale que dale al agasajo, gastando las reservas de energía, agotando cada músculo, quedando medio atontado por el placer que llega en avalancha. Pero un ratito, así, tranquilón, con aquel o aquella que provoca nuestras mareas más intensas, nunca está de más. De hecho, si los deportistas, unas 24 horas antes de su competición, llegaran al clímax erótico sin mucho esfuerzo, tendrían grandes aportaciones a su estado de ánimo, su salud y su energía.

Si seguimos la idea de que ganar una prueba física no solo se basa en la habilidad para dominar la disciplina o el coco wash del entrenador, sino también a un estado integral de bienestar, entonces entenderemos lo que señalo, ya que un orgasmo alivia el estrés (un estudio realizado en Escocia descubrió que los participantes más activos sexualmente eran mucho mejores para hacer frente a situaciones de estrés controlado, que los que se abstuvieron); ayuda a dormir bien (la oxitocina que se libera durante las relaciones sexuales actúa como un sedante) y estimula el sistema inmunológico (aumenta la producción de un anticuerpo llamado inmunoglobulina A o IgA, que protege el cuerpo contra infecciones como el resfriado común y gripe).

También protege el corazón (si se tienen tres encuentros a la semana, es posible reducir a la mitad el riesgo de ataques cardiacos o un derrame cerebral); mejora la confianza, combate la depresión y te mantiene joven (se ha comprobado que puede frenar el proceso de envejecimiento: cuando llega el orgasmo, el cuerpo segrega la DHEA, una hormona conocida por mejorar la salud del sistema inmunológico, la función cognitiva y ayudar a la reparación de tejidos que mantienen la piel saludable). ¿Alguna otra cosita? Ah, sí, mejora la autoestima (porque te hace sentir querid@, guapísim@) y te pone una sonrisota en la cara). Entonces, podemos decir que sexo y competiciones son compatibles, pero sin exagerar.

Siguiendo la misma idea de erotismo y deportes, durante el Mundial en Sudáfrica publiqué una columna en donde hablaba del comportamiento de los turistas frente a las modificaciones que, a nivel cachondo, se dan en ciudades y países donde se realizan gestas deportivas. Les recomendé a los visitantes que no olvidaran sus condones ni se les ocurriera hacerse un tatuaje a manera de souvenir en quién sabe donde. También, que tuvieran cuidado con el tráfico de menores y (no olvidemos que la Copa Mundial fue en Sudáfrica) las violaciones.

Descubrí entonces que me hacía falta hablar de aquellos atletas que no van a competencias deportivas ni buscan una medalla de oro ni de plata, ni quieren romper la piñata del erario después de algún logro olímpico, sino que son héroes y heroínas del día con día que saben darle condecoraciones con forma de besos, caricias, orgasmos y alegrías a sus parejas.

Los hay, déjenme decirles. Y de acuerdo a un estudio del Departamento de Urología de la Universidad de Emory, en Estados Unidos, los deportistas tienen mejor sexo que los sedentarios. Otros estudios ya habían evaluado la relación entre la práctica de actividad física y la función eréctil en hombres obesos o de edad, pero resulta que también sucede con personas jóvenes y saludables.

Tras analizar la función eréctil, orgasmo y satisfacción sexual de los participantes, los científicos concluyeron que los mejores resultados correspondieron a quienes practicaban deporte intensamente, con un gasto calórico superior a las mil 400 kilocalorías semanales (correr de ocho a diez kilómetros por hora implica gastar 500 calorías).

Los beneficios de la actividad física no alimentan discriminación sexual alguna: investigadores de la Universidad de Ankara, Turquía, demostraron que el ejercicio regular incrementa el flujo sanguíneo en el clítoris y mejora la función sexual femenina.

De acuerdo con el registro, 25 jugadoras de voleibol de 20 a 45 años, sexualmente activas y que entrenaban un mínimo de cuatro horas diarias, respondieron a un cuestionario sobre su vida sexual y se sometieron a una ecografía Doppler que midió su caudal sanguíneo clitoriano.

Los científicos turcos compararon los resultados con los obtenidos por mujeres sanas de la misma media de edad, pero que limitaban su vida deportiva a dos horas semanales. Según los resultados publicados en el Journal of Sexual Medicine, el ejercicio regular incrementó el flujo sanguíneo en el clítoris, un órgano sexual eréctil que interviene activamente en la regulación del placer femenino durante la excitación y orgasmo.

Además, durante el encuentro sensual se multiplican las endorfinas, también conocidas como “las hormonas del placer”, las cuales se liberan durante la práctica del ejercicio y, si después de éste se tiene un “round sin calcetines”, entonces es muy probable que se disfrute mucho más que si se pasa de la inactividad total a un rapidín con flojera.

Tanto en el caso de las mujeres como de los hombres, el ejercicio ayuda a tener un cuerpo flexible que favorece la predisposición a enroscarse con otro cuerpecito del deseo, a hacer manchincuepas y lograr posturas que se antojarían imposibles. Todo esto mejora la autoestima, así que uno brinca con más alegría al colchón de alguien más.

De acuerdo con los datos relevados por el equipo de la División Urología del Hospital de Clínicas de la UBA, entre 41 y 49 por ciento de los hombres mayores de 50 años presentan algún tipo de disfunción sexual, el cual, en algunos casos, tiene que ver con el estilo de vida que llevan. Si siguen una dieta saludable y realizan alguna actividad física, pueden llegar a disminuir la grasa visceral, mejorar la función vascular y controlar la hipercolesterolemia, el sobrepeso y la hipertensión, factores que influyen en la erección.

Entonces, amigos y amigas, les pido que se cuiden. No se trata de volverse atletas incansables ni de romper un récord Guinness creyendo que con eso alcanzarán el cielo tisú de la seducción. Es, más bien, un asunto de moverse, de mantener su cuerpo alerta, en buen estado, comer bien, hacer ejercicio, buscar aquello que los estabilice espiritual y emocionalmente y, sobre todo, ponerle harto amor y harta enjundia a su vida. Verán que con eso estarán muy cerca de poder ganar —u otorgar— unas medallotas de oro que pa’ qué les cuento…