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La Chamana oficia en Garibaldi

¡hey! •

Por la tarde llegó el féretro con la cantante Chavela Vargas a la plaza donde hace años, según testimonio del mariachi Pepe Jaco, la cantante llegaba con José Alfredo Jiménez. Unas tres mil personas rinden homenaje. En su memoria cantan el mariachi de la SSP-DF, Eugenia León, Lila Downs y Tania Libertad

Ciudad de México • La carroza fúnebre rueda sobre el eje vial Lázaro Cárdenas, avenida que hace años llevó el nombre de San Juan de Letrán y que en un tiempo recorrió Chavela Vargas, cuyos restos, ahora, viajan en el féretro caoba que traslada ese carro negro que, lento, se abre paso y entra a la plaza de Garibaldi, donde puñados de personas aplauden y otros sorben tequila y mezcal en el museo que lleva el nombre de esas bebidas.

Los apiñados admiradores lanzan aplausos sin cesar y repiten el nombre de la cantante, aquella que fuera amiga de Diego Rivera y Frida; la misma que fue presentada por el cineasta Pedro Almodóvar a un paisano suyo, el cantautor Joaquín Sabina, quien luego se hiciera amigo íntimo de ella, de origen costarricense pero mexicana, y que hace horas, al saber de su muerte, derramó lágrimas en España.

Le cantaba Sabina:

“Por el Bulevar de los sueños rotos/ moja una lágrima antiguas fotos/ y una canción se burla del miedo. /Las amargura no son amargas/cuando las canta Chavela Vargas/ y las escribe un tal José Alfredo”.

Y fue aquí, donde Chavela Vargas, recuerda Pepe Jaco, venía con José Alfredo y otros, allá por los años 50, a echarse sus tequilas y luego él y sus muchachos los acompañaban a Tacubaya, donde la cantante se reunía con otras amistades.

Es un relato del propio cantante y compositor Pepe Jaco, de 80 años, director del mariachi Los Llaneros de Jalisco, quien muestra su credencial de la Asociación Nacional de Actores, ANDA, como para darle mayor credibilidad a lo que dice este hombre que asegura haber participado en 37 películas.

—Estábamos una o dos horas con Chavela; nos pagaba a 100 pesos la hora; un dineral para aquellos tiempos. Éramos diez elementos – recuerda Pepe Jaco, de baja estatura, quien trata de observar el paso de la limusina, pero es imposible, pues la valla humana es demasiada grande.
Y aplausos y gritos.

“¡Cha-ve-la, Cha-ve-la!”, corean. “¡Te amo, Chavela!”, se escucha entre la multitud que se agolpa y trata de aproximarse al carro fúnebre, escoltado por agentes de tránsito de la Secretaría de Seguridad Pública del DF.

Fotógrafos y camarógrafos se agolpan. Un hombre, mientras tanto, pide “mesura” a la prensa y los muchachos de la lente; luego, ante la imposibilidad, exige respeto por la difunta, cuyos restos, dice, llegan a “esta capilla ardiente”, que en realidad están bajo un cobertizo.

Y empieza a lloviznar.

Nada importa. La gente sigue llegando. Quiere estar lo más cerca posible. Unas barreras metálicas, sin embargo, delimitan espacios. “Pedimos un poco de mesura”, exige por enésima vez el del micrófono, refiriéndose a fotógrafos y camarógrafos. Entonces alguien del público comienza a gritar: “¡Fuera prensa, fuera prensa!”

Y un coro lo sigue.

Y la misma voz que del anterior abucheo, agrega: “¡Fuera Televisa, fuera Televisa, fuera Televisa!” Y el mismo puñado corea lo que aquél dicta.
Y aquello se aplaca.

Pero la lluvia continúa.

Y sin embargo eso no es motivo para ahuyentar a los seguidores que ya empiezan desbordar la plaza, muchos de los cuales, a eso de las ocho de la noche, no tienen más opción que ver la pantalla gigante que refleja las imágenes del mariachi de la Secretaría de Seguridad Pública del DF, cuyos cantantes, hombre y mujer, interpretan algunas rancheras, como Paloma negra y Los mariachis callaron, entre otras.

“¡Te amo, Chavela!”

Y más aplausos.

Y la gente forma largas hileras para pasar ante el féretro. Por fin parece que hay orden. La directora de una dependencia del gobierno local pronuncia un discurso y dice ser portadora de un saludo del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, y menciona nombres de otros personajes, pero por poco se le olvida mencionar el de Consuelo Sáizar, presidenta de Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, quien había llegado poco antes de que arribara el cortejo fúnebre.

La funcionaria del GDF, que también lee un poema dedicado a la difunta, alarga su discurso, de modo que por ahí surge un silbido, como enfado de su verborrea, pues la gente sabe que cantantes famosas participarán en el homenaje, por lo que la disertante da por terminada su alocución.
Y llega el momento de que se presenta Eugenia León, quien, seguida de aplausos, interpreta algunas clásicas que gustaban a La Chamana.

Le sigue Tania Libertad, extasiada ante la multitud que rodea el féretro; luego, Lila Downs, quien poco antes, a la intemperie, tras el cobertizo principal, canturreaba con el mariachi Gama.

Cada quien por su lado interpretan Cruz de olvido, Volver volver y Un mundo raro, entre otras, y más tarde lo hacen en trío.

Y otra vez la lluvia.

Pero eso no importa.

Aquí la gente goza y llora.

Y al fondo, como testigo, la agigantada figura de una mujer a la que Sabina, su amigo del alma, le cantara:

“En el bulevar de los sueños rotos/vive una dama de poncho rojo / pelo de plata y carne morena/Mestiza ardiente de lengua libre/ con voz de rayo de luna llena”.
Y aquí la noche avanza.