El obturador del gringo

Jalisco •

Un estadunidense al que Guadalajara adoptó sin ningún problema, presenta un libro con imágenes de las principales bandas locales e internacionales de diversos géneros. Antes era maestro, ahora es un fotógrafo de conciertos en toda la extensión de la palabra.

Guadalajara • Primer acto. En el punto de reunión oficial de los medios locales para acreditarse minutos antes de cualquier concierto, llega un estadounidense originario de Seattle, fácilmente reconocible por su tez blanca fantasmal y su cabeza rapada. Los encargados del evento le preguntan de cuál medio impreso, página de Internet o televisora viene; con cara de angustia, el “güerito” aludido —de nombre Marshall— no sabe qué decir, pero comunica al emisor de la pregunta que le dé oportunidad de entrar, que necesita tomar fotos de la banda que toca esta noche. “No se puede, necesitas estar en la lista para ingresar. ¿Con quién hablaste?”, es la letanía recurrente que reciben sus oídos.

Segundo acto. Minutos antes de que arranque el concierto, Marshall llega con paso apresurado a la zona de fotógrafos, generalmente al pie del escenario. Se coloca sus cubre oídos (para debilitar los altos decibeles del sonido amplificado) y alista su cámara. Cuando apagan las luces, Marshall ya está con su dedo sobre el botón que acciona el obturador.

Hace más de tres años, Marshall llegó a Guadalajara sin saber a ciencia cierta qué hacer en este extraño país. Ni siquiera conocía el idioma. “Bueno, tenía frases como ‘Buenos días, buenas noches’ o ‘¿Me das una cerveza?’, pero nada más. Tuve mi primera novia mexicana y me enamoré. Pero cada historia tiene su final”, apunta Marshall con voz irónica. Enseguida, tomó una cámara. A base de clicks se fue abriendo camino. Después de “tocar, tocar y tocar puertas hasta que alguien me dejara entrar a los conciertos”, Marshall ve cristalizado uno de sus sueños: aglutinar alrededor de 400 de sus mejores instantáneas de bandas nacionales y extranjeras y presentar el libro Rock tapatío en ¡vivo!: Imágenes de un nuevo siglo, con prólogo del crítico de música Enrique Blanc y dividido en siete capítulos.

Lo anterior sucede tras varias vueltas —algunas duras— de la famosa tómbola de la vida. “Fueron tres años echándole ganas y no aceptando un ‘no’ como respuesta a lo que me proponía. Soy una persona de metas y hago lo necesario para conseguirlas. Los retos y desafíos me gustan”. Durante la presentación estará acompañado de todos sus nuevos amigos tapatíos —que son bastantes— y tocarán en vivo las bandas locales de Movus, Voltio, Los Caníbales y Clondementto.

“Algunos de mis amigos de Seattle me han visitado en Guadalajara y viajo dos veces al año para allá. Cuando platico con ellos me dicen ‘no manches, guey, cómo aprecio que te hayas ido nada más con dos huevos’. Lo bueno es que yo no suelo manejar el sentimiento de extrañar de forma negativa”. Entre tanto chacotea, Marshall se da tiempo para ponerse serio y catalogar esta experiencia de lanzar un libro de fotos como “algo fabuloso y fantástico”. Incluso está conciente que el trabajo no se ha vuelto más fácil. “Lo de menos fue tomar las fotos. Todavía me cuesta el acceso (risas)”. Además, ya prepara otro libro con la temática de bandas tapatías fuera de su ciudad, y uno extra acerca de cómo es vivir de gira y todas las vicisitudes que ocurren detrás del mundo de la música. La cita es hoy en LARVA (Ocampo, esquina Juárez) a partir de las 21:00 horas.