Los escritores, hechos para comerse unos a otros
Carmen Boullosa, la creadora de El complot de los románticos habla sobre los autores, los cuales, en su opinión, conforman “un gremio feo”.
En “Valima”, una canción del compositor español Luis Eduardo Aute reúne en un atolón a escritores tan distintos como Stevenson, Baroja, Valle Inclán, Swift, Verne y Defoe… para, entre otras cosas, beberse un barril de viejo ron. Lo cuento a Carmen Boullosa (Ciudad de México, 1954), quien acaba de obtener el Premio de Novela Café Gijón 2008 por El complot de los Románticos y casi grita: “Ésta es mi Valima”.
“En ella —dice en tránsito por esta ciudad y antes de volver a Nueva York—, una reunión de escritores se niega a otorgar un premio a una novela idiota y acartonada en demerito de otra genial, autoría de una escritora que en vida fue ignorada. Falsos, espurios, vendidos, los escritores terminan peleándose entre sí y provocan una tragedia, incendian el Palacio de la Zarzuela, sitio donde se habrían reunido por última ocasión.
Antes y ahora, ¿un gremio…?
¡Feo! Si tuviera que utilizar una única palabra para caracterizar al gremio sería feo. Hay gremios más gratos, que tienen más entrenamientos para trabajar en lo colectivo. En nosotros, cada uno somos el centro del mundo y del universo, somos una bola de egocéntricos y egoístas. Muchos traen puesto el saco duro para acomodarse todos los premios. Otros se creen estatuas y otros tienen unos apetitos económicos desmesurados (y México da mucho para esto). Algo que no es precisamente grato, pero al que uno como escritor está condenado. Yo necesito a estos escritores pues porque hablan de lo que hablo, y si ellos no me ven mis libros no existen. Un libro existe porque lo atienden en principio las personas del colectivo y después los lectores.
¿Cómo te vacunaste para no sucumbir en su interior?
No me he vacunado, no, yo deseaba, como joven escritora, estar ahí en medio. Lo que más quería en la tierra era estar rodeada de escritores, primero, porque no pensaba que era algo feo, y segundo, porque soy escritora. Son mis gentes y con el tiempo observo que no he cambiado. Claro que me enojo y tengo pleitos, pero igualmente tengo amigos entrañables y que quiero ver y seguir viendo esto. La amistad hace grato, incluso magnífico, un gremio en sí desolado.
¿Cuál sería el estado ideal de ese colectivo?
No existe ideal; así es y punto. Estamos hechos para comernos los unos a los otros; estamos hechos para despreciarnos y amarnos y no hay de otra. Somos una especie de virus…, así nos comportamos porque así es la literatura misma: algo terrible. No es que piense que hay que dedicarse a otra cosa, pero esto no le quita el lado siniestro que tiene, su juego y coqueteo con la realidad. La necesaria complacencia con la realidad para alcanzar a armar una historia. Las personas, al convertirse en lectoras de literatura, pueden comenzar a ser críticas de la realidad. La conciencia y la crítica acerca de la realidad conlleva muchas responsabilidades y un lado de sombra que se cierne sobre la vida. ¿El gremio podría ser mejor? No. Podría ser peor.
¿Más todavía?
A veces tiene tintes muy desagradables, como sus nexos con el Estado, en el caso de nuestro país. La existencia de poetas corruptos, novelistas que piensan en su cartera con una mayor facilidad que si el dinero viniera de mecenas. El Estado ha necesitado de este nexo. Habrá que ver si ahora el narcotráfico decide emprender un mecenazgo literario. Algo que no me extrañaría. Es más: lo deseo. ¡Qué horror!; pero si tienen tanta plata que den plata para hacer libros, y no sólo compren arte. Contribuir a que las personas se conviertan en enemigas del mismo narcotráfico y de la sociedad pasiva.
Mauricio Flores









