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Jugando con Francisco

La historia en breveCiro Gómez Leyva

Soy neófito en materia vaticana, pero me sonrojan los análisis que se hacen a destajo sobre la biografía del cardenal Jorge Mario Bergoglio y las proyecciones sobre el papado de Francisco, a secas.

Escucho en una estación de radio, por ejemplo, que es un reformador y en una televisora que es ultramontano. O que su designación marcará tiempos gloriosos para la Compañía de Jesús. O que no significará nada para los jesuitas. O que fue un colaborador soterrado de la criminal dictadura argentina de los setenta. O que la confrontó en voz baja, salvando vidas. O que será un gran Papa. O que no.

Me quedo, por lo pronto, con la medición que hizo ayer el Gabinete de Comunicación Estratégica (encuesta nacional, 800 entrevistas telefónicas). Los resultados son divertidos.

Tenemos que el tema del Papá no le interesa a 44 por ciento de los mexicanos y que 90 por ciento de la población no tenía pálida idea de quién era el señor Bergoglio.

Eso sí, ocho de cada diez entrevistados respondieron afirmativamente a la pregunta de si les gustaría que Francisco viniera a México.

Influidos quizá por la información periodística, los encuestados consideran que el principal problema que enfrentará el pontífice porteño será la pederastia, el segundo la disminución de creyentes y el tercero la corrupción en la jerarquía eclesiástica.

Por cierto, me preguntan si pienso que Bergoglio será un Papa liberal. Como soy neófito, me apoyo en Mario Vargas Llosa: la religión, por definición, es dogmática, establece verdades absolutas, y no quiere coexistir con verdades contradictorias.

A partir de ahí, que cada quien haga su escala “liberal”. Por Dios.