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Angélica Rivera y el DIF

Ojo por ojoÁlvaro Cueva

Creo que en todo México no existe un admirador más grande de las estrategias de comunicación del gobierno de Enrique Peña Nieto que yo.

Veo sus anuncios de “En movimiento” y me emociono, el de los maestros se me hizo una joya, especialmente porque comenzó a salir al aire justo cuando los temas eran Elba Esther Gordillo y la reforma educativa.

Que si están muy huecos, a lo mejor sí, pero yo, que he hecho y criticado spots desde hace más de 25 años, le puedo decir que es imposible explicar todas estas cuestiones, a profundidad, en menos de 20 segundos.

¿Y qué me dice de los mensajes del Presidente a la nación? La verdad, han sido impecables. Nada que ver ni con los recuerdos de los gobiernos panistas, ni con lo que había antes con el PRI, ni con nada de nada.

No sé quién sea el responsable de esto, pero evidentemente es alguien que domina la materia, que sabe lo que hace, por eso considero gravísimo lo que acaba de suceder con este gobierno, Angélica Rivera y el DIF.

Usted seguramente también vio las notas en los medios tradicionales. ¿No se le hizo una burla? ¿No se le hizo una falta de respeto para el pueblo de México y sus instituciones?

¿Qué fue lo que pasó? Que nuestra primera dama fue nombrada presidenta del Consejo Ciudadano Consultivo del DIF en una ceremonia cuya formalidad e importancia está fuera de toda discusión.

¿Y qué fue lo que vimos? Una especie de fiesta de empleados de Televisa con gente como Lucerito, Lucía Méndez y Francisco Gattorno.

¿Y? ¿Qué tiene esto de grave? Que estamos hablando del DIF, de la máxima autoridad en todas las cuestiones que tienen qué ver con lo más sagrado de México, con sus niños, con sus mujeres, con sus familias.

Aquello no lucía como el primer gran acto público de la esposa del Presidente, parecía la presentación de una telenovela de El Canal de las Estrellas.

Hasta el mismísimo Enrique Peña Nieto perdió la compostura para decirle a su mujer que la quería.

Perdón, pero eso no era lo que se tenía que hacer en esa ceremonia oficial, eso no era lo que los mexicanos esperábamos de ese nombramiento.

¿Qué necesidad tenía el Presidente de confesarle su amor ahí, precisamente ahí? Para eso existen otros foros, otros momentos. Tan importante es el DIF como el Ejército o la Secretaría de Marina.

Y a pesar de que la señora Rivera pronunció un discurso muy bien escrito para la ocasión, perdió toda la credibilidad que pudo o no pudo haber construido en los últimos años con esa lista de invitados.

En lugar de estrellas de Televisa, ahí debieron haber estado las cabezas de los movimientos sociales más poderosos de la nación, ahí debieron haber estado los directores de las fundaciones más importantes de México.

¿Y qué vimos? A gente que ha protagonizado algunos de los escándalos sexuales más vergonzosos de la historia reciente de los medios de comunicación como Michelle Vieth, quien, por cierto, hasta donde vi, fue la única representante de Azteca.

¿Ya se puso usted a pensar en el mensaje que semejantes figuras nos mandaron?

¿Ya se puso usted a pensar en lo que sintieron las víctimas de delitos sexuales al ver a “la pequeña golosa” en un evento tan sagrado?

¿Sabe usted lo que esto representó para las personas que cuestionan la eficiencia de las casa cuna del DIF, para los hombres y las mujeres que quieren adoptar, para los niños que están esperando que los respeten y para la gente que lleva años estudiando y trabajando en cuestiones sociales?

Es una aberración, un insulto, un error que ni Vicente Fox ni Marta Sahagún hubieran cometido.

¿Dónde estaban los indígenas? ¿A dónde se fueron las personas con discapacidad? ¿En qué momento vimos a los ancianos y a los homosexuales?

¡Ah, pero qué tal el chisme! ¡Qué tal el viboreo de la ropa de las estrellas! ¡Qué tal los comentarios del maquillaje y el peinado de la señora!

Bienvenidos al DIF, al nuevo DIF, al DIF “en movimiento”.

Angélica Rivera está en su derecho de hacer todas las fiestas privadas que quiera e invitar a quien se le dé la gana, pero por el más mínimo respeto a la institución que preside, ahora debe de cuidar las formas.

Y esto no tiene nada que ver ni con sus capacidades, ni con su carrera de actriz ni con su preparación académica, tiene que ver con su manejo de la comunicación. ¿O usted qué opina?

¡Atrévase a opinar!