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¿Así o más manipulables?

Ojo por ojoÁlvaro Cueva

A mí me tiene muy molesto lo que sucedió el jueves pasado alrededor de la supuesta muerte de El Chapo Guzmán en Guatemala.

¿Por qué? Porque se me hace la más clara demostración de lo mal que estamos como periodistas y como sociedad, es algo de lo que tenemos que aprender, algo que tenemos que corregir autoridades, medios y consumidores de información.

Antecedentes: ahora resulta que Joaquín Guzmán Loera, El Chapo Guzmán, es la criatura más fascinante que existe en este planeta, uno de los hombres más ricos del mundo. Por tanto, uno de los más envidiados, uno de los más admirados.

Y no solo eso, es el criminal más odiado, más buscado, más peligroso y más emblemático del peor de los universos, por encima de Al Capone, por encima de quien usted quiera, guste y mande.

Ya nomás con esto, tenemos material para escribir un libro.

¿A qué clase de publicación irresponsable se le ocurre comparar a un delincuente con los más poderosos y honestos empresarios de los cinco continentes?

¿A qué clase de instancia sin ética se les ocurre convertir en un Al Capone, en una leyenda viviente, a un personaje que está haciendo lo que hace El Chapo Guzmán?

Pero espérese, la nota no es ésa, es que el jueves, cuando todo el mundo estaba en cualquier cosa menos en la guerra contra el narco, a un “vivo” se le ocurre poner, en las redes sociales, que El Chapo había sido asesinado en una balacera en Guatemala.

Viral es poco. No le quiero ni contar lo que pasó esa tarde porque fue como de Orson Wells.

Periodistas y no periodistas retomaron el dato, se armaron las discusiones y los medios tradicionales se montaron sobre esto hasta convertirlo en la noticia no del día, del año.

Bueno, hasta al Presidente lo quisieron hacer hablar sobre el tema.

Pero, ¡oh, sorpresa!, todo fue un rumor y poco a poco, los mismos que hicieron grande la nota, comenzaron a echarle la culpa a Guatemala, a sus autoridades y a cualquier cosa menos a su ausencia de criterio periodístico.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué es lo que tenemos que aprender? ¿Por qué le digo que aquí hay algo que todos, absolutamente todos, tenemos que corregir?

Comencemos por la propagación del rumor. ¿Por qué periodistas que gozan de una enorme reputación en los medios tradicionales se prestaron esa tarde para difundir este chisme en las redes sociales?

¿Para ganar la nota? ¿Para ser los primeros en anunciar este hecho? ¿Para que les aplaudan? ¿Para lucirse? ¿Por ego? ¿Para destacar?

No sé usted pero yo ya me estoy hartando de periodistas que se sienten más noticia que las noticias y que fingen demencia ante errores garrafales como éste y como muchos otros que millones de personas hemos estados padeciendo en los últimos días.

Si no tienes confirmación de algo, quédate callado y haz lo que te corresponde: periodismo, no picarle a las teclas de tu celular.

Yo no creo que ningún medio de comunicación, incluyendo a las redes sociales, sea más confiable o menos confiable que otro. Creo que hay que ser responsables, dejar la vanidad a un lado y saber interpretar.

Por lo mismo, pienso que fue muy delicado que los medios tradicionales e incluso instancias oficiales, no hayan sabido interpretar esta filtración.

¿A usted no se la ha ocurrido pensar que el origen de todo esto pudo haber estado precisamente en el crimen organizado? ¿A usted no se le ha ocurrido pensar que fue una prueba para medirnos a autoridades, medios y sociedad?

¿Y qué cree? Salimos reprobados porque cuando algo llega por las vías formales no lo creemos, pero cuando llega por la informales por supuesto que creemos y hasta creemos de más.

Hace algunas semanas, cuando la explosión en las oficinas de Pemex, aunque nos llevaron y nos trajeron, nos mostraron y nos demostraron, nadie nunca creyó nada.

El jueves nos chismean por redes que murió El Chapo, no nos ponen ni medio documento, no nos exhiben ni una sola foto y creemos a ciegas, retuiteamos, discutimos, nos apasionamos, nos divertimos.

¿Ahora entiende cuando le digo que estamos mal? ¿Cuál es el juego que estamos jugando? ¿Hasta dónde vamos a llegar en nuestro uso y consumo de la comunicación?

¿Hasta que llegue un punto en que cualquier entidad macabra se valga de las redes sociales para despedazarnos? ¿Hasta que llegue un momento en que todos perdamos de verdad?

¡Atrévase a opinar!