Inmunidad que alimenta impunidad
En Petit ComitéÓscar Mario Beteta
El fuero (forum) en México ha sido desnaturalizado. Estatus de inmunidad que debería cubrir únicamente a los legisladores por ser encarnación de la soberanía popular, devino regla de impunidad para una multitud que lo esgrime para ejercer el atropello, el abuso y el delito, que no se detendrán acotándolo.
El establecimiento en el mundo de esa protección constitucional, tuvo su razón de ser en la necesidad de que los representantes del pueblo expresaran sus ideas sin cortapisas en vínculo con el desempeño de su función. Muchos la honraron; no pocos la rebajaron.
Nadie que la detentara podía ser reconvenido por nadie en relación con lo que manifestase sobre cualquier asunto que implicara la defensa o el interés de sus representados.
Ese privilegio, vigente primero en Inglaterra y después en Europa durante los siglos XVI y XVII, buscaba incluso que los legisladores estuviesen a salvo de ataques o críticas de algunos monarcas. En buena medida, ahogó la intolerancia y animó la libertad.
Tan justificada estaba su prevalencia que tomó carta de naturalización global, y hoy, difícilmente, podría encontrarse un país donde no exista en su espíritu fundacional, enfocado a abrigar la potestad ciudadana, delegada en el legislador, para su exclusivo beneficio.
Empero, el fuero aquí se abrió casi indiscriminadamente para salvar de eventuales faltas a funcionarios que nada tienen que ver con la comunidad; no la sirven a ella, sino a sí mismos. Incurren en todo tipo de excesos.
¿No son estos los que, gozando del fuero, aun cuando se le limite, tienen la posibilidad, el poder y aun la tentación de atentar contra la gente?
¿Qué se gana con que se cambie el concepto de fuero por inmunidad si la impunidad, incluso la impudicia, campean en el ejercicio del poder público?
Ahora tenemos vergonzosos ejemplos de congresistas que sin el menor recato excedieron su conducta, atenidos a la intocabilidad en la que convirtieron la noble figura que deberían ejercer solamente para actuar en favor de la sociedad.
Esta debe proteger las ideas y opiniones relacionadas con el desempeño del cargo de los representantes, ¡sí!, pero en el entendido de que defienden a, y velan por, los representados.
Ese manto no tiene que extenderse a quienes no los simbolizan, pues si nada los compromete con ellos, pueden no resistir el impulso de atacarlos.
SOTTO VOCE
Amparos de criminales alegando procesos “irregulares” y policías comunitarias, graves problemas que se gestan peligrosamente… ¡Cuidado!, que Durango se le va de las manos al gobernador Jorge Herrera Caldera.








