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¿Reelección? No digas palabrotas…

InterludioRomán Revueltas Retes

México tiene una buena docena de asuntos urgentísimos que resolver pero los ciudadanos, en singular sintonía con una clase política que cultiva amorosamente el retardo como una suerte de gran deporte nacional, no parecen darse cuenta de lo apremiante de la situación.

Parte del problema es que somos país de dogmas en lugar de profesar el culto a los provechos. O sea, que sacrificamos el pragmatismo en el altar de las creencias y preferimos la devoción a las doctrinas en lugar de acomodarnos con tranquilidad a los beneficios.

Miren, por ejemplo, el espantajo mexicanísimo de la reelección, uno de los más colosales tabús de nuestra cultura: en todos los países del mundo existe la práctica de reelegir a los gobernantes y no pasa nada. Al contrario, ese sistema de premios y castigos con el que los votantes califican a los responsables políticos es un gran mecanismo para mejorar la maquinaria de la administración pública y volverla más eficiente. Simple asunto de rendición de cuentas, señoras y señores. Pues bien, aquí la mera palabra “reelección” suena casi a imprecación. Y lo más curioso es que todos —yo, tú, él, ella, ellos, ellas y ustedes— sabemos, por ejemplo, que los tres años de función de nuestros alcaldes son claramente insuficientes para que logren siquiera entender de qué va la cosa en el ámbito municipal. Cuando recién comienzan a adaptarse, a saber del tema y a perfeccionar sus desempeños, pues, pácatelas, no solo se tienen que ir sino que le dejan el cargo a uno que tiene que empezar de cero la famosa “curva de aprendizaje”.

Y lo más desalentador es que, en esta cuestión, no se vislumbra ninguna iniciativa en nuestro Congreso bicameral para, de una buena vez por todas, cambiar las leyes y comenzar a transformar de veras a este país. ¿Cuándo haremos las reformas, ya inaplazables, que necesita México? Hay más tiempo que vida, responden los propios mexicanos. Ah, y apenas está comenzando el siglo XXI...