La triste historia de Mauricio Clark
El pozo de los deseos reprimidosÁlvaro Cueva
Todavía estoy con dolor de estómago de tanto que vomité el lunes pasado al ver a Mauricio Clark aceptando que era drogadicto y homosexual, en su espacio dentro del noticiario Primero noticias de El Canal de las Estrellas.
¿Por qué? Porque se me hace una equivocación gravísima, un hecho que deja muy mal parado a Noticieros Televisa, un acto que cuestiona severamente las líneas de autoridad en el consorcio de Emilio Azcárraga.
¿Cómo es posible que haya sucedido? ¿Cómo es posible que no haya tenido consecuencias?
A ver, ¿a usted le importa si Mauricio Clark se mete drogas, pinole o detergente en polvo? ¿A usted le interesa si el señor se acuesta con hombres, con mujeres o con el perro?
¿Para eso sintoniza El Canal de las Estrellas? ¿Para eso deposita su confianza en Noticieros Televisa?
En menos de una semana, dos elementos de XEW-TV han partido del supuesto de que ellos son la nota (acuérdese de lo que le decía el lunes de Adela Micha). Lo siento, pero no.
A nadie le tienen que interesar los periodistas a menos que practiquen actos de corrupción o que sean víctimas de atentados o de censura, y esto por lo que representan, no porque ellos trabajen de luminarias.
El trabajo del periodista es informar, no lucirse, no exhibirse, no contarle al mundo su vida íntima.
Por cuestiones de espacio solo le voy a dar una razón: la principal herramienta de trabajo del periodista es su credibilidad.
¿Qué credibilidad puede tener un reportero que interrumpe un servicio informativo para declarar que se mete drogas?
Imagínese que hoy a mediodía Lolita Ayala hiciera una pausa en El noticiero para decir que es alcohólica, que consume tachas y que se acuesta con su secretaria.
¿Sabe usted lo que pasaría con ella en ese instante? Acabaría con su carrera y le costaría mucho dinero a sus patrones. Y no por un asunto de moralidad, por lo que le acabo de decir hace rato, por credibilidad.
¿En qué condiciones ha trabajado esa señora? ¿Borracha? ¿Acelerada? ¿Excitada?
¿Así ha hecho sus entrevistas? ¿Así ha cuestionado a las autoridades? ¿Así se ha atrevido a representar la postura editorial de su empresa?
¿A cambio de qué? ¿De una botella? ¿De un puñado de drogas? ¿De sexo?
Bueno, pues esto es exactamente lo que acaba de pasar con Mauricio Clark. ¿Y por qué no trasciende?
¿Porque el señor es periodista de espectáculos? ¿Porque en espectáculos sí se vale? ¿Porque los periodistas de espectáculos son, por definición, unos freaks, jotos, drogadictos, de lo peor?
¿Se da cuenta del acto de discriminación y odio que El Canal de las Estrellas, ése que combate el bullying, nos regaló la mañana del 18 de febrero?
¿Por qué nadie lo impidió? Ni modo de decir que fue una escena espontánea que se salió del control del máster porque Mauricio leyó todo lo que dijo en ese momento.
Y si lo leyó es porque alguien lo cargó en el teleprompter. Y si alguien lo cargó en el teleprompter es porque una persona ya lo había revisado.
Y si una persona ya lo había revisado es porque todas las cabezas de ese espacio, comenzando por Carlos Loret de Mola, ya sabían lo que iba a pasar y lo permitieron. ¿De quién es esa pantalla?
Lo primero que le dicen a uno cuando va a trabajar en televisión es que puede decir lo que quiera, pero que esa pantalla no te pertenece, le pertenece a una empresa, a un concesionario que tiene que dar la cara ante una autoridad.
¿En qué momento la pantalla de XEW-TV se le concesionó a Mauricio Clark para que la usara, como él mismo dijo, para un asunto “personalísimo”.
¿Sabe usted lo que cuestan 30 segundos en El Canal de las Estrellas? Y el señor habló mucho más que eso. ¿Sabe usted lo que le costó a Televisa su chistecito?
Si vas a hablar de ti, usa otros medios, usa internet, no una cadena nacional de televisión.
Y luego en Primero noticias, donde todavía tenemos pendiente el escándalo de Laura G, la entrevista a Kalimba y un montón de irregularidades.
¿Qué va a pasar ahora? ¿Toda la gente que se droga en Televisa va a salir a cuadro? ¿Es mucha? ¿Es poca? ¿Y los homosexuales? ¿También?
¿Para qué? ¿Para subir el rating? ¿Para que la opinión pública deje de hablar de lo que tiene que hablar? ¿Para convertir aquello en un perpetuo talk show?
Dígame, ¿para qué tendrían ellos que dar semejante circo?
¿Para que Esteban Arce los haga pedazos por “anormales”? ¿Para que los haga pedazos y, de paso, lo premien regalándole un programa adicional en el Canal TDN? ¿Así o más incongruente?
¿Cuál es el mensaje detrás de esto? ¿Si te drogas, te doy chamba? ¿Si te humillas, te aplaudo? ¿Eso es lo que tenemos que hacer ahora para triunfar en este país?
A mí no me interesa la vida íntima ni de Mauricio Clark ni de nadie, me interesa lo que usted ve en pantalla, y lo que pasó el lunes en Primero noticias fue imperdonable y tiene que ser revisado. ¿A poco no?








