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¿Quién cree en la historia de Benedicto XVI?

Ojo por ojoÁlvaro Cueva

El mundo está en shock por la renuncia de Benedicto XVI. Las preguntas son: ¿Qué hay detrás de esta decisión? ¿Por qué?

Me da mucha pena tener que decirlo así, pero la verdad es que esa historia de “súbitamente descubrí que estaba muy viejito y que no voy a poder con el paquete” no se la cree nadie.

¿Por qué? Porque Juan Pablo II, en sus últimos años, no solo estaba muy viejito, estaba tan pero tan mal, que era la víctima favorita de comediantes y caricaturistas.

¿Por qué Benedicto XVI tiene la humildad de reconocer sus limitaciones y Juan Pablo II no la tuvo? ¿Cuál es el mensaje atrás de esta noticia?

Sí, yo sé que la prensa y en general la gente que opina en las redes sociales, se ha dividido entre dos posturas.

La primera es: ¡Oh, qué gran hombre! ¡Qué sabio! ¡Qué sencillo! ¡Qué humano! ¡Cuánto te amamos!

La segunda es: ¡Fueron los pederastas! ¡Avísenle a López Obrador para que se postule! ¡Chabelo para Papa!

Yo no creo que lo fundamental sea una u otra cosa, creo que la Iglesia católica debería reflexionar sobre la oportunidad de oro que tiene enfrente.

La Santa Iglesia católica apostólica y romana es pésima en su manejo de imagen y comunicación.

Salvo en este momento en que la noticia es la figura del Papa, la prensa solo se acuerda de ella para festividades concretas o para ponerla en ridículo.

¿Qué le trato de decir con esto? Que ante los ojos de los mejores periodistas del planeta, hablar de la religión católica es hablar de algo viejo, sucio, decadente, casi, casi, supersticioso, ignorante, malo, corrupto.

Es como si los católicos no fuéramos personas pensantes, como si aquí no hubiera grandes científicos, enormes artistas, como si aquí lo único que valiera la pena recordar fueran las cosas malas.

La Iglesia católica tiene mucho que decir. Nuestros sacerdotes pueden y deberían hablar sobre cualquier cosa.

¿Pero qué pasa? Los medios solo se los agarran de sus puerquitos para debatir sobre temas como el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo.

¿Y por qué lo hacen? Porque saben que invariablemente van a estar en contra y no solo eso, saben que, con suerte, van a decir una estupidez.

Así de mal está la imagen y la comunicación de la religión más popular de nuestro país y, por consiguiente, así de mal está la imagen y la comunicación de las mayoría de los hombres y de las mujeres que vivimos en México.

Creo que la renuncia de Benedicto XVI es una bendición de Dios para que la Iglesia católica corrija el rumbo y se reposicione a nivel nacional e internacional.

¿Cómo? Primero, dando la cara. Me parece imperdonable que Joseph Ratzinger haya dado la noticia como la dio: leyendo un papelito y dejándole todo el changarro a su equipo de colaboradores.

No, lo que el señor tiene que hacer, inmediatamente, es sentarse frente a alguno de los periodistas más poderosos del mundo, hablar de su caso y contestar a todas sus preguntas como Lance Armstrong con Oprah Winfrey.

Y si hay algo malo qué reconocer, pues que se reconozca para que se corrija y ahí sí se mande el tan cacareado mensaje de honestidad y humildad que muchas personas se están inventando.

Mientras no pase, va a segur ocurriendo algo particularmente lamentable de lo que casi nadie ha hablado: los medios se van a negar a cubrir esto de una manera profesional y rigurosa.

Salvo honrosas excepciones, si usted se fija, lo que muchas empresas que se dedican a la comunicación han estado haciendo ha sido informar, sí, pero también justificar, ponerse del lado de la Iglesia.

¿A dónde se fueron las críticas? ¿En dónde están los cuestionamientos rudos? ¿Por qué cuando se trata del Papa se autocensuran y cuando se trata de alguna otra clase de líder, hasta se burlan? ¿Por qué?

Yo no creo que sea por respeto porque, insisto, para otras cuestiones esta posición se les olvida con singular alegría, es porque saben o asumen que atrás de esta nota hay algo que deben proteger, que deben ocultar.

¿Ahora entiende cuando le digo que la renuncia de Benedicto XVI es una oportunidad de oro para la Iglesia católica? Al pan, pan, y al vino, vino.

Mientras no hagan las cosas como las tienen que hacer seguirán alimentando la imaginación de propios y extraños, y no se vale. Es como si ellos mismos se estuvieran metiendo el pie. ¿O usted qué opina?

¡Atrévase a opinar!