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"Narcotelevisión"

El pozo de los deseos reprimidosÁlvaro Cueva

Hay un fenómeno que me da mucho miedo: la manera tan descarada como algunas personas, algunos canales y alguna empresas se sienten orgullosos de hacer basura.

Y nos presumen sus ratings, sus ventas y su impacto, y se la pasan restregándonos sus fortunas, sus viajes, sus residencias.

¿Por qué me da mucho miedo? Porque es como una trampa que confunde a la opinión pública, una estrategia que le hace suponer a la gente que esto es lo que todos queremos ver, lo que debe ser, el éxito.

Pero no, es una mentira, un problema de comunicación.

¿Por qué es una mentira? Porque esas producciones tienen rating, ventas e impacto no por sus propuestas, por una cuestión de biología.

No existe ser vivo que al ver un cuerpo desnudo, al escuchar un grito o al mirar una escena de sexo o violencia no voltee hacia la pantalla.

Eso no es hacer televisión, es vender estímulos, como los narcotraficantes que, casualmente, también nos presumen sus fortunas, sus viajes y sus residencias.

Por eso es tan importante que usted les deje los ratings a los especialistas. No son listas de popularidad. No son algo de lo que muchas casas productoras se puedan sentir orgullosas.

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque el domingo se estrenó por MTV una porquería titulada Geordie Shore, que es precisamente eso, rating fácil, narcotelevisión.

¿Qué es Geordie Shore? La versión inglesa de Jersey Shore, un reality de chavos que se la pasan bebiendo y fornicando con poca ropa o sin ella.

Obviamente es un cañonazo porque, como le dije hace rato, no hay manera de que le pongan a uno esas tetas o esos pectorales y que no se quede mirando.

Y no es un asunto de moralidad, es un tema mucho más profundo porque es lo que está educando a millones de jóvenes en los cinco continentes.

¿Quieres triunfar? Desnúdate, enrédate con muchos, emborráchate, vomita. Eso es chistoso, divertido, deja dinero, se ve sexy, te hace famoso.

¿Para qué estudias? ¿Para qué trabajas? Basta con que unos días antes del capítulo final te arrepientas y todo el mundo te va a santificar y te va a convertir en el máximo promotor de los valores humanos de la actualidad.

A mí Geordie Shore me pone a pensar en muchas cosas. Esto ya no se trata de observar la realidad como en The real world. Es manipular la realidad, distorsionarla, convertirla en un espectáculo, en una serie, en algo grotesco.

Me pone a pensar en lo que los medios están haciendo con el concepto de intimidad, en lo que está pasando con la televisión en tiempo de redes sociales.

Es todo un tema porque Geordie Shore ni siquiera es un programa nuevo. Es de 2011 y se va a poner peor porque su tercera o cuarta temporada se desarrolla en Cancún, así que imagínese el escándalo.

Si no es por lo que los ingleses van a hacer y a decir de México, va a ser por lo que vamos a ver en nuestras playas y en nuestro antros.

Y a todo esto, ¿Geordie Shore es mejor que Jersey Shore? Tiene más desnudos, más sexo, más groserías, más noches de reventón, más chistes de mala muerte.

¿Pues qué cree? ¡Que no! ¿Por qué? Porque independientemente de la carne y de los excesos, Jersey Shore tenía un punto a su favor que no tiene el reality de los británicos: el asunto “racial”.

Mal que bien, Jersey Shore giraba alrededor de un grupo de chicos italo-americanos.

¿Y? ¿Qué tiene eso de bueno? ¿Acaso es porque se prestaba para un estudio antropológico? ¡No, para nada! ¡No va por ahí!

Lo que pasa es que los chavos italoamericanos poseen características muy especiales que los hacen más pasionales, más intensos y más seductores que los ingleses.

No creo que haya muchos latinos dispuestos a identificarse con esta propuesta.

Como selección de personajes, Geordie Shore parece una mala copia de Jersey Shore. ¡Hasta en la ropa! ¡Hasta en los peinados!

Va a funcionar, porque las drogas siempre funcionan, pero quién sabe si en mayor medida que el original. ¿O usted qué opina?

Por lo pronto, prepárese, porque más de una instancia va a decir que se siente muy orgullosa de esta basura y nos va a presumir sus números, sus lujos, sus extravagancias.

Pero lo peor no va a ser eso sino que, al rato, más de una televisora, si no es que la misma MTV de América Latina, nos va a salir con un Acapulco Shore, Vallarta Shore o vaya usted a saber qué Shore.

Usted, nada más, no se deje engañar. Esto no es un triunfo, no es una historia de éxito, no es un modelo a seguir. Ni siquiera es televisión.

Es una mutación macabra de lo que había antes y de lo que algunas personas han tenido que inventar para competir por el mercado juvenil con las redes sociales.

Vea Geordie Shore los fines de semana por MTV y reflexione.

Como bien me dijo alguna vez una persona muy inteligente: en el negocio de la televisión siempre se puede caer más bajo. ¡Siempre! ¿A poco no?