México detenido
Ojo por ojoÁlvaro Cueva
Alarmado, hoy es Día de Reyes y estoy alarmado porque no me cabe en la cabeza lo que hemos vivido en las últimas semanas. ¿Qué? Nada.
Muchas cosas muy importantes se han movido en términos políticos, económicos y sociales en este país en estos días. ¿Y las notas? ¡Bien, gracias! ¿Y los comentarios? ¡En ningún lado!
No es posible que este país se siga deteniendo del 12 de diciembre al 6 de enero todos los años como tampoco es posible que la mejor prensa se desaparezca durante casi un mes.
¿Por qué? Porque la gente se deja de enterar, porque las cosas dejan de tener la dimensión que les corresponde y porque no somos maestros de primaria como para trabajar y descansar de acuerdo con el calendario escolar.
Bastante daño le hace a la productividad de México que nos la pasemos de “puente” en “puente”, y de fiesta en fiesta como para que, encima de todo, dejemos de laborar al 100 por ciento durante tantos días.
Sí, somos excelentes para atacar a los diputados y a los senadores porque se la pasan de vacaciones y porque, por lo mismo, son unos holgazanes, rateros, de lo peor.
¿Y nosotros? ¿Nosotros no flojeamos cuando nos hacemos tontos del 12 al 24 de diciembre?
¿Nosotros no le robamos el dinero a nadie cuando dejamos nuestros puestos en manos de practicantes, suplentes y personas que se quedan de guardia entre el 25 y el 31, entre el 1 y el 6 de enero?
Ojo, no estoy diciendo que esté en contra de la Virgen de Guadalupe, de la Navidad, del Año Nuevo ni de los Reyes Magos, pero hay niveles.
Que los fieles y los niños gocen todo lo que puedan en esos días, pero que el resto de la nación continúe avanzando.
En otras partes del mundo hay festividades que implican paros generalizados como el Día de Acción de Gracias de los Estados Unidos, pero es solo un día.
Aquí, si no detenemos al país porque es Día de las Madres lo hacemos porque es Semana Santa, Día de Muertos o cosas que antes no se veían como sinónimo de ausentismo como el Día del Amor y la Amistad o las vacaciones de Verano.
En el caso concreto de la televisión, ¿por qué los talentos más importantes se tienen que ir de vacaciones en verano? ¿Por qué nos tienen que dejar sin noticias, entretenimiento ni análisis?
No sé para usted pero para mí, que llevo 25 años monitoreando medios y toda una vida de televidente, esto es nuevo.
Y en el caso del “Maratón Guadalupe-Reyes” es preocupante, insisto, porque se presta para que millones de personas se decepcionen de los medios, para que confirmen sus sospechas y para que se den los “madruguetes”.
Qué bonito es descansar, pero hay maneras y dejarlo todo a la buena de Dios yo no creo que sea la más conveniente y menos en un país que acaba de vivir un cambio de gobierno.
Hace dos sexenios, en estas fechas, nos enteramos hasta de los más mínimos detalles de la mudanza de Vicente Fox y su familia a Los Pinos. Ahora, nada, o casi nada.
Sí, sí se nos ha informado de cuestiones importantes como lo del trabajo, lo de Gobernación y todo eso, pero han ocupado más espacio las notas de color que las que está marcando nuestro destino.
Así como somos buenos para hacer iniciativas que convoquen y unan a todos los medios y movimientos empresariales como el Buen Fin, deberíamos comenzar a proponer acciones que impidieran la improductividad, el caos y el silencio que millones de personas sufrimos en esta temporada.
Tan sencillo como esto: si México, como país y como conglomerado de estaciones de radio y de canales de televisión, tuviera una ceremonia de Año Nuevo real, con un esfuerzo genuino en un gran espacio público y una cobertura de calidad, en vivo, nuestras ciudades no padecerían la asquerosidad de balazos y contaminación que padecen todos los años.
Habría manera de impedir que las audiencias utilizaran sus pistolas, de que cientos de personas se pusieran a quemar llantas.
Habría manera de mandar un mensaje de paz, de alegría y de progreso, de devolverle la esperanza a los que la han perdido, de poner a la nación de buenas.
Mañana todos vamos a estar crudos, gordos, cansados, gastados, fastidiados y con una bronquísima gigantesca para retomar el ritmo de las cosas.
¿Por qué si lo podemos evitar? ¿Por qué si podríamos hacer de la temporada decembrina algo mucho más bonito, mucho más informado y mucho más positivo? ¿Por qué?
¡Atrévase a opinar!









