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El mensaje de "Marcos"

Diódoro Carrasco Altamirano

Uno de los errores más comunes entre los intérpretes y traductores del EZLN es tomarlo literalmente. Así, sus proclamas y manifestaciones de los últimos días de diciembre pueden tomarse como mensajes ominosos, que anuncian nuevos enfrentamientos, cuando en realidad es su manera peculiar de decir: aquí estamos, no por callados se olviden de nosotros.

Además, Marcos sigue siendo un maestro de los montajes escénicos, de las coreografías subliminales y del timing mediático. Dígalo si no el hecho de que fiel a sus signos de identidad, irrumpe en fechas cargadas de simbolismo y de renovación de expectativas. El mundo finalmente no se acabó, de acuerdo con los fallidos intérpretes de la profecía maya, pero hay coincidencia en que terminó una era y dio inicio una nueva.

Cambia el partido político en el gobierno federal, y cambia el partido en el gobierno estatal. Un aniversario más del levantamiento del EZLN, un aniversario más de la terrible masacre de Acteal. Las bases zapatistas marchan, desarmadas, disciplinadas y pacíficas en cinco cabeceras municipales que son precisamente las que el EZLN tomó a sangre y fuego el 1º de enero de 1994. Por lo que se puede ver, no han ampliado su influencia a nuevas comunidades pero tampoco se han visto reducidos: permanecen.

El subcomandante aprovecha el viaje para finiquitar su deslinde con tirios y troyanos. Lanza puyas a izquierda y derecha, y hasta los medios de comunicación (todos) reciben su dotación de críticas, reclamos y sarcasmos: “Los miramos y nos miramos a nosotros mismos en silencio. No es el nuestro un mensaje de resignación, no lo es de guerra, de muerte y destrucción. Nuestro mensaje es de lucha y resistencia. Después del golpe de Estado mediático que encumbró en el Poder Ejecutivo federal a la ignorancia mal disimulada y peor maquillada, nos hicimos presentes para hacerles saber que si ellos nunca se fueron, tampoco nosotros”.

Marcos no oculta su disgusto con el sentido de los cambios, pero intuye que ha llegado el tiempo de maduración de cosas y procesos, que es la hora de interrumpir el largo silencio y pronunciarse. Por supuesto que no va a celebrar los cambios, al contrario, se planta ante ellos desafiante, retador. Emplazando a los nuevos poderosos, a “quien corresponda allá arriba”.

Pero solo un político bisoño va a tomar estos reclamos como una declaración de hostilidades. Al contrario, detrás de las frases agresivas, irónicas, incluso hirientes, el mensaje puede ser otro: queremos reanudar, aunque sea tácitamente, el diálogo suspendido desde que el Congreso aprobó una ley de derechos indígenas que no era la que nosotros queríamos. Queremos darle el beneficio de la duda al nuevo gobierno en sus proclamas de pluralidad y democracia.

El nuevo gobierno debe valorar bien estas declaraciones de Marcos y el EZLN, y mostrar también señales de entendimiento y buena voluntad. La ley de Derechos Indígenas de la Cocopa ya no tiene las implicaciones desestabilizadoras que podía haber tenido todavía por el año 2000. En el Congreso se está planteando revivir la Comisión —plural— de Concordia y Pacificación.

El nuevo gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, ha expresado su plena disposición a contribuir en lo que le corresponda para restablecer el diálogo con los zapatistas. Se están creando y juntando las condiciones para dar un jalón en el interrumpido proceso de saldar, de una manera clara y contundente, la deuda histórica y los agravios insolutos con las comunidades zapatistas de Chiapas.

La única condición que el gobierno federal debería poner, a mi juicio, al abrir un proceso de reforma legislativa en el tema de derechos indígenas, es el principio del respeto a los derechos humanos claramente establecidos en la Constitución de la República. Dicho de otra manera, los usos y costumbres no pueden estar por encima de los derechos humanos, sino, en todo caso, buscar su complementación.

En cualquier caso, las condiciones de hoy son mejores que en ningún otro momento de la prolongada transición democrática para resolver en definitiva este añejo conflicto y tratar de reintegrar a las comunidades zapatistas a la interlocución nacional, con todo lo que ello implica de derechos y de obligaciones.


Twitter: @DiodoroCarrasco