El alma en los ojos
Estado FallidoSusana Moscatel
Quien haya leído o visto La vida de Pi sabrá que hay un punto contundente y relevante en la trama de un joven perdido en el mar, en una lancha, solo con un tigre por compañía. Esta preocupación se da a conocer muy temprano en la película cuando Pi quiere ganarse el cariño, o al menos la confianza del gran felino llamado Richard Parker. Cuando su padre lo ve enfurece (temiendo por su vida) y le advierte que los animales no tienen alma, que lo que su hijo (y millones de nosotros) está viendo ahí es el reflejo de nuestra propia alma. Es una ficción, asegura. Y una peligrosa para el caso.
No se aflijan, no estoy vendiendo trama. Ese es solo el inicio de la cinta, pero también es un debate que va mucho más allá que cualquier delicioso invento de la ficción. De hecho, es una de las grandes discusiones de miles de filósofos y religiosos a través de los años. Y regresa a nuestras vidas cada vez que hay una noticia como la que tuvimos hace un par de días en la Ciudad de México. “Aprueban castigar con cárcel a quien maltrate a un animal”, decía el titular. La respuesta fue tremenda. Miles y miles lo celebramos, muchos otros mostraron su lado amargo diciendo precisamente que como los animales no tienen responsabilidades tampoco tienen derechos. Ah caray, suena demasiado similar al “no tienen alma” y por eso hagamos lo que sea con ellos.
No puedo dejar de pensar en la historia de Pi, porque no me dio la respuesta fácil, la que yo hubiera querido para poder ganar el argumento contra cualquiera que diga que proteger a un animal de nuestra crueldad es un acto inútil. Sin embargo, me dio una perspectiva y una conmoción que van mucho más allá de un sí o un no. Los animales no tienen que ser iguales a nosotros para merecer que no se vuelvan victimas de nuestra crueldad. No hablo del círculo de la vida natural, hablo de esa vil y espantosa crueldad que hemos visto proliferar tanto en estos tiempos de redes sociales donde verdaderos sociópatas cuelgan de un árbol a un animalito por diversión. O incluso me refiero a ese espantoso vecino que todos tenemos que compró un perro y lo tiene amarrado, sufriendo las inclemencias del tiempo, la soledad y el hambre en una pequeña azotea. Todos sabemos de algo así. ¿Es suficiente convencernos de que lo que estamos viendo en sus ojos no es más que el reflejo de nuestra propia alma? Pues, aunque fuera solo por eso, es suficiente razón para no permitirlo, ¿no lo creen? Aunque yo, sin fundamento científico ni religioso alguno, sospecho que hay mucho más allá en esas miradas.
¿ Ven lo que hace una gran película? Hace 10 días la vi y no paro de pensar en ella. Estoy ‘devorándome’ (¿mala selección de palabras?) el libro sin importar que generalmente se hace al revés. Estoy agradecida con Yann Martel (el escritor) y con Ang Lee (el director) y con Richard Parker, el tigre que en realidad no existe en la mayoría de las escenas, porque ¿en serio?, ¿ustedes filmarían toda una película en un pequeño bote con un tigre de verdad? Ni en ¿Qué pasó ayer? les dieron permiso de aventarse el numerito. Y con razón. Si no lo han hecho vean, por favor Life of Pi (Una aventura extraordinaria). Lo es.









