La senadora y el fisco
Autonomía relativaJuan Ignacio Zavala
Ana Guevara es senadora de la República. La atleta que hiciera vibrar a México con su velocidad decidió participar en la política. Desde hace unos años trató de ganar el puesto para encabezar la delegación Miguel Hidalgo. La campaña fue un fracaso. Los capitalinos de esa demarcación se preguntaban qué sabía de gobernar la velocista. Eso se reflejó en las encuestas y entonces sus asesores le hicieron una campaña en cuyos spots y fotografías, ella salía rodeada de personas que eran, según esto, grandes conocedores de las diversas áreas de la administración pública. El lema que inundó la delegación fue Ana y su Equipo de Especialistas. De esa manera, pensaron sus asesores, quedaban cubiertas las enormes carencias de conocimientos de la candidata (uno no se explica cómo el PRI no hizo una similar este año: Enrique y su equipo de especialistas y saldría en la foto exclusivamente con Luis Videgaray. Pero en fin, los del PRI ganaron). La derrota llegó a la vida de la atleta no solo en las pistas, sino también en el área electoral.
No es sorpresivo que la vida política le propine derrotas a quienes han triunfado en las arenas deportivas o artísticas. El paso de la popularidad que dan las pantallas ya sea por competencia o por participar en programas de televisión o incluso por tener cierto prestigio en alguna de las artes escénicas no garantiza el aprecio del elector para que determinada figura tome decisiones sobre su vida pública. Por lo general, quienes llegan lo hacen por la vía plurinominal o de primera minoría, pero es raro que lleguen por triunfar a fuerza de votos. Boxeadores, futbolistas, actores y actrices, editorialistas y escritores se han quedado con las ganas de tener un reconocimiento que vaya más allá de su propia área de influencia. Una cosa es tomarse la foto con el ídolo del deporte y otra que éste decida por dónde pasa la calle y cómo se administran los dineros públicos.
El caso es que la señora Ana Guevara será los próximos seis años senadora de la República. Ella decidirá, junto con sus compañeros, sobre las leyes con que debemos regir nuestra convivencia y nuestro marco de desarrollo; ella decidirá también qué debemos hacer los ciudadanos, cuánto debemos pagar de impuestos, cómo debemos hacer ciertas cosas y cuáles de nuestras conductas pueden ser punibles; opinará sobre la manera en que somos gobernados, podrá exigir cuentas a los miembros del gabinete; votará por embajadores que deban representarnos y recibirá a mandatarios de otros países en el recinto senatorial. Ana Guevara podrá hacer todo esto porque es parte de sus obligaciones.
Sin embargo, Ana Guevara se niega a rendir y pagar sus cuentas. La senadora Guevara le adeuda al fisco desde 2005 la cantidad de 600 mil pesos. Un juez a principios de año le dictó auto de formal prisión por el delito de fraude fiscal. Pero Ana Guevara es senadora y desde septiembre el juez suspendió el juicio por los seis años que la atleta tendrá cargo.
Los legisladores, como los atletas, debieran ser ejemplo. Ana Guevara percibe un ingreso bruto mensual, la llamada dieta, de 171,443.80 pesos. ¿No sería bueno que se le descontara mensualmente lo que le debe al fisco? En unos meses pagaría su adeudo —sin contar intereses, claro—. ¿O seguiremos pagando con dinero público a quien le debe dinero a los ciudadanos?
Twitter: @juanizavala








