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Violencia: realidad, percepción y Peña Nieto

Duda RazonableCarlos Puig

Hace muchos meses que Guerrero amenazaba con ponerse a la cabeza de los estados más violentos. Chihuahua le ganaba por poco, pero era innegable que los del norte venían a la baja y los del sur hacia arriba.

Los números de homicidios en Guerrero, Nuevo León, Coahuila y un inesperado repunte del Distrito Federal, hablan de que la violencia sigue dispersándose geográficamente aunque los números nacionales totales, según, por ejemplo, las averiguaciones previas por homicidio reportadas en el Sistema Nacional, nos digan que la violencia ha dejado de aumentar en este 2012 y hasta se nota un ligero descenso.

No se trata de ser optimista a lo tonto, hay que recordar que 2011 fue un año especialmente sangriento y es contra el que nos estamos comparando. Pero tal vez algo está sucediendo en el sentido correcto. El INEGI dio a conocer ayer que en septiembre “el Índice de Percepción sobre la Seguridad Pública (IPSP) avanzó 8 por ciento, al situarse en 105.5 puntos (abril de 2009=100) frente al reportado en igual mes de 2011, que fue de 97.7 puntos. El aumento medido a tasa anual del IPSP en septiembre de 2012 fue consecuencia de los incrementos observados en todos los componentes que lo integran; destacan los que dan cuenta de la seguridad personal actual y el de la seguridad pública en el país hoy en día respecto a la de un año antes”.

En algunos componentes del índice, como el de seguridad personal, la percepción de seguridad creció hasta en 12.4 por ciento en relación con hace un año. Otro componente significativo que aumentó fue el de “grado de confianza del entrevistado al caminar solo por el rumbo donde vive entre las 4 y 7 de la tarde”: 4.6 por ciento de variación en un año.

He escuchado a miembros del equipo de Enrique Peña Nieto hablar de la necesidad de obtener algunas “victorias tempranas” en el asunto de seguridad. De poder mostrar reducciones dramáticas en los niveles de violencia en ciudades o zonas determinadas —casi como una especie de programas piloto”. No será sencillo.

En público, sin embargo, Peña sigue callado o repitiendo las mismas frases desde la campaña. El único vocero sigue siendo el general Naranjo —lo que no es bueno ni para Naranjo ni para Peña. Los encargados del asunto en el equipo de transición —Ramírez Marín, Roberto Campa, Alfredo Castillo— no aparecen.

Mal harían en pensar que estos buenos números serán para siempre.

Twitter: @puigcarlos