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Peña, ¿en verdad enemigo de la corrupción?

José Luis Reyna

El presidente electo de México ha decidido hacerle frente a uno de los grandes flagelos nacionales: la corrupción. Una tarea compleja porque su partido es el emblema mismo del lastre que piensa combatir. ¿Habrá luchas internas? Lo anterior no implica que ese cáncer recorra y corroa solo al PRI; el sistema todo está invadido por ese mal. No es atributo exclusivo del priismo, pero sí es una práctica que ese instituto político perfeccionó durante los 71 años que se mantuvo en el poder: es más, creó una cultura al respecto.

La creación de la Comisión Nacional Anticorrupción (CNA) es la propuesta de Peña para iniciar su gran cruzada. Estaría integrada por cinco comisionados que durarían 7 años sin posibilidad de reelección y devengarían un sueldo equivalente a un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación: alejarlos de cualquier tentación. La CNA sería autónoma, con personalidad jurídica y patrimonio propios. Quiere decir lo anterior que no dependería de nadie y podría enjuiciar y, en su caso, sancionar a toda persona u organismo que incurriera en alguna práctica ilícita, en particular las vinculadas con la corrupción.

La exposición de motivos de esta propuesta considera que la corrupción implica costos muy elevados para el país y es un freno al desarrollo nacional. Es difícil medir con precisión el costo de este problema, aunque algunas cifras han sido estimadas. El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) calculó en alrededor de 1.5 billones de pesos el costo de la corrupción en México. Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente de este organismo empresarial, señaló que esa cifra equivaldría a 10 por ciento del PIB y la mayoría de las
irregularidades encontradas o denunciadas quedan en el ámbito de la impunidad: 98 por ciento de aquellos que practican este ilícito no es sancionado (El Universal, 17/IV/12).

Combatir la corrupción implica que hay que reinventar el estado de derecho mexicano por su pésimo desempeño. De acuerdo con datos del Foro Económico Mundial, el presidente del CEESP señaló que México ocupa el lugar 134 de 142 países en este rubro. La CNA y sus comisionados tendrán que empezar por rediseñar el sistema de justicia para poder adecuar el objetivo que se persigue y actuar en consecuencia.

La CNA remplazaría a la actual Secretaría de la Función Pública (SFP), creada durante el sexenio de Fox (2003), aunque sus antecedentes institucionales datan desde 1983 cuando se instituyó la Secretaría de la Contraloría General de la Federación. Eran los tiempos presidenciales de Miguel de la Madrid (1982-1988) que, como Peña Nieto, lanzó su cruzada por la renovación moral de la sociedad sin obtener resultado alguno: todo quedó en la retórica.

Las iniciativas y propuestas para combatir el cáncer de la corrupción los ha habido recurrentemente durante todos los sexenios. Sin embargo, pocos han sido los resultados que se han logrado a través de las diversas dependencias del Estado y, en contraste, el mal se ha agudizado. Recuérdese al primer secretario de la SFP, el panista Francisco Barrio Terrazas, quien prometió una gran pesca de “peces gordos” sin poder encontrar a ninguno en las oscuras aguas del sistema político mexicano y aguas aledañas. Sus sucesores tampoco tuvieron éxito a punto que, en 2009, estuvo por cerrarse ante las críticas de las que fue objeto y como una medida de austeridad en la crítica coyuntura económica que sufrió el país durante ese año.

El penúltimo secretario de esa dependencia gubernamental (2007-2011), Salvador Vega Casillas (hoy en día senador del PAN) sorprendió a sus colegas legisladores e incluso a sus ex colaboradores al “exigir que la CNA cuente con facultades para investigar, perseguir y sancionar ilícitos.” (F. Bartolomé, Reforma. 19 /IX/12). Sorprende porque lo que propone es lo contrario de lo que hizo cuando estuvo al frente de esa secretaría: “ni investigó, ni persiguió y menos sancionó.”

Peña Nieto y su partido tienen que “presentarse en sociedad” el 1 de diciembre con un nuevo rostro. Un proyecto bien estructurado para disminuir los niveles de corrupción permitiría realizar una urgente cirugía mayor que podría transformar al país en su conjunto. Sin embargo, como se apuntaba, la tarea es difícil pues dentro del propio partido se encuentra incrustado todavía un grupo que se ha distinguido por sus trapacerías y corruptelas. Dentro del propio círculo del presidente electo se encuentra un oscuro personaje que podría ser, al menos, sospechoso de presuntos actos irregulares: Arturo Montiel, tantas veces señalado en la columna del extinto escritor Germán Dehesa. Se tendría que depurar al partido para iniciar acciones efectivas.

Si bien en el equipo de transición de Peña hay caras nuevas que no tienen aparentemente trayectoria irregular alguna, hay otros que dejan mucho que desear. Denise Dresser describió con precisión el momento en que el presidente electo anunciaba su propuesta de transparencia, teniendo como escenario de fondo la presencia de dos personajes que “son íconos de la impunidad y la premodernidad”: Emilio Gamboa y El Niño Verde (Reforma, 17/IX/12). Hay una contradicción entre la propuesta y los acompañantes y en esa contradicción puede encontrarse la tumba de lo que se quiere hacer. La limpieza tiene que empezar adentro del partido y proseguirla, después, fuera de éste.

No es necesario justificar un plan en contra de la corrupción. Por lo profundo del problema cualquier acción se justifica. Transparencia Internacional (www.transparency.org) dio a conocer el índice de percepción de la corrupción de 2011. México obtiene una calificación de 3.0 en una escala de 1 a 10. Ocupa el lugar número 100, de 192 países. La calificación más alta la obtuvo Nueva Zelanda (9.5) y la más baja Somalia (1.0).

En la medida que no se resuelva este gran problema, México seguirá sumido en la mediocridad, como apuntó hace unos días el secretario de la OCDE, Ángel Gurría, pues es un obstáculo mayúsculo para todo proyecto de desarrollo. Ojalá Peña tenga la visión para que la propuesta de la CNA cuaje. Sería un inicio de lo que podría ser una nueva etapa para nuestro país. Su partido, sin embargo, luce como el mayor obstáculo.