No sé si vamos a regresar
PelotazosRoberto Velázquez Bolio
Las tribunas estaban retacadas de familias, niños, bebés en brazos. El ambiente espectacular, con la banda de música, las porras y un partido entretenido, jugado con todo el corazón y con lealtad. ¿Qué más se puede pedir?
¡Pum! Y una nube de humo se vio afuera del estadio. A través de los túneles se veía gente corriendo. ¡Pum! ¡Pum! “¿Qué fue eso?”, me preguntó mi esposa. “Petardos”, respondí mientras intentaba ver con los binoculares la corretiza. “¿Nos salimos?”, preguntó abrazando a mi hijo de dos años y medio. “Estamos más seguros aquí”…
Era la primera vez que llevaba a mi familia a un partido de americano. Nos sentamos en la tribuna de abajo del estadio de CU. No se veía un carajo. Estábamos donde no se veía la pantalla y tampoco servía la pizarra en la puerta de maratón. Imposible saber en qué yarda estaba el balón. Tampoco sabíamos cuánto tiempo llevaba el partido, pero nos divertimos, con los pases, las anotaciones, las intercepciones, las goyas, los huelums.
Al final del partido sonó el teléfono “¿Están bien?”… era mi papá que había escuchado que hubo detenidos, desmanes… Él que dejó de ir al americano porque vio como acuchillaban a alguien.
Entonces me dio rabia, que no abrieran parte de la tribuna “por seguridad”, que haya tenido suerte de que no me tocara nada. Disfruté el juego, pero no sé si vamos a regresar.
twitter@rvbolio









