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Santiago Carrillo: lección de vida y muerte

Día con díaHéctor Aguilar Camín

Ha muerto Santiago Carrillo, el más oscuro, encantador, dogmático, inventivo, estalinista, reformista, intolerante y oportunista político de la democracia española y, quizá, del comunismo europeo.

El historiador Santos Juliá ha escrito un retrato fulgurante de este hombre que “fue revolucionario desde su infancia, bolchevique en su juventud, estalinista en su madurez y gran muñidor de pactos en el umbral de su tercera edad”. (El País, 18 septiembre 2012)

Antes de la guerra civil española Carrillo fue artífice de la bolchevización de las Juventudes Socialistas del PSOE. Durante la guerra civil, como miembro del Consejo de Orden Público de la Defensa de Madrid, fue presumible corresponsable de “los fusilados en Paracuellos”, dice Juliá, “la mayor atrocidad cometida en territorio de la República”, de la que Carrillo “nunca ofreció un relato convincente”.

Peleó a muerte con su padre porque éste cambió de bando en la guerra, salió al exilio con la derrota, se hizo estalinista y el Stalin del Partido Comunista Español durante 40 años, incluyendo la purga, de sus rivales intrapartidarios (Jesús Monzón y Gabriel León Trillas, este último asesinado).

Fiel soldado estalinista de la guerra fría, peleó y ganó desde París la dirección del comunismo español y fue el artesano de la estrategia “dentrista”, dictada por Stalin, para aprovechar los resquicios que dejaba la dictadura franquista en los sindicatos que ella misma protegía.

Murió Stalin, la socialdemocracia ganó el pleito histórico de Europa al estalinismo, cambió España, murió Franco, y Carrillo propuso a su partido una política de reconciliación nacional que lo trajo de regreso a su país, luego de 38 años de exilio, para pactar, desde el comunismo, una transición con la herencia civil del franquismo encarnada en Adolfo Suárez.

En las elecciones de 1982, un joven político emergente del PSOE, Felipe González, selló el triunfo del socialismo socialdemócrata español sobre sus linajes comunistas, estalinistas, leninistas y ácratas.

Carrillo había inventado la noción de una ruptura pactada hacia la democracia con el franquismo, pero “su hora había pasado”, dice Santos Juliá.

La transición española, termina el historiador, “no habría sido lo que fue sin aquellas invenciones de Carrillo que se llamaron reconciliación nacional y ruptura pactada. Los tortuosos y laberínticos caminos por los que tantos españoles acabamos incorporando valores democráticos a una cultura política macerada en décadas de dictadura deben no se sabe cuánto a este político profesional”.