"La academia 10"
El pozo de los deseos reprimidosÁlvaro Cueva
No, no estoy dispuesto a criticar La academia 10 bajo el argumento de que siempre es lo mismo, de que lo que predomina es el chisme, de que aquello es para gente estúpida o de que sus jueces no sirven para nada.
¿Por qué? Porque ésos no son argumentos, son manifestaciones de rencor.
En todas partes del mundo hay realities musicales que llevan años en el mercado, que a fuerza de durar tanto tiempo han cambiado ene veces de reparto, que viven del chisme y cuyos jurados para lo único que sirven es para dar show.
¿Por qué los de allá están bien y los de acá, mal? Además de que se me hace muy grosero eso de considerar como estúpidos a los millones de televidentes que ven esta clase de propuestas.
Ahora resulta que los espectadores de la televisión abierta mexicana son puros políglotas exquisitos con doctorado en Bellas Artes que de lo único que disfrutan es del cine de autor.
¡No pues con razón nuestros canales culturales tienen tanta audiencia! Aquí hay pura elegancia o, lo más triste, puro odio, puro clasismo, puro racismo, pura doble moral.
La academia no es ni la cúspide de la industria discográfica ni un espectáculo de cuarta, es un muy costoso programa de talentos de donde han salido interesantísimas figuras del espectáculo nacional e internacional.
Algunas más famosas que otras, pero de que La academia es un orgullo para Azteca y, en general, para toda la televisión nacional, por supuesto que lo es.
Le guste a quien le guste o le moleste a quien le moleste, La academia es una de las pocas instituciones audiovisuales que nos quedan en México y, en esta ocasión, creo que sus responsables corrigieron algunas cuestiones fundamentales.
¿Como cuáles? Como esa anticuada idea de tener a los alumnos encerrados en una casa atascada de cámaras para que usted y yo los espiáramos como los peores de los morbosos.
No más jueces jugando cuestiones perversas, no más alumnos incapaces de escuchar una crítica, no más personajes grotescos impuestos a medio concierto nomás para jalar rating a la mala.
La academia 10 viene transparente, ahí está su mayor virtud, ahí está su mayor defecto.
¿Por qué su mayor virtud? Porque, por primera vez en años, lo que usted y yo vimos el domingo pasado no fue un acto de desesperación plagado de estridencias y de escándalos, fue un tranquilo festival de gente y de canciones.
¿Por qué su mayor defecto? Porque, cuando se trabaja de esta manera, se notan más las imperfecciones.
La academia 10 no dio nota, no tuvo nada como para que usted y yo nos la pasáramos platicando de aquí al sábado. Empezó “bien”, pero solo “bien” a secas.
Fueron tantísimos alumnos que, aunque hayan eliminado a seis o a 14, dio lo mismo. A diferencia de la tan cacareada generación número uno, aquí ninguno de los talentos, ni el más grande, tuvo la oportunidad de que el público enloqueciera.
¿Qué necesidad había de trepar a tanta gente en ese tren? Por lo mismo, en la última parte del concierto nadie entendió nada, nadie se pudo involucrar con las mecánicas de expulsión y los pobres conductores terminaron como pudieron en una lamentable lucha contra el reloj.
Fernando del Solar e Ingrid Coronado, los presentadores de La academia 10, son gente muy querida y posicionada en las pantallas de Azteca.
Pero, o los dejaron solos, o los dirigieron mal porque Ingrid jamás dejó que Fernando hablara y, para acabarla de amolar, sus textos estuvieron escritos con las patas.
Puras frases pretenciosas que ellos jamás dirían y llenas de errores tan vergonzosos como cuando se anunció el currículum de Marta Sánchez.
El caso de Marta, como el del resto de los jurados que están participando en esta edición, es pavoroso porque se nota que nadie les dio roles y que nadie les explicó lo que iban a hacer.
¿Resultado? Ninguno dijo lo que en realidad pensaba, ninguno votó de una manera que coincidiera con sus palabras, ninguno aportó y ninguno se ganó nuestro amor o nuestro odio.
Por cierto, ¿quién escogió las canciones del primer concierto de La academia 10? Fueron puros lugares comunes como de karaoke de la esquina y ni hablar de la espantosa idea de quererle componer un nuevo himno a este reality.
Lo más bonito de este concepto era lo de “cuesta subir la cuesta”. ¿Para qué cambiarlo? ¿Para qué cambiarlo si, por lo que nos dijeron, de lo que más se trataba era de regresar a los orígenes de esta producción?
Aunque, claro, eso también lo podemos discutir porque en los orígenes de La academia no había “niños”, parejas de madre e hija ni interrupciones para profundizar en la triste historia del señor que canta en los camiones.
No, no estoy dispuesto a criticar La academia 10 bajo argumentos de odio pero tampoco estoy dispuesto a defender lo indefendible. Esto se tiene que corregir, esto tiene que volver a ser grande. ¿A poco no?
La academia 10 - no dio nota








