Cultura: entre el espectáculo, las élites y la democratización
Cartel de espejosMaría Isabel Saldaña
No se puede negar la influencia de los medios de comunicación y de las redes sociales en la conformación de una nueva cultura mundial. La noticia al instante, el Realty show, la información secreta de políticos, de personajes del espectáculo, y de figuras importantes que se transmiten a través del Internet y lo desprotegidos que estamos los ciudadanos que no somos tan importantes y sin embargo contamos para algunos. Por otro lado la llegada de las laptop, Iphones y tablets han revolucionado la manera de acceder a la información y sobre todo a la lectura.
Grandes avances se han hecho en el mundo de la tecnología, tampoco podemos negar la apertura que se ha dado en cuestión de tolerancia: en credos, raza, y diversidad sexual. Sí el capitalismo, el marxismo u otros sistemas no han ofrecido al hombre un mundo de libertad, igualdad y justicia propuesto en los ideales de la Revolución francesa, sí, hemos tenido avances, no los que deseáramos, sobre todo en los países del tercer mundo, incluido México.
Mario Vargas Llosa, premio Nobel, autor de La civilización del espectáculo (Alfaguara, 21012) ha provocado filias y fobias en este nuevo ensayo. El Instituto Cervantes organizó un diálogo entre el Nobel y Gilles Lipovestsky (youtube, Letras Libres, Julio. 2012). Éste último es autor de La era del vacío y El imperio de lo efímero. La conversación de altura, dos posiciones intelectuales diferentes con algunas coincidencias.
Vargas Llosa expone que la banalización de la cultura, la prensa amarillista, la frivolidad política, las mafias culturales y los “clubes de los elogios mutuos” son los males que aquejan a la sociedad contemporánea y han logrado que el gran público no distinga entre lo bueno y lo malo en lo referente al arte. El espectáculo se ha convertido en el fin y no en el medio. Una mala novela se puede convertir en un éxito gracias a la mercadotecnia y publicidad de las editoriales, al igual que una pintura gracias a los mercaderes del arte que se han dado cuenta que la cultura vende. La postura de Gilles Lipovestsky nos dice que en el siglo XXI la cultura ha tenido un efecto democratizador, ya que llega a todo el mundo gracias a la televisión y al mundo del espectáculo en ese sentido la cultura se democratiza y ya no esta monopolizada por una élite: ni intelectual, ni de clérigos como en el pasado, sino por el conjunto de la sociedad, una sociedad hedonista que busca el placer en el entretenimiento. Gracias a este efecto democratizador se han caído los megadiscursos de políticos, hoy el publico tiene acceso a las múltiples manifestaciones culturales incluida Lady Gaga. El cine y la televisión se han convertido en los referentes de las masas y las normas y reglas culturales de antaño han desaparecido. ¿Cultura Light?
La clausura de los juego olímpicos en Londres fue un espectáculo que todo el mundo disfrutó; el deporte era el motivo de la reunión, sin embargo la mercadotecnia aprovechó el momento para que las industrias del turismo, de los medios de comunicación, de las empresas de artículos deportivos y de alimentos pudieran hacer negocio. La cultura vende.
¿Una cultura democrática? Tenemos que ser concientes que no hay vuelta atrás: los libros se leerán en las tablets, el cine se disfrutará en la televisión o en las computadoras, tablets, o Iphones con las nuevas ofertas como el netflix; el arte será una cuestión de gusto donde los galeristas llevaran sus preferencias al mercado, el Internet será el medio para acceder a la biblioteca mundial. ¿Qué hacer entonces? ¿Qué es bueno y qué es malo?.
Una repuesta entre muchas sería que los maestros aprovecharan la tecnología para educar a los niños y jóvenes en la alta cultura y en la cultura del entretenimiento. La imaginación y compromiso de los educadores será clave para que los educandos accedan a los más de 4,000 mil años de historia, arte, literatura, danza, teatro, artes visuales de nuestra cultura oriental y occidental que sólo será posible con la lectura; al usar tecnología se puede crear en el estudiante el deseo de conocer mas e irse al libro aunque sea en Internet. La diatriba entre las dos posturas en el fondo es: razón vs sentimiento, palabra vs imagen, silencio vs movimiento, el ser vs superficialidad, esfuerzo vs placer y puede haber coincidencias entre las dos. A todos nos gusta el espectáculo, pero no podemos dejar de lado la reflexión en un mundo de libertad caótica y es aquí donde el papel del educador, la responsabilidad de los medios de comunicación, y la ética de los galeristas y de las editoriales juegan un papel clave en esta nueva cultura del espectáculo.








