Estados Unidos, la moral y el 'lavado' de dinero
Cubículo EstratégicoCarlos Mota
Qué fácil es para Estados Unidos erigirse como la renovada autoridad moral global y señalar con sus flamígeros dedos que en varios rincones del mundo se están violando sus leyes antilavado, antiterrorismo, y desprestigiar con ello a corporaciones a diestra y siniestra.
Llama la atención que no hay contrapesos. Nadie, ningún líder de peso en el mundo, ha levantado la mano para contener las lecciones pontificantes norteamericanas. La excepción es el alcalde de Londres, Boris Johnson, quien se fajó para atajar esa desfachatez en el caso de Standard Chartered.
Pero nadie los detiene. La semana pasada bastó con que dos legisladores apuntaran a Walmart para decir que había sospechas de evasión fiscal y lavado de dinero, para que el mercado bursátil comprara la historia y se desplomara el precio de sus títulos. Un par de días después un caso más: Oracle enfrentó cargos de la Securities and Exchange Commission por transacciones con fondos secretos en India en un caso de corrupción que involucraba facturas fantasmales… que se realizaron ¡en el año 2006!
No estoy contra que persigamos a los malos, a los corruptos, a los que violan la ley. Pero que Estados Unidos habría de elevarse al Olimpo de la impartición de justicia corporativa global, a mí nadie me avisó. Tampoco sabíamos que delitos de cinco o siete años atrás habrían de aparecer tanto tiempo después.
Si todo el mundo va a hacer mutis sobre los continuos señalamientos e investigaciones estadunidenses acerca de la corrupción en otros países, habrán de aceptar entonces, por omisión, un mea culpa y, al mismo tiempo, habrán de legitimar el nuevo perfil estadunidense, ya no solo como potencia militar y financiera mundial, sino también como potencia moral. El Vaticano tiene un sustituto poderoso y que puede acabar con reputaciones e imponer multas.
Con el silencio de mucho países —incluido el nuestro—, paulatinamente el planeta entero se hace a la idea de que la renovación del capitalismo que vivimos tiene, de nueva cuenta, a Estados Unidos como la autoridad legitimada, gracias a la velocidad con la que está señalando nuestras violaciones de las normas morales que ellos pusieron en sus leyes. ¿Quién sigue?








