El PAN a consulta
OPINIÓNRaymundo García García
Después del pasado 1º de julio, se ha puesto en mesa de discusión un conjunto de temas obligados para que el Partido Acción Nacional (PAN), analice y explique los resultados electorales obtenidos. Tema nada nuevo que se ha vivido nacional, estatal y municipalmente cuando en la era reciente de ascenso al poder político por la vía electoral, el PAN ha tenido una derrota.
Allá en el año 2000, después de la derrota del PRI, igualmente múltiples voces y opiniones impulsaron el mismo debate y al igual que hoy día se habló hasta de la extinción de ese partido político nacional, como sucede ahora con el albiazul.
El PAN ganó y perdió el estado de Chihuahua que no ha vuelto a ganar y no ha pasado nada, el PAN sigue su camino, en otras entidades ha sucedido lo mismo y los comentarios críticos se han ahogado con el paso del tiempo, el cambio de dirigencias y la llegada de otras elecciones.
En Puebla, cómo olvidar que después de haber ganado el PAN en elecciones locales 22 municipios importantes entre ellos la capital, Tehuacán, Atlixco y Texmelucan, más 10 distritos uninominales de un total de 26, y cuatro diputados por el principio de representación proporcional en 1995; para las elecciones federales de 1997 ante un carro completo del PRI en los 15 distritos federales, las críticas en contra de la dirigencia estatal panista no se hicieron esperar y no pasó nada, llegaron las elecciones locales de 1998 con más derrotas y la presidencial del 2000 que con el triunfo en la presidencia de la República se olvidaron las viejas rencillas entre grupos panistas.
La derrota al PAN en las elecciones intermedias de 2003 provocaron reformas estatutarias y la apertura al priismo disidente para las elecciones de 2004, se probaron los beneficios del pragmatismo al incorporar candidatos formados en el PRI: los resultados en Oaxaca, Veracruz y Tlaxcala así lo demostraron. Se ganó la gubernatura en la última entidad federativa. El pragmatismo y aliancismo construyeron las elecciones federales panistas del año 2006, con el consabido pisoteo a las normas internas albiazules. Decisiones de las bases panistas fueron mandadas a la basura en aras de la construcción de candidaturas ganadoras y lo más importante: la retención de la Presidencia de la República, pero el daño interno fue enorme que obligó a reformar más del 50% de las normas estatutarias en 2008. El desvío del camino lo percibía la dirigencia nacional en las elecciones federales de 2006, que inclusive Manuel Espino escribió una profética obra: Volver a empezar.
Hoy se pide a los ciudadanos que opinemos sobre el PAN como un partido de los mexicanos, qué bueno que se hace esa apertura, porque esto de hacer realidad provocará que el PAN se ponga en el debate nacional, como debe ser por ser una institución de interés público, financiada con recursos preferentemente de origen público, lo que llevará en primer lugar a que los panistas hagan públicas sus filias y fobias, sus críticas y comentarios, sus visiones particulares de su concepción de lo que creen que hoy es Acción Nacional, sin el temor fundado en estatutos de ser sancionados.
Seguramente saldrán a relucir los daños que han provocado el excesivo ejercicio del pragmatismo político, que no se mira, pero que ha traducido en la descomposición de la vida estructural y en la descomposición de la vida normativa. El pragmatismo desapareció la competencia interna, canceló elecciones internas para nominar candidaturas, detuvo la renovación estatutaria de estructuras territoriales, como algunas de los hechos más sobresalientes; en fin, más que reformar estatutos, lo que el PAN reclama es la reivindicación de su vida institucional sustentada en la libertad de la persona humana y en el respeto irrestricto de sus normas internas; es decir, se debe finiquitar cualquier uso del pragmatismo.








