Digresiones sobre música y política
Las posibilidades del odioJuan Carlos Hidalgo
En estos días me topo de frente con mucha gente que insiste en relacionar asuntos que no necesariamente tienen que ver. El periodista tamaulipeco Carlos Manuel Juárez hacía gala de su ironía para señalar: ahí tienen, homenaje a Chavela, México por la medalla de oro, el Trife validando la elección y todos contentos. Este es el país que querían. Luego, amigos míos del Yo soy 132 insisten en difundir la idea de no asistir al festival Corona Capital para evitar que un porcentaje de las ganancias vayan a parar a las arcas de Televisa, que es socia de Ocesa (se dice que se lleva un 40%).
De entrada, me parece que no viene bien juntar casualidades. No es viable pensar que los tiempos electorales se establezcan a partir de la llegada de Londres 2012. Aunque es totalmente cierto que el status quo sabe perfectamente que el pueblo prefiere el circo al pan. Pero finalmente las circunstancias coinciden, pese a que muy pocos hubieran apostado por la selección olímpica para medallista. Antes del certámen se debatía entre fatalistas, escépticos y unos cuantos entusiastas (el escritor Yuri Herrera entre ellos).
La verdad es que siempre confío en lo que el azar me pone delante (muy al estilo de Paul Auster y Enrique Vila Matas). Preparaba un texto para analizar el legado y la figura de Chavela Vargas en su justa medida y encontré una entrevista que data de 2009 y en la que el periodista español Pablo Ordaz obtenía una declaración que en mucho me ayudó a reafirmar mi apuesta por la creación, la cultura y su búsqueda; La Dama del poncho rojo apuntaba entonces: “Los artistas estamos sosteniendo un mundo que se está cayendo. Damos esperanza. Por eso se arriman a mí, creyendo encontrar el amor. Y a veces sí lo encuentran y otras veces no, porque yo tampoco lo tengo”.
El arte en general y la música en lo específico contribuyen a dar sentido al absurdo cotidiano. Es cierto, la realidad da asco –y más la mexicana-, pero de no tener la posibilidad de encontrar un espacio para aislarse, terminaríamos cometiendo primero asesinatos en masa y luego pegándonos un tiro. De la histeria personal a la violenta y desmedida histeria colectiva.
Recordemos que la música es un vehículo de salvación, pero no puede cambiar al mundo. Su razón de ser pasa más por el interior del individuo que por su carácter de asunto político para las masas –por más que un concierto sea una gran concentración-. Primero se filtra al interior de la persona y luego cumple un rol de catalizador social.
Con el artista plástico Enrique Garnica revisábamos los tantos artistas que fueron devorados por su personaje y la ideología que encarnaban. La verdadera responsabilidad social –y por ende política- de un artista radica en su obra misma, en su discurso y calidad. Si un creador se preocupa por expresar sus ideas y convicciones en su trabajo nos está diciendo también la manera en que ve al mundo y trata de explicarlo.
Y me convenzo de ello al escuchar el nuevo disco de Ry Cooder. Election Special (2012) tiene canciones de muy alto contenido político. No se guarda nada, arremete contra el sistema norteamericano sin miramientos y casi sin distinción de bandos. Una canción como “Guantánamo” expone que tanto republicanos como demócratas se parecen. Obama no cumple su promesa de cerrar el centro carcelario y violador de los derechos humanos.
Cooder siempre ha defendido a las minorías étnicas y ha señalado la devastación que el progreso y el desarrollismo traen consigo. Insiste en que no hay aprecio por el patrimonio cultural; todo se devasta en pos de obtener más réditos. El ex miembro de Taj Mahjal coloca en sus temas todo su rollo y no necesita dar discursos ni proponer vetos. Una canción bien hecha siempre logra transmitir su mensaje. ¿Debería renunciar a tocar en recintos operados por los capitalistas? Eso en Estados Unidos sería casi imposible ya que han sabido tender una red casi monopólica. ¿No es más lindo ir a soltarles a la cara algunas verdades incómodas?
Habría que ver que opinan Dylan, Billy Brag, Zack de la Rocha, Tom Morello, Morrisey, Manu Chao y tantos otros. Música y política, difícil relación.








