Hacia la normalidad política
Juan Gabriel Valencia
No obstante algunos signos evidentes de parálisis, la agenda política nacional se vuelve a poner en movimiento.
La confusión dentro del PAN es obvia. Gustavo Madero, aferrado al cargo tratando de llevar la Asamblea Nacional al plazo más largo posible, indeciso e inseguro en cuanto al nombramiento de los coordinadores parlamentarios del PAN de la próxima legislatura, que es su atribución. Mientras tanto, la ex candidata sigue desaparecida y de vacaciones en Europa. En ese escenario interno es difícil que el panismo tome decisiones y sea interlocutor político eficaz y confiable, no obstante lo que resuelva hoy su Consejo Nacional.
Las izquierdas, sobre todo el PRD, siguen convertidas en rehenes de la monotemática de su líder, que plantea como piso mínimo del acuerdo político nacional un imposible, como es la invalidez de la elección presidencial y, por tanto, un interinato.
Pero en otros frentes, como se dice de manera coloquial, ya se ponen las pilas. El presidente Calderón promulgó la reforma política que entre otros puntos plantea la iniciativa ciudadana, las candidaturas independientes y el mecanismo de sustitución ante la falta absoluta del presidente de la República.
Al mismo tiempo, el gobierno federal anuncia una medida de hondas repercusiones para el futuro económico de México al negarle la prórroga de concesión a MVS de la banda de 2.5 gigahertz. Al reasignarse en el futuro esa concesión, se cambiará la fisonomía de todo el sector de telecomunicaciones en México.
En el PRI ya también se desentienden de López Obrador y se ponen a trabajar. Los gobernadores en funciones y electos acuerdan con Enrique Peña respaldar las reformas legales anticorrupción, por la transparencia y por la regulación de la publicidad gubernamental. Un apoyo no menor tras los antecedentes de algunos de sus gobernadores. Por igual, los priistas eligieron como su coordinador en el Senado a Emilio Gamboa y en la Cámara de Diputados a Manlio Fabio Beltrones, una dupla de políticos que permite anticipar que a partir del 1 de septiembre el trabajo legislativo, con resultados casi inmediatos, habrá de ponerse en marcha.
En encuentros con gobernadores y con legisladores, Enrique Peña Nieto ha fijado con claridad su agenda de inicio: además de las reformas en materia laboral, de seguridad social, hacienda pública y energía, vendrán las multicitadas iniciativas sobre la Comisión anticorrupción, la ampliación de facultades para el IFAI en cuanto a la gestión de estados y municipios, y la transparencia para la difusión de logros de los gobiernos. No está fácil.
Si bien las tres últimas son la herramienta de la legitimidad erosionada que tanto cacarean las izquierdas y hasta el propio Gustavo Madero, hay incentivos para que el PAN, a pesar de su confusión y falta de cohesión en sus grupos parlamentarios, así como algunos legisladores racionales de las izquierdas se sumen a las iniciativas que presenten los legisladores del PRI en ambas Cámaras. Pero hay prisa. Unas Cámaras recién instaladas no facilitan resultados prontos. La integración de las comisiones en ambas Cámaras tienen que estar resueltas el 30 de septiembre. Una negociación nada sencilla.
No basta poner los temas sobre la mesa, sino también establecer secuencia. Las prioridades son las tres iniciativas mencionadas y la hacendaria. Sería imperdonable que el priismo cometiera el mismo error en el que incurrieron Fox y Calderón, que fue el del intento necio de acorralar al Poder Legislativo, en general, y al PRI en particular, a través de la opinión pública y solo después darle curso al proceso legislativo. Es al revés. Debe entender el Ejecutivo federal que antes de hacer público el contenido de una iniciativa, se discute con los legisladores más representativos. Con un mínimo de consenso se presentan formalmente las iniciativas, se procesan en comisiones y solo después, con dictámenes avanzados, se debaten en los medios y con la opinión pública. Eso es reconocer la realidad de los poderes formales, con discreción y aunque le pese a los promotores de la democracia participativa, sin los reflectores de los medios.
La secuencia de temas y de procedimientos es fundamental cuando para efectos de la formalidad procesal del Poder Legislativo solo hay dos meses previos a la toma de posesión de Enrique Peña Nieto. Ojalá no se equivoquen o, como diría uno de nuestros clásicos, no se hagan bolas.








