Edición:

De medallas, ideas y una marimba en Oaxaca

Duda RazonableCarlos Puig

Como cada cuatro años, en la medida en que van terminando los Juegos Olímpicos nos damos cuenta que nuestras medallas serán las mismas (pocas) que han sido siempre, producto de más o menos los mismos deportes. Y como cada cuatro años, todos nos enfocamos en una medalla inédita, sorprendente —ayer levantamiento de pesas femenil, hoy el futbol masculino—, se empieza a especular por qué no se avanza y cómo es que otras naciones, más pequeñas, más pobres, ocupan mucho mejores lugares en el medallero, o se apropian —literalmente—de algunas disciplinas deportivas.

¿Qué se ha hecho bien en los clavados o el taekwondo? Las únicas disciplinas que en los últimos tiempos y de manera consistente siguen dando medallas. ¿Qué se dejó de hacer en caminata o en box? ¿Qué no se ha hecho en las demás?

Todos hemos escuchado la historia de Jamaica y sus corredores. Después de años en que sus velocistas ganaban medallas por otros países: Donovan Bailey por Canadá o Lindford Christie por Gran Bretaña, se dieron cuenta de que para que se quedaran en Jamaica no bastaba con ponerles una pista y un entrenador, sino que tenían que darles la oportunidad de futuro, de tener una mejor vida durante y después de las carreras. Asociaron el programa de atletismo a una universidad de Jamaica (UTECH), concentraron absolutamente los pocos recursos en velocistas y sus entrenadores, el resto es historia.

También hemos escuchado de los chinos, que impulsados hace 20 años por la ilusión de tener unos juegos, reforzaron sus programas, crearon escuelas especializadas donde niños talentosos son internados —literalmente— por años en un régimen de entrenamiento y educación que les permite dominar sus disciplinas y tener una formación que más tarde les permitirá vivir mejor.

Los estadunidenses utilizan el sistema educativo —desde secundaria hasta universidad— como sistema de detección de talento y primera formación. Después, los mejores atletas son internados en centros de alto rendimiento financiados por recursos privados a través de las federaciones de cada deporte y el Comité Olímpico. Solo el comité tiene presupuestos de cientos de millones de dólares al año.

Con el pretexto de los juegos en Barcelona, en España, se creó el programa ADO con la misma lógica: detección temprana y muchos recursos para atletas y entrenadores. Los resultados han sido impresionantes.

La verdad es que la receta no es un secreto. Es, más bien, sencilla. Los países que han cambiado su historia en los juegos o que mantienen el éxito hacen cosas parecidas: un sistema de detección de talento entre niños y jóvenes. Abundancia de recursos —dinero, infraestructura—, pero sobre todo bien distribuidos, enfocados. Y una ruta que les asegure a los atletas que todo este tiempo invertido en ser más rápidos, más fuertes, también construirá un futuro cuando dejen de competir.

Hace un par de semanas en Oaxaca me tocó conocer en la sierra dos de los programas estrella de la Secretaría de Cultura y las Artes del Estado: los dos tienen que ver con niños, jóvenes y con música.

Los dos están basados en la misma idea que la mayoría de los programas olímpicos exitosos —o cualquier tipo de formación exitosa—. Capacidad de detección y reclutamiento de talento, recursos para la formación y el entrenamientos, ofrecimiento de un mejor futuro gracias a ese esfuerzo.

El primero es el de la Banda Sinfónica Infantil Benito Juárez. El gobierno del estado, desde hace muchos años y por otros programas, tenía identificadas a bandas en la mayoría de los pueblos del estado, donde les ayuda con instrumentos y capacitación. Aprovechando esa red comenzó a detectar a niños y a jóvenes con talento. Después organizó los campamentos de verano en que casi cien de estos niños se concentran en Guelatao, provenientes de las más alejadas comunidades de la identidad, donde por semanas los someten a un riguroso y exhaustivo programa de entrenamiento y capacitación. Los maestros son músicos oaxaqueños que hoy tocan, por ejemplo, en la Orquesta Sinfónica Nacional. No es barato. No es sencillo para los niños. Pero hoy hay egresados de los campamentos que están en el Conservatorio o en la Escuela Superior de Música. Otros son músicos profesionales, con vidas que no imaginaban ni ellos ni sus padres hace 10 años en una pequeña comunidad oaxaqueña.

En un punto aún más alto de la sierra oaxaqueña, en Capulalpam de Méndez, hay un programa similar, de marimba infantil y juvenil. Bajo la dirección de Javier Nandayapa, se reúnen por varios días niñ@s y jóvenes ejecutantes de marimba de todo el estado para ensayar y aprender. El programa ha viajado por el mundo y ha recibido varios premios internacionales.

Ambos programas cuestan mucho dinero en relación con el presupuesto de un estado como Oaxaca. Ambos han dado resultados. El método no es un receta secreta: detección de talento, recursos concentrados en una actividad específica, mucho trabajo y la oferta de una mejor vida al final del camino. Si hubiera olimpiadas, se ganarían medallas.

(Los reportajes de ambos programas se pueden ver en http://tv.milenio.com/ en la sección de En15).

Twitter: @puigcarlos