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¿Cómo se va a “legitimar” Peña Nieto?

InterludioRomán Revueltas Retes

La suposición de que Calderón sintió la urgencia de “legitimarse” al comenzar su sexenio se toma ya como una verdad establecida. Ah, y ¿cómo se legitimó el hombre? Pues, no se le ocurrió otra cosa que lanzarse alocadamente a combatir eso que llamamos el “crimen organizado”.

Se hubiera puesto mejor a regalar despensas y ganarse así las voluntades de la gente que venera a Obrador. Pero no: hizo la guerra y alcanzó, de paso, el muy dudoso logro de que le colgaran una tal medalla de los “muertos de Calderón” como sí esos 50 mil mexicanos que han sido asesinados en su mayoría por los criminales los hubiera matado directamente él o, peor aún, como si su propósito fuera ése, exterminar personas. Vaya estrategia de “legitimación” tan impopular y tan poco rentable, señoras y señores. Y, miren ustedes, así piensan sus detractores. Pero, justamente, a nadie parece horrorizarle tanto este panorama de sangre como para razonar que si en un país existe un poder capaz de liquidar a tantos seres humanos, pues bien, esa fuerza debe ser anulada, neutralizada y combatida. Digo…

¿Saben, los que han colegido sagazmente esta relación de causa y efecto (no era “legítimo”, luego entonces no encontró mejor estrategia que “agitar el avispero”), si realmente se sintió tan “espurio” el señor (es decir, no legítimo) como para embarcarse en una misión tan complicada y dificultosa? Y, en todo caso, ¿se creen que el mero hecho de que el otro candidato no haya digerido su derrota determinó fatalmente las políticas públicas del ganador? O sea, que, a Calderón ¿no se le hubiera podido ocurrir antes el tema del combate al crimen organizado? ¿No era ya parte de un proyecto de gobierno que no tenía nada que ver con Obrador y que no necesariamente resulta de sus berrinches y sus chantajes?

Los muertos están ahí y significan una auténtica tragedia nacional. Pero, por favor, quien proponga siquiera que Calderón está obligado a comparecer ante la Corte Internacional de Justicia de la ONU o que debe ser denunciado en la Corte Penal Internacional de La Haya donde se juzgan, específicamente, los crímenes de genocidio, de guerra y de lesa humanidad, quien proponga esto, repito, está actuando vilmente, con esas cizaña y mala fe que el otro señor, el antedicho mal perdedor, ha sembrado a lo largo y ancho del territorio nacional.

El propósito del genocida es, precisamente ése, matar. ¿En qué momento ha deseado Calderón exterminar deliberadamente a más de 50 mil personas? Y, hay algo más: muchos ciudadanos están genuinamente angustiados por los sucesos de violencia pero, a la vez, muchos apoyan también la estrategia conducida por un presidente que, encima, goza de unos índices de aceptación bastante pasables.

Por cierto, Peña Nieto ¿cómo se va a “legitimar?