La prensa: grandeza y miseria, 2
Día con díaHéctor Aguilar Camín
La queja por los libertinajes de la prensa es consustancial a su historia, forma parte de su naturaleza. Hace siglo y medio Alexis de Tocqueville resumió las paradojas de la prensa en términos que podrían aplicarse casi literalmente a la situación de la prensa en el México democrático:
En materia de prensa no hay término medio entre la servidumbre y la licencia. Para cosechar los bienes inestimables que asegura la libertad de prensa, hay que saber someterse a los inevitables males que origina [...] La prensa es esa potencia extraordinaria, tan extrañamente compuesta de bienes y males que sin ella la libertad no podría vivir, y con ella apenas puede mantenerse el orden [...] La libertad de prensa, como todas las demás, es tanto más temible cuanto más nueva; un pueblo ante quien jamás se han tratado los asuntos de Estado, cree al primer tribuno que se presente.
Los medios de información han sido protagonistas de la transición política de México. Quizá es tiempo de que empiecen a volverse sus cuidadores: no solo los espejos críticos del cambio, también los ingenieros de la gobernabilidad democrática de México.
Los medios tienden a premiar con su atención el desacuerdo y el conflicto. Ya se sabe: las buenas noticias no son noticias. Pero de lo que el país está urgido no es de desacuerdos y conflictos, sino de acuerdos y caminos practicables.
Se dirá que los medios no están para transformar la realidad, sino para reflejarla; su tarea no es dirigir al país, sino mantenerlo informado, no resolver los problemas, sino traerlos desnudos a la atención pública. Se dirá también que los medios no son culpables de lo que reflejan del mismo modo que el termómetro no es responsable de la fiebre.
Todo eso es cierto, sin duda. Pero en la nueva era democrática que vive México quizá sea necesario que los medios jueguen de otro modo, en defensa de su propia libertad, para consolidarla. Quizá deban levantar la mira, asumirse como los árbitros de la competencia, no solo como los cronistas que narran a gritos los golpes del juego.
Una tarea básica de la gobernabilidad democrática es alcanzar un núcleo de acuerdos que nadie desafía y nadie puede cambiar. Los medios no pueden crear solos ese núcleo duro que hace confiables a los países. Pero será imposible llegar a esos acuerdos sin una participación activa de ellos. Los medios han sido hasta ahora protagonistas del cambio, la crítica, la pluralidad. Pueden y deben volverse protagonistas del acuerdo, la convergencia, la certidumbre.








