Temporada de política
Autonomía relativaJuan Ignacio Zavala
Se acercan días en que los partidos políticos tendrán que tomar definiciones. No será sencillo para ninguno de los tres, PAN, PRI, PRD. Aunque la lógica nos lleva a que el PRD se opondrá a todo, que no votará nada porque eso, piensan, les da resultados. Pero la política no es resultados electorales. Ésas son las campañas. El político se debe de medir no en la cantidad de votos, sino en la trascendencia de su quehacer: leyes, reformas, decisiones, pago de costos políticos… el político moderno ya no puede quedarse en el corto plazo, en el aplauso fácil del momento, tiene que ver que el abucheo y el rechazo momentáneo puede ser el reconocimiento en el mediano y largo plazo.
Con puntualidad política, Héctor Aguilar Camín escribió el lunes pasado un texto en MILENIO llamado “Satanizando la negociación”. Es un ilustrador artículo para poder medir a los políticos en los tiempos que se avecinan. Dice Aguilar Camín: “Nuestros políticos negocian, pero se avergüenzan en vez de enorgullecerse de ello. Creen que negociar los vuelve sospechosos, cuando en realidad los vuelve confiables.”
La negociación, que es parte de la esencia de la política, ha sido estigmatizada por años en nuestro país. Se toma por traición, por claudicación, por falta de principios, ausencia de escrúpulos. No son pocos los políticos que temen a esos calificativos y quizá los temen, precisamente, por falta de principios, por no entender que en la política se negocia o el país se estanca, aunque se obtengan votos como fue la mezquina estrategia del PRI estos doce años: inmovilizar al país por ganar elecciones.
En Anatomía de un instante (ed. Mondadori), Javier Cercas menciona que en 1989 “Hans Magnus Enzensberger, celebró en un ensayo el nacimiento de una nueva clase de héroes: los héroes de la retirada. Según Enzensberger, frente al héore clásico, que es el héroe del triunfo y la conquista, las dictaduras del siglo XX han alumbrado el héroe moderno, que es el héroe de la renuncia, el derribo y el desmontaje: el primero es un idealista de principios nítidos e inamovibles; el segundo, un dudoso profesional del apaño y la negociación; el primero alcanza su plenitud imponiendo sus posiciones; el segundo abandonándolas, socavándose a sí mismo. Por eso el héroe de la retirada no es solo un héroe político: también es un héroe moral. Tres ejemplos de esta figura novísima aducía Enzensberger: uno era Mijaíl Gorbachov, que por aquellas fechas trataba de desmontar la Unión Soviética; otro, Wojciech Jaruzelski, que en 1981 había impedido la invasión soviética de Polonia; otro, Adolfo Suárez, que había desmontado el franquismo.”
Son varias las lecciones en este sentido. No vale la pena echar la historia por la borda con tal de conseguir unas notas de corto plazo. Es mucho mejor apostar al beneficio del país y a la trascendencia del trabajo colectivo que ser una luz de bengala que avienta lucecitas en una noche navideña. Se acerca una temporada en que la política puede brillar, no son solo meses, sino algunos años. Los políticos tienen la palabra.
Twitter: @juanizavala








