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Queen…

HeterodoxiaJosé Antonio Álvarez Lima

Tiene más el rico cuando empobrece, que el pobre cuando enriquece, decían las abuelitas.

Y esto resulta cierto ante el oneroso despliegue organizativo olímpico de Reino Unido, en medio de una severa crisis económica.

Es así que Londres, la capital del viejo Imperio Británico, ha maravillado a sus visitantes con la inagotable oferta gastronómica, teatral, cinematográfica, musical y museográfica que ha preparado para ellos. Y si bien han padecido una ciudad cara —carísima estos días—, les falta tiempo para disfrutar sus atractivas amenidades y el humor británico que brota por todos lados.

Por eso, nada tienen que hacer frente a la centenaria Londres las ciudades pretenciosas, nuevas ricas, que han surgido en el mundo —Dubai, Singapur, Hong Kong, Toronto o Miami—, que más bien parecen quinceañeras sobremaquilladas frente a la madura, atractiva y sabia ciudad del Támesis. Mientras en aquéllas brilla el plástico, en ésta lo hace el espíritu de Shakespeare.

No está por demás recordar en esta columna política las enormes aportaciones de los londinenses y los ingleses a la búsqueda y consolidación de la democracia y la libertad en el mundo.

Desde el acta democrática que los nobles ingleses le impusieron al Rey en el lejano año 1200, estableciendo los límites de la legitimidad de su autoridad en el estricto cumplimiento de la ley, hasta el ejemplar y estable sistema de Monarquía Constitucional que hoy disfruta el país, pasando por la fundación de la Commonwealth, que posibilitó la vida democrática a sus ex colonias (India, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Kenia) en contraste con el tiradero despótico que dejaron los otros imperios (Francia, Holanda, España, Bélgica y Portugal) en sus desafortunadas colonias.

Para la izquierda en particular, fue el espíritu libertario inglés quién facilitó el recinto para el desarrollo del pensamiento socialista y marxista. Fue también, con los recursos de los sindicatos textiles y carboneros británicos que se formó el primer partido político moderno: el Partido Laborista, matriz de los partidos obreros del mundo.

La masonería, agrupación de ayuda mutua y centro de discusión y de organización política fue otra creación del liberalismo inglés, que influyó de manera notable en el pensamiento de los libertadores de América y fue el refugio intelectual de quienes, en el siglo XIX, lograron consolidar nuestras naciones venciendo al autoritarismo colonial y al yugo eclesiástico.

Ya en el siglo XX, Inglaterra fue el único dique eficaz para derrotar al nazismo y advertir, a tiempo, sobre los riesgos del estalinismo.

Después de Norteamérica, fue Inglaterra quien dio energía creativa a las modas éticas y estéticas de la rebelión juvenil de los sesentas; no se entiende el mundo contemporáneo sin los Beatles, los Rolling Stones y Carnaby Street.

Por último, cómo no admirar y estremecernos ante Londonistán, cuna del nuevo mestizaje racial y cultural posmoderno que se vive en muchos barrios de Londres donde jamaiquinos, paquistaníes, sudafricanos, chinos, australianos, irlandeses, beliceños, nigerianos, egipcios, indúes y muchos más conviven y conspiran, disfrutan y sufren el multiculturalismo.

Si el gran Winston Churchill viviera se sorprendería al percatarse de que el Londres de la sangre, sudor y lágrimas de la Segunda Guerra Mundial vive ahora en medio de la vitalidad, el sudor y la fiesta.

God save the Queen!

(Y a nuestras medallistas también.)