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La anécdota como método

De la A a la ZEmilio Zebadúa

Con el mismo andamiaje institucional y las mismas reglas de la competencia ganaron la Presidencia de la República Fox, Calderón y ahora Peña Nieto; con ese marco legal Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el primer jefe de Gobierno del DF y tomaron su curul los diputados y senadores del PRD, PT y Movimiento Ciudadano de las últimas cinco legislaturas.

El marco institucional de las elecciones tiene como eje al Consejo General del IFE, al Tribunal Electoral y una serie de leyes, acuerdos y resoluciones que establecen condiciones de equidad en la contienda. No es un esquema perfecto en la medida que el acceso al dinero y a otros recursos, desde los orígenes de la democracia en los países capitalistas, no deja de ser determinante.

Pero ahora los seguidores intelectuales de López Obrador claman fraude, y pretenden probarlo... con anécdotas.

El proceso electoral mexicano es uno de los más regulados en el mundo.

Todas las hipótesis y accidentes de una elección traen aparejados una disposición que los norma, ordena o sanciona. Pero ni un Leviatán, ominpresente, puede evitar que los ciudadanos, empresas, partidos o candidatos transgredan la ley. Lo que sí puede es castigarlos. Y de hecho, todas las acciones ilegales presuntamente cometidas por los contrincantes de López Obrador están consideradas en el Código Penal y el Cofipe.

Aún en el supuesto de que dichas irregularidades hubiesen ocurrido, no significa que se hubiese cometido un fraude. Argumentar que su derrota es producto de ello es negar lo construido en las últimas dos décadas y querer hacer una comparación con lo sucedido en las elecciones de la post-Revolución, como lo pretenden Taibo, Poniatowska y compañía. Es históricamente insostenible.

Las reglas que rigen las elecciones en México no son perfectas, pero tampoco lo son las de cualquier otra democracia moderna. Nuestro sistema establece bases competitivas en las que tres partidos tienen posibilidades de ganar.

Contra esta realidad, los seguidores de López Obrador cuentan historias de abusos, excesos y dispendio, como que “en Pahuatlán funcionarios públicos reparten machetes; en Ahuazotepec se distribuyen despensas...”

Un hilo de anécdotas no son evidencia de fraude; ni siquiera califican en la mayoría de los casos como pruebas para una impugnación ante el Tribunal Electoral.

Y apesar de que muchas de éstas fuesen verdad y tuvieran el alcance que pretenden los cronistas de “Fraude 2012”, significa desconocer el funcionamiento de un sistema electoral probado y sofisticado (del que se ha beneficiado el propio PRD)